Guerra de Ogadén 1977-1978

Guerra del Ogadén: un conflicto de intereses en la periferia en la Guerra Fría.

Marcelo J. Rivera ©
01Etisommap: En este mapa actualizado puede observarse la importancia estratégica de la región denominada “Cuerno de África”, la cual controla los accesos al Golfo de Adén, nexo entre el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo, desde y hacia el Océano Índico. (Foto: Internet – Archivos Dintel GID)

En este mapa actualizado puede observarse la importancia estratégica de la región denominada “Cuerno de África”, la cual controla los accesos al Golfo de Adén, nexo entre el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo, desde y hacia el Océano Índico. (Foto: Internet – Archivos Dintel GID)

Con el fin de la Era de las Superpotencias y a varias décadas de concluida la Guerra Fría, los conflictos del Tercer Mundo perdieron interés y siempre se los analiza de manera superficial. Países como Somalia o Etiopía no tienen consideración alguna en el pensamiento de hoy, más allá de la miseria y el hambre que sus continuos enfrentamientos le han traído a lo largo de las décadas.
Sin embargo, la región del Cuerno de África siempre ha sido por demás importante desde que, a partir de los años 60’s, el Océano Índico comenzó a atraer el interés de USA y la URSS, quienes comenzaban a heredar posiciones relegadas por las viejas potencias colonizadoras europeas, principalmente Gran Bretaña.
Quien controle, aún hoy, el Océano Índico, dominará las dos rutas petroleras más importantes del mundo que salen desde el Golfo Pérsico, la primera, ante la imposibilidad de los grandes petroleros de cruzar el Canal de Suez, toma rumbo Sur hacia el cabo Buena Esperanza, para alcanzar el Atlántico y proveer a los grandes consumidores petroleros europeos. La segunda ruta cruza el Índico vía la India, con el objeto de proveer de petróleo a los grandes consumidores del Pacífico Norte, donde Japón es el primero de ellos.(1)
Fue tal la importancia que tomó la región que muchos analistas en los años 70’s consideraban que el Índico sería escenario de los principales enfrentamientos aeronavales de una hipotética Tercera Guerra Mundial, justamente por la importancia a la hora de controlar el flujo petrolero, principalmente.
En este orden de cosas, Etiopía había sido seleccionada por Washington como uno de los puntos necesarios para establecer una base de recolección de inteligencia (SIGINT) después de años de alianza con el imperio etíope de Haile Salaisse. Por su parte, a fines de los 60’s, la expansión del poder aeronaval soviético y su interés en el Índico llevó a la firma de acuerdos con Somalia para el aprovechamiento de instalaciones aéreas y navales en la zona, ganando, a su vez, el acceso al Mar Rojo. Las idas y venidas habían provocado ciertos vacíos de poder allí donde los movimientos revolucionarios, apoyados por la URSS, y nacionalistas, apoyados “románticamente” por USA, alejaban a las antiguas potencias colonizadoras, donde Gran Bretaña se retiraba de Yemen y del conglomerado de islas en el Índico. Para los años 70’s la situación era un enfrentamiento de hegemonías sin precedentes en muchas de las regiones del planeta entre las dos Superpotencias, algo que incluso influyó en su pensamiento militar estratégico. (2)

Somalia se prepara para la guerra

En 1963 Somalia había rechazado la ayuda militar conjunta de Estados Unidos e Italia por considerarla “muy limitada y pequeña”, y un año después se iniciarían las adquisiciones de armamentos a la URSS, aunque no necesariamente eso supondría un alineamiento político en sí mismo, aunque marcaría el precedente para que Moscú jugase sus cartas en la región.

Etisom02: Durante los años 60’s Somalía emprendió un ambicioso programa militar que permitió adquirir unos cuarenta cazas MiG-17 “Fresco C”, que para 1977 se transformaría en el principal cazabombardero del CAS. (Foto: ACIG.org)

Durante los años 60’s Somalía emprendió un ambicioso programa militar que permitió adquirir unos cuarenta cazas MiG-17 “Fresco C”, que para 1977 se transformaría en el principal cazabombardero del CAS. (Foto: Tom Cooper - African MiGs - Part 2 - ACIG.org)

En este caso, los soviéticos suministrarían unos cuarenta cazas MiG-17 “Fresco” y un puñado de entrenadores avanzados MiG-15UTI “Midget”, así como tres transportes ligeros An-2TP “Colt” y tres transportes medios An-24T “Cock”. También se realizó el despliegue de misiles antiaéreos SAM-2 en torno a Mogadiscio y se construyeron o reconstruyeron las bases de Mogadiscio, Hargeisa, Baidoa y Kismayu.
También se suministrarían unos 150 vehículos acorazados, entre tanques medios T-34/85, transportes de tropas de oruga BTR-50 y BTR-152 de ruedas, además de blindados de exploración BTR-40A, entre otros sistemas que incluyeron armamento antiaéreo, artillería y otro equipamiento de apoyo, como camiones.
En la localidad portuaria de Berbera, se estableció una base aeronaval que permitía que sus buques recalaran en la zona, además de permitir la vigilancia de aquella zona de importancia estratégica. La Armada somalí apenas estaba desarrollándose, con algunas embarcaciones menores, principalmente patrulleras y torpederas.
El descubrimiento de yacimientos de uranio en Somalia en 1968 pueden haber sugerido un cambio de rumbo en el gobierno por parte de Moscú y, el 15 de octubre de 1969, el general Mohamed Siad Barre lanzó un exitoso golpe de estado que le permitió acceder al poder en Somalia.
De inmediato se estableció un gobierno militarista dirigido por el Supremo Consejo Revolucionario, la Asamblea Nacional y el Gabinete fueron disueltos, se prohibieron los partidos políticos y se suspendería la constitución y el primer ministro fue arrestado.
Al poco tiempo, Siad Barre anunciaría que apoyaría a cualquier movimiento de liberación en los países bajo control colonial, así como en los “territorios ilegalmente ocupados”. Esto estaba directamente relacionado con la presencia de más de un millón de somalíes viviendo en Kenia, Etiopía y Yibuti. Tras ello, Siad Barre proclamaría a Somalia como una “Nación No Alineada”, lo cual significaría un total alejamiento de Occidente y un acercamiento hacia el comunismo.
La República Socialista y Democrática de Somalia (al-Jumhouriya as-Somaliya al-Domocradiya) lo sería solo de nombre y pronto se convertiría en una sangrienta dictadura que no toleraba ningún tipo de oposición, ya fuese política o paramilitar.
Consciente de que no podía mantener su poder si no disponía de unas fuerzas militares poderosas que le permitiera repeler cualquier levantamiento interno o amenaza externa, en 1974 firma el Tratado de Amistad y Cooperación con la Unión Soviética (URSS). Para entonces Moscú buscaba renovar e incrementar su presencia en la zona del Índico y el Mar Rojo, donde Estados Unidos disponía de una gran base de inteligencia en la vecina Etiopía.
El acuerdo de cooperación permitía a Siad Barre recibir una mayor asistencia por parte de Moscú, teniendo en cuenta las malas condiciones en las que se encontraba todo su equipamiento debido al bajo nivel técnico de su personal.
Tan pronto como pudiese, sus fuerzas militares, recuperadas gracias al apoyo soviético, serían empleadas contra varios clanes tribales somalíes que se habían rebelado contra el gobierno de Mogadiscio.
Cerca de 2.000 asesores soviéticos y 50 asesores cubanos arribaron a Somalia para adiestrar a las fuerzas locales en el empleo de tan extensa cantidad de armamentos sofisticados que estaban arribando. Unos 600 aviadores somalíes son enviados a la URSS para ser entrenados, mientras que los asesores cubanos, alemanes orientales, polacos y checos continuarían la instrucción en Mogadiscio.
En 1974 se produce el punto álgido del suministro de armamento soviético a Somalia, cuando se reciben los primeros cazas MiG-21MF “Fishbed J” y entrenadores MiG-21UM “Mongol C” y unos pocos helicópteros Mi-8 “Hip C”, algunas fuentes aseguran que podrían haberse entregado otros diez MiG-17F “Fresco C” y diez bombarderos Il-28 “Beagle”, de estos últimos no hay certeza de su empleo. (3)
El denominado Corpo Aeronautico della Somalia (CAS), que reflejaba claramente la influencia italiana en su nombre, también era conocido como Dayuradaha Xooga Dalka Somaliyeed, y demostró siempre tener grandes problemas a la hora de disponer de personal idóneo para su equipamiento, lo cual justifica los rumores de la presencia de mercenarios pakistaníes entre sus filas. (4)
Aún se alineaba algún material procedente de los excedentes de la Segunda Guerra Mundial, como un transporte Beech C-45 “Expeditor” y tres C-47 “Dakota”, junto con tres entrenadores básicos Piaggio P.148 suministrados por Italia a mediados de los 50’s.
El refuerzo en el equipamiento militar también se produciría en el Ejército, que comenzaba a expandir sus fuerzas. Los cuatro batallones acorazados y los nueve mecanizados eran agrandados para permitir la formación de cuatro Brigadas Mecanizadas, equipadas con tanques T-54, T-55 y T-62, además de transportes de personal BTR-152KP y BTR-60PB de ruedas. La artillería orgánica incluía obuses remolcados de 122 mm de diversos tipos, así como los recientemente creados batallones de lanzacohetes BM-21.
Estas cuatro brigadas eran consideradas la elite somalí, que también disponía de otras unidades regulares que disponían de equipamiento de segunda categoría y en menores cantidades. Pero no solo recibían apoyo soviético, las fuerzas militares somalíes también eran adiestradas o recibían soporte técnico de Egipto, Sudán, China, Irak y Siria.

Etisom04: Tanques T-34/85 somalíes en un desfile antes de la guerra, en gran medida constituyeron el grueso de las fuerzas acorazadas somalíes durante la fase de guerrillas, posteriormente fueron reforzados por material más moderno. (Foto: http://www.soviethammer.info/)

Tanques T-34/85 somalíes en un desfile antes de la guerra, en gran medida constituyeron el grueso de las fuerzas acorazadas somalíes durante la fase de guerrillas, posteriormente fueron reforzados por material más moderno. (Foto: http://www.soviethammer.info/)

Las reorganizadas fuerzas del Ejército ahora disponían de unos 100 tanques T-34/85 (mod.1969), 150 tanques medios T-54 y T-55, así como unos 70 de los más pesados T-62. Los transportes de personal habían aumentado su número a más de 300 vehículos, entre los BTR-50PK de oruga, los anfibios BTR-60P/PB de tracción 8×8 y los más veteranos BTR-152KP de tracción 6×6. Un importante número de blindados ligeros BTR-40P, BRDM-1 y BRDM-2 habían formado las unidades de exploración.
La artillería estaba conformada por cañones de campaña de 85 y 100 mm, así como obuses de 122 mm y algunas piezas pesadas de 152 mm, además de los morteros de 82 y 120 mm. La infantería había recibido fusiles AK-47, ametralladoras RPD, fusiles ametralladores PPsHK-41 de la Segunda Guerra Mundial, lanzagranadas RPG-2 y RPG-7, ametralladoras pesadas DShK de 12.7 mm y KPV de 14.5 mm, además de algunos misiles AT-3 “Sagger”. La artillería antiaérea se conformaba con cañones de 23 y 57 mm, ametralladoras KPV de 14.5 mm en montajes simples, dobles y cuádruples (ZPU-1, ZPU-2 y ZPU-4), así como algunos autopropulsados ZSU-23-4 “Shilka” y misiles antiaéreos portátiles SA-7 “Grail”.
En 1977 las fuerzas somalíes estaban ya en buenas condiciones, gracias al apoyo soviético, de sus aliados del Pacto de Varsovia y Cuba, apoyo de los instructores cubanos que trataban de incrementar el difícil adiestramiento de los pilotos somalíes, a los cuales no les resultaba para nada sencillo adaptarse a la tecnología introducida. Técnicos soviéticos, checoslovacos, polacos, alemanes y cubanos brindaban el soporte de mantenimiento y operación mientras los técnicos somalíes completaban su adiestramiento. Todo ello permitió que el CAS alineara alrededor de una veintena de cazabombarderos MiG-17F “Fresco C” y una treinta cazas MiG-21MF “Fishbed J”, además de unos quince helicópteros, entre Mi-4 “Hound A” y Mi-8T “Hip C”, cuatro transportes medios An-24T “Cock”, cuatro transportes tácticos medios An-26 “Curl A” y cinco versátiles transportes biplanos An-2TP “Colt”, como principales medios de combate.
Como complemento de los sistemas antiaéreos SA-2 “Guideline”, Somalia había recibido algunos de los más avanzados SA-3 “Goa” (S-125 “Neva”), con lo cual se incrementaba la defensa contra ataques aéreos.
Tremendo poderío alimento los viejos sueños de crear la “Gran Somalia”, objetivo que Siad Barre había anunciado con el apoyo a las fuerzas guerrilleras que se encontraran combatiendo en en la provincia etíope de Ogadén, así como los vecinos países de Yibuti y Kenia.
El primer paso sería, entonces, atacar el punto menos conflictivo en el plano diplomático internacional, que suponía apoyar al Frente de Liberación de Somalia Occidental (FLSO), uno de los tantos movimientos independentistas que atormentaban al vecino etíope en los diversos frentes, este apoyo incluyó material pesado e, incluso, tanques medios T-34/85 desprovistos de cualquier marca de identificación, pero con tripulaciones regulares del Ejército.
Etiopía denunció en repetidas oportunidades el apoyo de Mogadiscio a las guerrillas que operaban en el Ogadén, principalmente al FLSO, pero Siad Barre negaba cualquier apoyo encubierto.

La situación de Etiopía

Etiopía era el Estado independiente más antiguo de África, ya en la década de los 50’s, tras el envío de un aguerrido Batallón de Infantería como parte del contingente de la ONU en la Guerra de Corea, las relaciones con Occidente se habían incrementado sustancialmente, incluyendo la posibilidad de recibir armamento muy moderno.

EtiSom01: Un transporte DC-3 de la Fuerza Aérea Etíope antes de la guerra, estos aviones llegaron desde Occidente en tiempos de la alianza etíope con Washington y Gran Bretaña. (Foto: cortesía de MIH vía http://www.urrib2000.narod.ru)

Un transporte DC-3 de la Fuerza Aérea Etíope visitando Uganda antes de la guerra, estos aviones llegaron desde Occidente en tiempos de la alianza etíope con Washington y Gran Bretaña. (Foto: Malcolm McCrow)

Pero desde entonces, el Imperio de Etiopía libraba una dura batalla interna contra diversos movimientos independentistas en las regiones de Eritrea y Tigré, con una población de mayoría árabe que no podía integrarse de manera definitiva a las etnias animistas de las llanuras del Sur.
Estos enfrentamientos habían acelerado el estado de guerra interna y afectaban duramente la economía del país, sin embargo, el apoyo militar norteamericano había permitido reforzar a las fuerzas etíopes lo suficiente como para mantenerlas bajo un cierto control.
Si la presencia soviética mostraba el potencial estratégico de la región, Etiopía no quedaba exenta de su validez geográfica. Desde los años 60’s los acuerdos entre el emperador Haile Selassie y USA habían permitido que la CIA estableciera una estación de recogida de señales (SIGINT) en Kegnew, cerca de Asmara, hoy capital de Eritrea.
Dichas relaciones le habían permitido hacerse de gran cantidad de equipo militar muy moderno para sus fuerzas, además de obtener una ventajosa información sobre algunas actividades de sus enemigos en la región gracias al apoyo de los servicios de inteligencia norteamericanos. Sin embargo, el 12 de Septiembre de 1974, el emperador Haile Selassie es destituido, y luego asesinado, lo que inició una serie de sangrientos enfrentamientos internos que terminaron llevando al poder al teniente coronel Mangistu Haile Mariam.
Tras el golpe de estado que destituyó al emperador y la sanguinaria represión de los levantamientos internos que esto avivó, el gobierno norteamericano decidió retirar el apoyo a Addis Abeba y procede a embargar todo el armamento que estaba en proceso de ser transferido a ese país. Cuando Mengistu llega al poder, en 1977, decide cancelar todo los programas de suministro de armamento y asesoramiento norteamericano, además de ordenar cerrar las instalaciones SIGINT ubicadas en Kegnew. Paralelamente, declara a Etiopía como Estado Comunista, y de inmediato inicia las gestiones para obtener el apoyo de la URSS y Cuba.
Las fuerzas armadas de Etiopía habían sido muy bien consideradas por USA, asegurando que el guerrero etíope era uno de los mejores de la región, considerando a los oficiales con una inusual capacidad de mando y liderazgo no vista comúnmente en la región del Norte de África, y una gran disciplina y capacidad de combate del soldado regular etíope. Los norteamericanos habían entrenado, durante años, a 2.500 oficiales etíopes en las academias norteamericanas, donde sus resultados dejaron sorprendidos a sus colegas occidentales, mientras que los asesores norteamericanos enviados a Etiopía habían realizado el entrenamiento de más de 70.000 oficiales y suboficiales de ese país a lo largo de varias décadas. Disciplinados, eficientes en el mando, con gran capacidad de liderazgo y un entrenamiento intensivo, las fuerzas etíopes rompían con el prototipo de “bandoleros” que muchas veces se veía en los ejércitos de la región subsahariana.
La modernización de las fuerzas etíopes comienza en los años 50’s, cuando las guerrillas ya habían comenzado a azotar al país. Debido a la estratégica posición de este país, Washington decidió apoyarlo y comenzó a suministrar armamento moderno y el entrenamiento necesario para aumentar su eficacia.

Uno de los cuatro bombarderos “Canberra” B.Mk.52 adquiridos por Etiopía durante un vuelo de pruebas en Gran Bretaña antes de su entrega. Solo dos aviones parecen haber estado plenamente operativos para la guerra. (Foto: BAe vía ACIG.org)

Uno de los cuatro bombarderos “Canberra” B.Mk.52 adquiridos por Etiopía durante un vuelo de pruebas en Gran Bretaña antes de su entrega. Solo dos aviones parecen haber estado plenamente operativos para la guerra. (Foto: BAe vía ACIG.org)

En el aire, la Fuerza Aérea de Etiopía, o Ye Ityopia Ayer Hayl, recibió 28 cazas F-86F “Sabre” para formar a sus unidades de interceptación y caza, siendo complementados por una docena de aviones antiguerrilla AT-28D “Trojan”, más una docena de entrenadores avanzados a reacción T-33A. Para funciones de transporte se entregaron dos DC-3, que fueron complementados más tarde por nueve transportes C-47, cuatro cuatrimotores C-54 y un DC-6, el cual era usado en funciones presidenciales. La Fuerza Aérea etíope, la más antigua de África, mantuvo sus lazos con Europa, procediendo a la adquisición de cuatro bombarderos BAC “Canberra” Mk.52, como primer lote de lo podría haber sido un número mayor que nunca se adquirió. En los años 60’s se suministraron una docena de helicópteros ligeros Bell 47J, permitiéndole a este país iniciar la introducción al empleo militar de estas aeronaves, los cuales fueron seguidos, a principio de los 70’s, por cinco helicópteros utilitarios UH-1B.
El Ejército fue completamente reorganizado, recibió camiones y jeeps en importantes cantidades que le permitieron dar mayor movilidad y apoyo logístico a sus fuerzas, lo que redundó en mejores resultados en la lucha contra las guerrillas, en tanto que la formación de unidades acorazadas se había alcanzado luego de que USA suministrase 34 tanques ligeros M-24 “Chaffee” que permitieron formar dos Compañías Acorazadas según el modelo norteamericano. Poco tiempo después se formaron otras cuatro Compañías adicionales, equipadas con 17 tanques M-41A1, 34 M-41A2 y 20 M-41A3, que finalmente terminaron formando tres Batallones Acorazados.

Ya a fines de los años 60’s, el poderío militar de Etiopía fue en aumento luego de que USA autorizara la transferencia, vía Foering Military Sales (FMS), de diez cazas ligeros F-5A “Freedom Fighter”, junto con dos biplazas F-5B, los que permitieron modernizar considerablemente el potencial aéreo etíope, sin embargo, éstos aviones no disponían de misiles aire – aire. Una vez concluido el adiestramiento de los pilotos en Estados Unidos, fueron enviados en vuelo hasta la base de Hahar – Debre Zeit, equipando al 5º Escuadrón de Caza y reemplazando a los veteranos F-86F “Sabre”.
Con el incremento de las acciones guerrilleras en la zona de Eritrea, ya en 1970, el 5º Escuadrón fue transferido a la base aérea de Asmara y se cursaron nuevos pedidos que incluyeron cuatro F-5A, entregados en 1971. En 1974 se unirían otros cuatro F-5A procedentes de Irán y se realizaban negociaciones para adquirir más aeronaves en EE.UU.
Por su lado, el Ejército formaba un nuevo Batallón Acorazado con 34 tanques medios M-47 “Patton”, y su infantería recibía 28 transportes de personal M-113 que le permitirían forman un Batallón Mecanizado.
Asimismo, la recepción de obuses ligeros M-101 de 105 mm, junto con un voluminoso stock de municiones, permitió formar un gran número de baterías de artillería, que fueron reforzadas por la llegada de una batería de obuses pesados M-114 y una de obuses autopropulsados M-109 a principio de los 70’s, ambos de 155 mm, transformando a esta fuerza en una de las mejor equipadas de la región.
El Ejército solicitó 34 tanques M-41A3 y 34 M-47 “Patton” adicionales, además de 200 transportes de personal M-113 y doce obuses autopropulsados M-109 como refuerzo. Las entregas comenzaron en 1973, pero para entonces la nueva política norteamericana comenzó a trabar los envíos debido a que no deseaba que esas armas se utilizaran en la represión interna, el cual se hizo cada vez más y más lento en 1974.
En aquel año, el conflicto interno estaba consumiendo todos los esfuerzos militares etíopes, USA acordó un nuevo programa de transferencia de armamento vía FMS, el cual supuso la venta de 16 nuevos cazas F-5E y dos biplazas F-5F, inicialmente destinados a Egipto, aunque se entregaron sin los necesarios misiles AIM-9B “Sidewinder”. Solo ocho monoplazas F-5E y un biplaza F-5F se entregarían al 9º Escuadrón de Caza, basado en Dire Dawa, éstos serían exclusivamente utilizados en misiones de caza. Durante 1976 se entregaría un único lote de misiles AIM-9B “Sidewinder”.
Después del embargo norteamericano, las purgas redujo la cantidad de personal disponible, al mismo tiempo que la falta de recursos mermó la línea de vuelo, lo que redujo al 30% el total de aviones disponibles. Se dice que durante 1977 Vietnam suministró repuestos, provenientes de los aviones capturados tras la caída de Saigón en 1975, para poder solucionar este problema.

Los cazabombarderos F-5A, junto con los más capaces F-5E, también fueron artífices de sostener la defensa etíope durante los primeros meses de la guerra, colaborando activamente en obtener la superioridad aérea. (Foto: Tom Cooper – ACIG Group)

Los cazabombarderos F-5A, junto con los más capaces F-5E, también fueron artífices de sostener la defensa etíope durante los primeros meses de la guerra, colaborando activamente en obtener la superioridad aérea. (Foto: Tom Cooper – ACIG Group)

Sin embargo hay cierta información de que Irán suministraría repuestos y asistencia técnica de forma clandestina, aunque con el beneplácito de Washington. También se argumenta que la Fuerza Aérea Imperial de Irán podría haber transferido cuatro F-5A, un F-5B, dos F-5E y 16 F-86 “Sabre” de sus propias existencias. Acuerdos con Israel permitieron que personal mercenario de ese país colaborara en poner en condiciones a estos equipos.(5)
Irán e Israel suministraron municiones y repuestos para los equipos del Ejército, el cual no había logrado adquirir material pesado y el desgaste de la lucha antiguerrilla era extensivo. Las guerrillas eritreas del Frente de Liberación de Eritrea (FLE) en las costas del Mar Rojo combatían duramente a la anexión de esa región al Imperio Etíope desde 1962. Por otro lado, el FLSO somalí actuaba con dureza con la intención de “defender a la minoría somalí en el Ogadén”, aunque claramente actuaba como punta de lanza para la anexión de esos territorios a Somalia.
Ante la violencia que mostraba el régimen de Siad Barré en Somalia, Moscú comienza a perder confianza en su aliado y comienza a cortejar al presidente etíope que comenzaba a establecer un gobierno más acorde a sus ideales políticos. Durante 1976 el gobierno de Moscú comienza a establecer contactos secretos con Mengistu con el fin de ganar su confianza y poder obtener su estratégica posición en aquel sector de África.
En diciembre de 1976, el presidente Mengistu Haile Mariam declara Etiopía como República Socialista con cierta alineación con la Unión Soviética. Los intentos de Washington de revertir la situación culminaron en abril de 1977, cuando se ordena el cierre de la “base de comunicaciones” norteamericana establecida en Kegnew y dar por concluida la Misión Militar norteamericana que apoyaba a sus fuerzas militares.
Esta situación motiva al gobierno norteamericano a embargar todo el material militar que no había sido entregado y aguardaba en USA, así como suspender cualquier tipo de ayuda militar al gobierno etíope.
Esto hizo que las fuerzas militares etíopes comenzaran a sufrir los problemas operativos por falta de repuestos y municiones que le habían otorgado la ventaja inicial en el conflicto contra las guerrillas, sin embargo Moscú comenzó a moverse rápidamente para solucionar la situación. Una de las primeras medidas sería la de autorizar a que Checoslovaquia transfiriera 100 tanques T-34/85 desde sus excedentes y que todos los asesores militares en Somalia comenzaran a moverse hacia Etiopía.

La Conferencia de Adén

La intervención de Cuba en la región se inició mucho antes de la guerra, Fidel Castro inició las tratativas para mediar entre Etiopía y Somalia a principios de 1977, logrando que el 16 de abril de 1977 se realizara una reunión en Adén, Yemen, donde el presidente yemení, Alí Rubayi, sería el anfitrión y Castro el principal mediador, obviamente los principales participantes fueron el presidente Mengistu Haile Mariam de Etiopía y el presidente somalí, Siad Barre.

La importancia estratégica de la región claramente mostraba el interés soviético por obtener mayor influencia en la zona tras el paulatino abandono por parte de USA y Gran Bretaña, por lo que la mediación cubana fue vista con muy buenos ojos por Moscú, que lograría posicionarse efectivamente en el Cuerno de África.
En la conferencia, Etiopía no podía ocultar lo asfixiante de su situación, tenía cinco frentes guerrilleros abiertos en Eritrea, Ogadén, Dankaile, Tigré y Galla, lo que llevó a Mengistu a tener una posición mucho más conciliadora, con el objeto de obtener mayores concesiones por parte de Somalia, para así reducir la presión que este país ejercía sobre la región de Ogadén. Incluso estaba dispuesto a alcanzar una alianza con Mogadiscio, algo que Moscú incluso analizaba con atención ante la posibilidad de consolidar sus posiciones en la región. El problema estaba en Siad Barre, no estaba dispuesto a negociar ni a hacer concesiones, estaba completamente convencido de su poderío militar y no estaba dispuesto a renunciar a su sueño de la Gran Somalia Unida, por lo que tomó unas actitudes mucho más hipócritas y condescendientes, aunque siempre buscando obtener una clara ventaja en las negociaciones.
Aún con las dificultades que supuso la actitud de Siad Barre en la reunión, éste se comprometió con Fidel Castro a que sus fuerzas militares no atacarían Etiopía y de minimizar cualquier apoyo que los rebeldes del FLSO tuviesen dentro del territorio somalí. Mengistu, ante esta situación, veía la posibilidad de descomprimir un poco la zona del Ogadén y volcar sus esfuerzos militares hacia las restantes zonas conflictivas, principalmente en Eritrea, región fundamentalmente estratégica, ya que su independencia significaba perder cualquier salida al Mar Rojo, aislando totalmente a Etiopía.

Somalia rompe su promesa

Tras la ruptura de relaciones diplomáticas de Somalía con Cuba y Moscú, la mayoría de los asesores militares en aquel país fueron inmediatamente enviados a Etiopía, gestando así la derrota del expansionismo somalí. Aquí asesores cubanos frente a tropas etíopes durante la guerra. (Foto: Cortesía de Andrés Huerta vía http://urrib2000.narod.ru/)

Tras la ruptura de relaciones diplomáticas de Somalía con Cuba y Moscú, la mayoría de los asesores militares en aquel país fueron inmediatamente enviados a Etiopía, gestando así la derrota del expansionismo somalí. Aquí asesores cubanos frente a tropas etíopes durante la guerra. (Foto: Cortesía de Andrés Huerta vía http://urrib2000.narod.ru/)

Tres meses después de la conferencia, la limitada visión de Siad Barre queda demostrada cuando ordena que las fuerzas armadas somalíes invadan el Ogadén e incrementen el apoyo a las guerrillas del FLSO mediante el soporte logístico y de su potencia de fuego. La acción es vista por una traición por parte de Fidel Castro, quien había empeñado su palabra en estos acuerdos, a la vez que Moscú se mostró contrariado ante la belicosidad y expansionismo somalí. La Habana y Moscú critican duramente la política de Siad Barre, el cual, ante esta situación, rompe relaciones diplomáticas con esos dos países y ordena la expulsión de todos los asesores soviéticos y cubanos de Somalia.
Ambos contingentes de asesores de inmediato son desplegados hacia Etiopía tras recibir órdenes de sus respectivos países, a la vez que con la partida de éstos, Siad Barre no se percataba que su sueño expansionista empezaba a ser sepultado, sin el personal técnico extranjero, sus fuerzas militares serían incapaces de poder afrontar una campaña de larga duración de manera efectiva.
Cuando, el 9 de Agosto, Mengistu declara haber perdido el control del Ogadén, éste inicia un amplio abanico de acciones diplomáticas, primero obtuvo el apoyo de Irán para el suministro de más repuestos y municiones para sus fuerzas, a la vez que comenzaba a profundizar sus lazos con Moscú y Cuba en un desesperado intento de que la acción de estos países permitieran aliviar la crisis etíope. La presencia de los asesores cubanos y soviéticos en Etiopía jugó un papel importantísimo, ya que comenzaron a elevar informes de inteligencia por demás detallados sobre las fuerzas somalíes, los cuales serían aprovechados por el alto mando etíope para lograr algún éxito contra su enemigo, aunque la situación militar de Addis Abeba era, por demás, precaria.
Moscú accedió incrementando el suministro de armamentos, lo que aceleró la entrega de los 100 tanques T-34/85 adquiridos a Checoslovaquia, así como la entrega de diversos armamentos de diversos tipos y el despliegue de misiles antiaéreos SA-3 “Goa”. Pero no fue hasta Noviembre que Mengistu recurrió a La Habana en un desesperado intento de hacerse con apoyo militar a gran escala.
Tras la nueva situación generada por Somalia, los choques fronterizos fueron en constante aumento, lo mismo que la ferocidad de estos enfrentamientos. Sin embargo, las fuerzas etíopes habían logrado rechazar a las fuerzas guerrilleras e incluso pudieron derrotarlas completamente en el primer intento de capturar Jijiga, una ciudad clave en el desierto de Ogadén.

Comienza la invasión somalí

Sin embargo, tras estas derrotas y la falta de éxito del FSLO, el 11 de Julio de 1977, Siad Barre ordenó que sus fuerzas militares ingresaran en territorio etíope apoyando a los cerca de 5.000 guerrilleros que ya actuaban en la zona. De esta manera, 50.000 soldados regulares somalíes, junto con 300 tanques T-34/85 y T-55, unos 300 blindados y transportes de personal, más unas 600 piezas de artillería de todo tipo comenzaron a avanzar rumbo al Ogadén. En un primer momento, muchas tropas y equipamientos fueron desprovistas de insignias y cualquier marca de nacionalidad para simular que se trataba de armamento soviético en poder del FSLO, pero con el correr del tiempo esto se hizo imposible de sostener.
El CAS fue pronto desplegado hacia la región, operando principalmente desde Hargeysa, comenzaron a realizar ataques sobre las posiciones etíopes, así como sobre algunas bases aéreas en la zona del Ogadén.

El ataque somalí contra Jijiga se transformó en uno de los primeros desastres militares etíopes en la región. Se perdió una inmensa cantidad de provisiones y armamento, incluyendo varios tanques, como estos dos M-47 “Patton”. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

El ataque somalí contra Jijiga se transformó en uno de los primeros desastres militares etíopes en la región. Se perdió una inmensa cantidad de provisiones y armamento, incluyendo varios tanques, como estos dos M-47 “Patton”. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

Los etíopes apenas podían contener el ataque, el apresurado despliegue sumaba a la 3ª División de Infantería y una Brigada Acorazada que fue enviada de forma urgente a la región. Asimismo, unos 100.000 hombres de las “Milicias Provinciales”, una especie de guardias feudales creadas desde comienzos del Imperio etíope, fueron desplegados con el más variopinto y obsoleto equipamiento que podían encontrar en sus arsenales.
Las fuerzas somalíes penetraron en territorio etíope casi sin oposición y de inmediato ponen rumbo hacia la localidad de Gode, al sureste etíope. El 13 de julio se produce el primer choque entre las fuerzas regulares de ambos países, no siendo de gran magnitud, aunque las tropas etíopes resisten con gran tenacidad, dando muestras de una gran disciplina de combate en comparación con las menos efectivas tropas somalíes. Haciendo uso de la fuerza numérica, los somalíes refuerzan su ímpetu y el CAS incrementa sus misiones de apoyo aéreo cercano.
Los etíopes tratan de reforzar desesperadamente sus principales bastiones en el Ogadén, desplegando gran cantidad de tropas en Jijiga, Harer y Dire Dawa. De esta forma, dos Compañías Acorazadas, con poco más de una veintena de tanques M-41, más una Compañía con M-47, son enviadas a Dire Dawa, apoyados por tres autopropulsados M-109 de 155 mm y unidades de infantería.
La presión somalí se incrementa con el accionar de los guerrilleros del FLSO, que, con el apoyo logístico brindado por el Ejército somalí, disponían de una mayor movilidad y sus acciones ganaban en eficacia. Con el apoyo de los tanques T-34/85 en la vanguardia, los somalíes lograron asegurar gran parte del territorio inicialmente capturado, pero la presencia de los tanques M-47 etíopes obligó a que los más capaces T-54 y T-55 fuesen enviados hacia el frente para poder hacerles frente.
Para el 9 de agosto los somalíes estaban sólidamente posicionados en el Ogadén, lo que implicó que Mengistu reconociera que había perdido todo el control de esa región, exceptuando algunos bastiones que habían logrado ser reforzados justo a tiempo. Los combates no solo habían aumentado, sino que eran feroces y prolongados, los serios problemas para contener el ataque somalí y mantener la línea del frente obligaba a los comandantes etíopes a organizar retiradas tácticas para evitar que sus fuerzas fueran rodeadas y destruidas, aunque lograban lanzar algunos contraataques que permitían detener el avance somalí y reorganizarse.
El 13 de Septiembre los somalíes logran capturar la importante localidad de Jijiga, obligando a evacuar la base aérea por parte de los etíopes y obligando que las tropas terrestres se retiren hacia el Oeste. Los duros combates supusieron la pérdida de nueve tanques M-47 y unos catorce M-41, así como, al menos, dos transportes de personal M-113. Los medios de televisión occidentales se hicieron amplio eco de la situación, mostrando el material capturado en aquella localidad, muchos de los tanques intactos y almacenes completos de munición, para entonces Occidente comenzaba a inclinarse tímidamente hacia Somalia. (5)
La toma de Jijiga produjo un problema mayor, permitió que los somalíes controlaran un estratégico nudo de rutas, que les dejaba en condiciones de asaltar las ciudades de Harer y Dire Dawa, cuya caída significaría la pérdida total del Ogadén y una severa derrota para las fuerzas etíopes.
El 29 de Septiembre, en uno de los combates más violentos del conflicto, los somalíes logran obtener el control sobre el estratégicamente vital paso de Gara Marda. Cuando lograron la expulsión de las fuerzas etíopes que lo defendían, las fuerzas somalíes inician su movimiento hacia Harer, poniéndola bajo asedio, y aislando a la 3ª División etíope.
En octubre, varios vuelos de transportes C-47 logran llevar suministros a Harer para que la 3ª División pudiese continuar con la resistencia. La práctica inexistencia de la aviación somalí permitió que el pequeño puente aéreo permitiese transportar gran cantidad de provisiones, aunque no las suficientes, ya que el cerco sobre esa localidad obligaba a consumir mucho de lo que llegaba diariamente, que no superaba las diez toneladas de provisiones de promedio. En estas acciones un DC-3 etíope es derribado por un misil antiaéreo portátil SA-7.

Las fuerzas somalíes también perdieron algunos tanques T-34/85 durante los combates en Jijiga, muchos sufrieron daños menores, aunque lograron imponerse a los superiores tanques etíopes. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

Las guerrillas somalíes fueron apoyadas por tanques T-34/85 durante los combates en Jijiga, al menos dos fueron puestos fuera de combate. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

Los ataques somalíes se intensifican, y en cada ataque las tropas etíopes lograban rechazar a los atacantes tras violentísimos enfrentamientos, sin embargo, las pérdidas eran muy graves, el material blindado era escaso, y la artillería a duras penas podía poner a raya a los somalíes. Sin embargo, pese a las restricciones, la FAE incrementó sus ataques aéreos sobre los somalíes, mostrándose bastante activa durante ese mes.
Ante esta situación, los somalíes ordenan mantener el cerco, pero proceden a reorganizar sus unidades para reunir la fuerza suficiente como para tomar Harer e iniciar el avance que le abriría paso hacia Dire Dawa, lo que le permitiría obtener el control absoluto del Ogadén. De inmediato, los somalíes comienzan a concentrar sus recursos en Jijiga y el tren logístico mostraba su importancia, a tal punto que la aviación etíope se abocó a lanzar continuos ataques contra éste, que es donde sufrieron algunas bajas.
Con el objeto de evitar una derrota mayor, los etíopes inician el despliegue de sus medios acorazados en mayor número, todos los M-47 sobrevivientes son enviados a Dire Dawa, así como una gran cantidad de tanques ligeros M-41, todos los que se pudieron reunir que no estuviesen abocados al frente de Eritrea. Asimismo, una gran cantidad de las mejores tropas disponibles fueron enviadas como refuerzos, aunque aún así no lograron abrirse paso hasta Harer, lo que produjo que, a fines de octubre, las tropas etíopes redujeran sus intentos de avanzar, ya cansadas y desmoralizadas. Las somalíes, de haber contado con apoyo aéreo y sentido de la oportunidad, podrían haber avanzado hacia Dire Dawa encontrándose con una resistencia etíope por demás débil.
Durante Noviembre los etíopes habían logrado incrementar el puente aéreo hacia Harer, pero no había permitido que esto resultara en algo más que prolongar la victoria, sin embargo, la presencia de asesores cubanos en Dire Dawa causó una motivación inesperada en los oficiales etíopes que permitió levantar un poco la moral. Casi sin municiones, con poco combustible y con un bajísimo número de tanques disponibles, los etíopes estaban ya al borde del colapso, los ataques de artillería somalíes habían reducido al máximo el puente aéreo, lo que incrementó la baja moral de los soldados etíopes cercados.
La acertada aparición de la Fuerza Aérea Etíope durante las primeras semanas de Noviembre logró reducir el desgaste de las agotadas tropas, y aunque los sistemas antiaéreos somalíes alejaban cualquier posibilidad de que los transportes se acercaran a Harer, los F-5A lograban algunos éxitos relativamente importantes, aunque más que nada desde el punto de vista moral.

El papel fundamental de la Fuerza Aérea Etíope

La situación jugaba en contra de las fuerzas etíopes y el tiempo comenzaba a agotarse, el presidente Mengistu necesitaba obtener alguna ventaja que le permitiese retrasar el avance somalí y aguardar la llegada de la ayuda cubana y soviética que le permitiera recuperar la iniciativa en el Ogadén y expulsar a los invasores.
La única alternativa militar posible era la de sacar máximo provecho a los medios disponibles de la Fuerza Aérea de Etiopía (FAE), la cual estaba con serias restricciones operativas para su material aéreo debido al embargo norteamericano. Aún así, esto no sería un obstáculo, los

En los pocos cazas F-5E “Tiger II” etíopes cayó cayó la responsabilidad de luchar contra el mejor equipado Cuerpo Aéreo Somalí (CAS), logrando obtener importantes victorias aéreas que inclinaron la balanza hacia Etiopía. (Foto: Internet – Archivos Dintel GID)

En los pocos cazas F-5E “Tiger II” etíopes cayó la responsabilidad de enfrentar al mejor equipado Cuerpo Aéreo Somalí (CAS), logrando obtener importantes victorias aéreas que inclinaron la balanza hacia Etiopía. (Foto: www.AircraftSlides.com)

etíopes aún conservaban una gran porción de oficiales bien adiestrados y capaces de sacar el máximo provecho de sus medios, algo que no podía decirse de sus pares somalíes.
En Addis Abeba, la FAE había logrado poner en plenas condiciones operativas los cazas F-5A y F-5E, los cuales jugarían un rol fundamental en las operaciones que se iniciarían a continuación.
Para incrementar el número de pilotos disponibles para los cazas más modernos se seleccionaron a otros que volaban los veteranos F-86F, iniciando rápidamente su transformación en los biplazas F-5B y F-5F en servicio.
Cuatro entrenadores T-33A, incluyendo uno recibido desde Irán, lograban reforzar el entrenamiento del personal etíope, principalmente para destinarlos a los F-86F que también serían fundamentales en el esfuerzo de guerra.
Para el 25 de julio de 1977, los cazas F-5A y F-5E estaban realizando sus primeras salidas de evaluación y la recalificación de los pilotos etíopes. Un día después, el 26 de julio, dos cazas F-5E que realizaban una PAC (Patrulla Aérea de Combate) sobre Harer en busca de aviones somalíes, apoyados por un radar terrestre, son guiados hacia cuatro cazas somalíes que se acercaban rápidamente hacia la zona. Estos resultaron ser MiG-21MF, pero sus pilotos no se percatan de que estaban siendo adquiridos por los cazas etíopes.
De inmediato, los F-5E se ubican en la retaguardia de la formación somalí y cada caza dispara un misil AIM-9B contra los aviones más retrasados. El primer MiG-21MF es alcanzado de lleno en el motor, el segundo sufre el impacto unos segundos después y termina precipitándose a tierra.
Cuando los dos cazas restantes tratan de romper el contacto de manera desorganizada, el F-5E líder dispara un nuevo misil contra los somalíes, aunque falla, uno de los MiG-21 rompe por delante de su pareja, chocando aparatosamente. Esta fortuita acción, presenciada desde tierra por las fuerzas etíopes, aumentó la moral después de quince días de combates desesperanzadores, a la vez que se anotaban un éxito impresionante, cuatro de los mejores cazas somalíes habían sido destruidos sin bajas propias.
Los somalíes no dudaron en responder y comenzaron a incrementar sus ataques aéreos contra las bases aéreas etíopes, a la vez que lanzaron un mayor número de PAC ofensivas con el objeto de degradar la capacidad aérea etíope. Pero pocos días después los somalíes sufren otro duro revés sobre Kebri Dejar, cuando dos cazas MiG-21MF son derribados con misiles AIM-9B lanzados por cazas F-5E.
Más tarde, sobre Dibile, un F-5E intercepta a un MiG-17F somalí y lo derriba utilizando sus cañones Pontiac M-39 de 20 mm, las imágenes del derribo pronto se hicieron públicas en la prensa.
Los etíopes no solo habían logrado imponerse a los somalíes en el aire, sino que el desgaste sufrido por éstos durante los últimos 15 días había mermado su capacidad de combate. Las 7 victorias obtenidas en combate aéreo por la FAE representaban el 18% de los 38 aviones desplegados por el CAS, que ahora no lograba poner más de 20 aviones en vuelo, incluyendo MiG-17F y MiG-21MF.
Como si fuera poco, para principios de Agosto, los cazas F-86F comenzaron a realizar misiones de ataque y apoyo aéreo cercano utilizando cohetes de 68 mm y bombas de 113 Kg., mientras que la pareja de bombarderos “Canberra” realizaba algunas incursiones nocturnas sobre territorio somalí, aunque sin grandes resultados.
En los días posteriores se unieron los cazas F-5A armados con cohetes de 68 y 127 mm, así como con bombas de 113 y 223 Kg., lo que permitió causar grandes bajas a las fuerzas somalíes en tierra. Sin embargo, la gran cantidad de misiones CAS lanzada por los F-86F comenzaban a mermar su operatividad por el desgaste, y la falta de repuestos hacía que los aviones que no pudieran volar se transformaran en fuentes de repuestos.
Desde Julio, Addis Abeba había iniciado sus contactos con Moscú y La Habana para la urgente entrega de armamento moderno, algo que comenzó a acelerarse aún más cuando los somalíes atacaron en el Ogadén. Para mediados de ese mes los cubanos habían fortalecido su respaldo a Etiopía y dejó sin demasiado apoyo a los somalíes.

Pero no todos fueron éxitos, al menos un caza F-5E etíope parece haber sido derribado por fuego antiaéreo. Durante la ocupación somalí de Jijiga sus restos fueron expuestos ante la prensa occidental, reconociéndose el cono de radar, la cabina, dos misiles AIM-9B “Sidewinder” y los timones de profundidad. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

Pero no todos fueron éxitos, al menos un caza F-5E etíope parece haber sido derribado por fuego antiaéreo. Durante la ocupación somalí de Jijiga sus restos fueron expuestos ante la prensa occidental, reconociéndose el cono de radar, la cabina, dos misiles AIM-9B “Sidewinder” y los timones de profundidad. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

En agosto arriban a Etiopía los sistemas S-125 “Neva” (SA-3 “Goa”) prometidos por Moscú, los cuales de inmediato son desplegados para la defensa de las localidades estratégicas etíopes en el Ogadén. Manejadas por soviéticos, estos sistemas antiaéreos logran derribar dos cazas MiG-21MF somalíes el día 11 de Agosto, en las cercanías de Dire Dawa.
En tanto, la FAE había seguido mostrando su superioridad, sus cazas F-5E derribarían un caza MiG-17F y un transporte An-24T, en tanto que los informes somalíes daban a conocer que para mediados de agosto se habían perdido nueve aeronaves adicionales en accidentes o habían quedado fuera de servicio por distintos motivos. La sorpresa etíope era grande, en poco más de un mes de combates se había logrado obtener la supremacía aérea y el CAS apenas si podía oponérsele. Las desesperadas acciones aéreas de la FAE habían logrado dar los resultados esperados pese a los gigantescos esfuerzos que ello supuso.
El Cuerpo Aéreo Somalí estaba en ruinas, a fines de julio los asesores soviéticos y cubanos se habían retirado de Somalia, tras una hábil maniobra diplomática de Mengistu, y con ello se perdía la oportunidad de disponer de personal que realizara mantenimiento y apoyo a sus aeronaves, ya que el personal somalí era insuficiente o no estaba en condiciones de hacerlo. De los MiG-17F con los que se iniciaron los combates, dos habían sido derribados en combate aéreo, tres se habían accidentado y de los seis restantes, solamente entre dos y cuatro aeronaves estaban en vuelo al mismo tiempo.
En el caso de los más modernos y resolutivos MiG-21MF, estos habían sido más ampliamente utilizados y eran los que más bajas habían sufrido. Seis se habían perdido en combate aéreo y dos por los SAM-3 desplegados en el Ogadén, otros tres se habían accidentado, mientras que de los 17 sobrevivientes, menos de una docena estaban plenamente operativos. Ante esta situación, los somalíes concentraron todas sus operaciones aéreas en la base de Hargeysa a partir del 14 de agosto.
Somalia había perdido la guerra en el aire y le había entregado la iniciativa a Etiopía, quien tras arrebatar el respaldo diplomático, técnico y militar de Moscú y Cuba, ahora estaba en condiciones de lanzar una contraofensiva.
Ya con la situación más controlada, los comandantes de la FAE deciden explotar la ventaja táctica obtenida y reorganizan sus medios. Los cazas F-5A y F-5E son desplegados en las bases aéreas de Bhir y Dire Dawa para continuar con las operaciones. En esta última base se despliegan el último bombardero “Canberra” disponible, así como ocho cazabombarderos F-86F “Sabre”, cuya función principal sería la de hostigar al enemigo con continuas operaciones de ataque. Los restantes F-86F sobrevivientes, junto con los AT-28D, serían concentrados en el Norte del país, para hacer frente a las guerrillas en Eritrea.
La FAE, entonces, lamentaba la pérdida de seis cazas F-86F, dos bombarderos “Canberra” B.Mk.52 y un transporte C-54 destruido durante los ataques aéreos, más un C-47 derribado por un caza somalí. El fuego antiaéreo somalí había sido bastante efectivo, pues había logrado la destrucción de un F-86F y dos de los muy valiosos F-5A, mientras que los misiles portátiles SA-7 se anotaban el derribo de un DC-3.
Tras la reorganización, la FAE mantenía nueve F-5A y siete F-5E como principales aviones de combate y se daba el lujo de disponer, al contrario que Somalía, del personal técnico y de la logística para asegurar su plena operatividad, ya que unos doce aviones, entre ambos modelos, estaban disponibles al mismo tiempo.
En el nuevo plan de operaciones, el poder aéreo etíope se concentra sobre las tropas somalíes, pero estas disponían de un bien organizado dispositivo antiaéreo y la FAE no lograría los resultados esperados, los cuales buscaban afectar a las fuerzas de tierra del enemigo lo más rápido posible antes de que el desgaste de las operaciones afectara el rendimiento de la fuerza.

Las fuerzas somalíes sufrieron varias bajas durante los primeros meses del conflicto, como este MiG-21MF derribado en julio de 1977. (Foto: vía Tom Cooper; Ogaden War, 1977-1978)

Las fuerzas somalíes sufrieron varias bajas durante los primeros meses del conflicto, como este MiG-21MF derribado en julio de 1977. (Foto: vía Tom Cooper; Ogaden War, 1977-1978)

La situación pendía de un hilo para ambos actores, sin embargo, el 9 de agosto, Mengistu había declarado que había perdido el control del Ogadén, lo que posibilitaba un colapso de sus fuerzas de tierra. Para peor, en Octubre, el frente del Norte estaba dominado por las guerrillas que incrementaban su accionar en Eritrea. Siendo una región estratégicamente más importante, la FAE debió desplegar todos sus F-86F en misiones de ataque y apoyo cercano, en tanto que sus escasos transportes C-47 y C-54 concentraron sus esfuerzos en el apoyo logístico hacia el Norte, principalmente. Fortuitamente, los etíopes habían logrado barrer el accionar aéreo somalí antes de que los imprevistos pudiesen haber transformado esto en una gigantesca derrota.
Con sus tropas en tierra seriamente desgastadas y presionadas, Etiopía solo pudo mantener a los somalíes bajo constantes ataques aéreos con sus cazas F-5A y el solitario bombardero “Canberra”, el cual golpeaba la retaguardia enemiga durante las noches con cierta efectividad a medida que pasaba el tiempo, principalmente sobre la línea de suministros entre Jijiga y Harer, así como en Dibile y la localidad somalí de Faraweyne, aunque estos ataques de baja intensidad eran efectivos, hubiesen requerido de una mayor intensidad para ser definitorios.
Las acciones aéreas entre Septiembre y Diciembre de 1977 fueron por demás limitadas, registrándose algunos ataques y misiones de apoyo aéreo cercano en determinadas circunstancias, la prácticamente nula acción aérea somalí permitió mantener una tenue ventaja etíope.

La llegada del Cuerpo Expedicionario Cubano y el material soviético

Para entender esta situación, desde los años 60’s el Océano Índico pasó a tener un creciente protagonismo en la política mundial, quien se posicionara en él de manera eficiente, podría controlar y dominar las dos principales rutas marítimas que salían desde el Golfo Pérsico, las cuales exportaban el grueso del petróleo que se consumía en todo el Mundo. Retrasada en su expansión estratégica, en los 60’s la URSS comenzó a moverse rápidamente en la zona muy en contra de lo que se pensaba posible en Occidente.

Cuando Fidel Castro autoriza a sus fuerzas a participar de la guerra en el Ogadén, sus oficiales comenzaron a incrementar aún más el contacto con las fuerzas etíopes, como se puede observar en esta imagen. (Foto: vía http://www.urrib2000.narod.ru)

Cuando Fidel Castro autoriza a sus fuerzas a participar de la guerra en el Ogadén, sus oficiales comenzaron a incrementar aún más el contacto con las fuerzas etíopes, como se puede observar en esta imagen. (Foto: vía http://www.urrib2000.narod.ru)

Con USA disponiendo de su red de bases navales, de seguimiento de satélites y de inteligencia en plena expansión, donde se incluía la estación SIGINT de Kegnew en Etiopía y el siempre aliado Imperio Persa, los soviéticos buscaban mantener su influencia en Yemen, tras la salida de los británicos ante la negligente política de Wilson en los años 60’s, y apostaba por nuevos contactos donde el primero de ellos resultaría ser Somalia. Se llegó a tal punto de interés en el Océano Índico que incluso el otro gigante rojo, China, apostó sus cartas en Tanzania, mientras la URSS, mediante Cuba y la República Democrática de Alemania, se asentaban en Mozambique y Rhodesia (hoy Zimbabwe).
Para mediados de los 70’s, la política norteamericana con relación a esa zona estratégica, en la que se mostraba un creciente interés, había ido perdiendo influencia a tal punto que la pérdida de apoyo etíope obligó transferir la base de Kegnew a la isla de Massira, en las costas de Omán, para luego ir perdiendo su posición en Irán, que concluiría en el derrocamiento del Shah de Persia y transformando a Irán en una teocracia que al día de hoy es el mayor enemigo norteamericano en la región.
Aunque este incompleto panorama no habla precisamente de Etiopía y Somalia, deja bien en claro que los intereses de las grandes superpotencias en la región hacían impensable que sus conflictos no trajesen, de alguna manera, el respaldo de uno u otro bloque.
Cuando Mengistu recurre a La Habana para solicitar apoyo militar, Castro responde enviando un reducido contingente militar con el objeto de apoyar el entrenamiento de los soldados etíopes en el armamento de origen soviético, aunque la retórica comunista de entonces decía que la fuerza expedicionaria cubana “solamente busca apoyar la revolución del pueblo etíope”, algo que si vemos con detenimiento, no era tal, la revolución atacaba directamente al régimen etíope al que se estaba apoyando.
La preocupación de Moscú se veía claramente, si Eritrea buscaba apoyo en los países árabes, Etiopía no solo perdería el acceso al Mar Rojo, sino también su importancia estratégica. Asimismo, Somalia también buscaría su apoyo en los países árabes, lo que podría significar que esa región estaría “contaminada” con el nacionalismo árabe que impediría a la URSS sacar algún provecho estratégico a la zona. Sin embargo, La Habana hizo caso omiso a los llamados de atención de Moscú y ordenó el despliegue de la Fuerza Expedicionaria Cubana a Etiopía (FEC).
Ante la situación presente en la zona, sabiendo que Somalia ya era un coto perdido y que para mantener su posición en Etiopía debía jugarse por el todo, la URSS anuncia que apoyaría el despliegue cubano y al Pueblo de Etiopía, por lo que ese mismo 25 de noviembre ordena a los asesores soviéticos presentes en Addis Abeba, que habían salido de Somalia meses antes, integrarse a las fuerzas etíopes y reforzar el programa de entrenamiento del personal etíope. Asimismo, otro contingente de asesores llegaría desde Moscú, completando un total de 1.500 hombres que estarían bajo el mando del general Vasily Petrov.
Los primeros asesores cubanos llegaron por vía aérea a Addis Abeba, mientras que el grueso de las tropas regulares y especialistas arribarían luego por la vía naval. La FEC fue puesta bajo las órdenes del General de División Arnaldo Ochoa, un experimentado militar y uno de los mejores exponentes de las fuerzas revolucionarias cubanas. De esta manera, el 28 de Diciembre de 1977 la FEC anuncia que el primer Batallón Acorazado estaba en condiciones operativas.
Los soviéticos habían iniciado, ese mismo 25 de Noviembre, un gigantesco puente aéreo hacia Etiopía que dejaría claro que la decisión de apoyo a esa nación se había tomado mucho antes y tras haber analizado todas las opciones posibles. Dicho puente aéreo estaba dispuesto para acelerar la entrega de la mayor cantidad de armamento pesado que se pudiese enviar a la zona de operaciones, de manera de que se integrara a las fuerzas que se preparaban para lanzar una contraofensiva sobre las fuerzas somalíes. Esta operación logística atrajo mucho interés de los analistas militares occidentales, los soviéticos mostraban su capacidad de desplegarse estratégicamente a miles de Km. de sus fronteras de manera masiva mediante una operación de transporte aéreo que no tenía antecedente alguno para los soviéticos, debido a las características del mismo.

Uno de los gigantescos transportes An-22 "Antey" descarga un helicóptero Mi-8 "Hip" en Adis Abebba como parte del inmenso envío de suministros militares que llegaría a Etiopía. (Aviatsia y Vremia vía http://www.urrib2000.narod.ru)

Uno de los gigantescos transportes An-22 "Antey" descarga un helicóptero Mi-8 "Hip" en Adis Abebba como parte del inmenso envío de suministros militares que llegaría a Etiopía. (Aviatsia y Vremia vía http://www.urrib2000.narod.ru)

No menos de 225 aviones de transporte Il-18, Il-76, An-12BP y An-22 de la aerolínea de bandera soviética Aeroflot y la VTA (Aviación de Transporte Estratégico de la Fuerza Aérea Soviética) iniciaron la operación, concentrando sus operaciones en la base aérea de Tashkent, con escalas en Bagdad (Irak) y Adén (Yemen), para arribar a Masawa, en la provincia etíope de Eritrea, o bien directamente a la capital Addis Abeba.
Por dos semanas los aviones de transporte soviético aterrizaban cada 20 minutos en la capital etíope, en cerca de 1.000 vuelos, los gigantescos transportes An-22 e Il-76, ambos entre los más grandes del mundo, transportaron cientos de tanques de combate T-54 y T-55, vehículos de combate de infantería BMP-1, transportes de personal BTR-60PB y BTR-152, blindados de exploración BRDM-1 y BRDM-2, además cañones de campaña de 85 y 100 mm, obuses de 122, 130 y 152 mm, lanzacohetes y armamento ligero en cantidades suficientes como para equipar tres Divisiones ligeras altamente motorizadas. Asimismo, el general Petrov se cuidó específicamente de solicitar equipo para la formación de fuerzas ligeras, lo que sería otro de los grandes puntos que atraerían la atención de Occidente sobre las doctrinas aeromóviles soviéticas. (11)
Este impresionante puente aéreo también fue capaz de reequipar, prácticamente por completo, a la Fuerza Aérea Etíope, transfiriendo 40 cazas MiG-21MF “Fishbed J”, lo que no solo permitiría reforzar a los sobrecargados F-5A/E sino que multiplicar las capacidades al extremo. Por su parte, los cubanos ya habían arribado a Etiopía con sus propios aviones, al haber desplegado un Escuadrón de MiG-17F “Fresco C” y otro de MiG-21bis “Fishbed L”, además de dos aviones de reconocimiento táctico MiG-21R “Fishbed H”. Sin lugar a dudas, de poco más de dos docenas de aviones de combate, ahora la FAE había crecido lo suficiente como para disponer de cerca de un centenar de aeronaves para atacar a las fuerzas somalíes.
Los cubanos pilotarían los aviones traídos para la FEC, así como los suministrados a Etiopía hasta que los pilotos etíopes estuviesen en condiciones de volarlos. La otra movida importante de Petrov había sido la solicitud de crear una potente fuerza de helicópteros en Etiopía que permitiese desplegar a las fuerzas terrestres ligeras. En total arribaron, por vía aérea, diez gigantescos helicópteros Mi-6 “Hook A” y veinte helicópteros de transporte medio Mi-8 “Hip”, que serían reforzados por seis helicópteros de ataque y apoyo cercano Mi-24 “Hind A”. Con estos aparatos llegaron los pequeños y ágiles blindados de oruga ASU-57, armados con un cañón antitanque de 57 mm, y capaces de ser transportado por los helicópteros.
El despliegue de asesores extranjeros en Etiopía se incrementó sustancialmente, aunque los pilotos cubanos nunca superaron el número de 40 hombres, los asesores checoslovacos, polacos y alemanes orientales superó ampliamente los dos centenares. Los polacos, inclusive, desplegaron un reducido grupo de especialistas que conocían ampliamente la operación y condiciones de vuelo de los cazas F-5 que disponía la FAE, grupo que incluía al menos dos pilotos y una veintena de técnicos capacitados en su empleo (8). De esta manera, y gracias a los contactos polacos, la FAE obtuvo repuestos para sus cazas de origen norteamericano mediante la adquisición a Vietnam y otros países.
La Fuerza Expedicionaria Cubana sumaba, para entonces, unos 18.000 efectivos totalmente equipados, mientras que Yemen del Sur desplegaba, a petición etíope y soviética, unos 2.000 hombres adicionales para apoyar al régimen de Mengistu. Asimismo, se decide que la coordinación de todas las operaciones de las fuerzas extranjeras en Etiopía deberían ser comandadas por un Estado Mayor Conjunto, liderado políticamente por el presidente etíope Mengistu, mientras que el mando militar quedaba, oficialmente, a cargo del general Arnaldo Ochoa, con cinco generales etíopes, ocho generales cubanos, cinco generales soviéticos y dos generales yemeníes integrando su plana mayor.
La urgencia de los acontecimientos implicó que los cubanos iniciaran un rápido movimiento para reforzar las localidades de Dire Dawa y tratar de romper el bloqueo sobre Harer. En esta última localidad, las tropas cubanas fueron decisivas para renovar la moral de las fuerzas etíopes y gracias al refuerzo militar se logró que la posición de Harer fuese consolidada, lo que aseguraba, entonces, detener los esfuerzos somalíes y obtener la iniciativa para las acciones siguientes.

La contraofensiva combinada contra las fuerzas somalíes

Cuando Siad Barre fue informado de la presencia de los contingentes militares cubanos y soviéticos en Etiopía, su preocupación fue en aumento. El CAS apenas estaba en posibilidades de mantener un puñado de aviones y helicópteros en vuelo, el grueso de su elemento aéreo estaba en tierra por falta de repuestos, mantenimiento y personal capacitado para volarlos y asistirlos, paralelamente, el apoyo logístico de las fuerzas en tierra estaba en condiciones relativamente críticas, debido a la prolongación de las operaciones y el fracaso del sitio sobre Harer.
Siad Barre, entonces, comienza a buscar apoyo en el extranjero, lo cual, significó que Washington se apresurara a que los países dispuestos a apoyarle lo hicieran de manera rápida. Pakistán fue el primero en apoyar a Somalia, 20 pilotos y 120 técnicos fueron contratados como mercenarios y arribaron a las bases somalíes para revisar y poner en condiciones a las aeronaves sobrevivientes.

Durante las primeras semanas de combates, la FAE utilizó sus vetustos cazabombarderos F-86 "Sabre" en misiones de ametrallamiento, ataque y reconocimiento contra las fuerzas somalíes. (Foto: http://nazrettube.com)

Durante las primeras semanas de combates, la FAE utilizó sus vetustos cazabombarderos F-86 "Sabre" en misiones de ametrallamiento, ataque y reconocimiento contra las fuerzas somalíes. (Foto: http://nazrettube.com)

Asimismo, la presión norteamericana logró que Arabia Saudita y Kuwait, además de Egipto y varios países árabes más, comenzaran a financiar las guerrillas eritreas y al gobierno somalí con el objeto de “frenar la expansión comunista en la región”, lo que incluyó el suministro de armamentos y repuestos (9). Pero este apoyo no sería del todo eficiente, la situación somalí en el frente revestía una crítica importancia y la pérdida de la superioridad aérea en Agosto de 1977 había sido decisiva para el desbarajuste posterior. El poder militar y político de Siad Barre estaba muy debilitado tras más de cinco meses de combates y muy pocos resultados.
El 8 de enero de 1978 se inician las operaciones combinadas de las fuerzas etíopes y cubanas, los cazas F-5A y un puñado de MiG-21MF etíopes, junto con los MiG-17F y MiG-21bis cubanos, lanzan una serie de ataques aéreos sobre las posiciones somalíes. La base aérea de Hargeysa es atacada por estas fuerzas combinadas en repetidas ocasiones, causando gran cantidad de daños, lo que dificultó aún más la posibilidad de los somalíes de poner en condiciones su poder aéreo. Asimismo, el grueso de la aviación combinada comenzó a concentrar sus ataques en el sector de Harer, la persistencia de estos ataques y el éxito inicial de los mismos hizo que los somalíes perdiesen mucho equipo pesado y sufrieran muchas bajas, aún así, la reacción antiaérea somalí fue durísima, utilizando todo el armamento disponible, incluyendo misiles portátiles SA-7 y los sistemas antiaéreos ZSU-23-4.
Es entonces cuando Egipto anuncia su apoyo total de Somalia, enviando pilotos y técnicos de su Fuerza Aérea para acelerar la puesta a punto de los MiG somalíes. Arabia Saudita, Irak y Siria también hacen público su apoyo y pronto los somalíes comienzan a recibir gran cantidad de lotes de repuestos, municiones y personal de apoyo, principalmente egipcio. La falta de tiempo no permitiría reorganizar a las fuerzas somalíes, lo que significó que los tanques T-54 y piezas de artillería enviados por Egipto fuesen rápidamente desplegadas hacia el frente, mientras que los tanques M-47 y Centurión enviados por Arabia Saudita, y adquiridos a diversas fuentes, fuesen mantenidos en la retaguardia mientras se entrenaba al personal somalí en su empleo. Irak y Egipto enviaron aviones MiG-17F y MiG-21MF hacia Somalia para reforzar la línea de vuelo de forma inmediata, aeronaves que serían pilotadas por personal pakistaní y egipcio.
Pero no había tiempo, el 22 de enero de 1978 se lanza la gran ofensiva cubano-etíope, las fuerzas combinadas sumaban unos 35 Batallones que incluían 270 tanques y 162 piezas de artillería. Su misión era la de limpiar la zona de Harer y Dire Dawa de cualquier amenaza somalí, abrir las comunicaciones hacia el asediado bastión de Harer y preparar el terreno para lanzar una gran ofensiva contra Jijiga, localidad que estaba en manos de los somalíes y constituía su principal base de operaciones somalíes en la zona del Ogadén.
La aviación combinada ahora estaba azotando los esfuerzos somalíes en el frente, cada vez más efectivos, los ataques aéreos estaban causando graves daños a las fuerzas en tierra y comenzaban a afectar su moral. El empuje inicial con el que habían iniciado los combates contra los etíopes comenzó a perderse y los violentos combates contra las tropas combinadas obligaron a que los somalíes perdieran la iniciativa y se pusieran a la defensiva de forma total.
Haciendo un amplio uso de los cazas de reconocimiento táctico MiG-21R “Fishbed H”, los cubanos lograron incrementar la ventaja táctica de las fuerzas combinadas. Sus vuelos de reconocimiento no solo le permitían obtener la información sobre las posiciones somalíes en el frente, sino que detectaban las posiciones antiaéreas y el tren logístico, lo que permitía concentrar los ataques en blancos de alto valor y así disminuir la resistencia en el frente de manera indirecta. Los ataques aéreos combinados fueron ganando intensidad y precisión, aún con la densa respuesta antiaérea somalí, las incursiones eran constantes y la situación en el frente parecía empeorar.
Los somalíes habían desplegado en la zona unos 135 tanques, 100 blindados y transportes de personal, así como unas 200 piezas de artillería que se repartían en los cerca de 35 Brigadas (o Regimientos, por su tamaño), siendo la punta de lanza del avance.
Durante siete meses de guerra las tropas somalíes habían quedado desgastadas y el largo sitio de Harer las había desmoralizado gravemente cuando los cubanos hicieron su aparición. Como suma de males, la logística somalí, que se había mostrado bastante eficiente durante los primeros meses, comenzaba a menguar de manera importante (10). Entre octubre de 1977 y enero de 1978 los somalíes solo disponían de cuatro aviones de transporte An-2TP, un An-24T y dos An-26 para abastecer sus tropas en Jijiga, sin embargo, esto no siempre fue posible, primero porque la operatividad de las aeronaves muchas veces impedía que volaran, y en otras ocasiones porque los cazas etíopes les impedían ingresar a la zona de operaciones. En los últimos meses los pocos vuelos realizados habían llevado menos de 50 toneladas de provisiones, algo completamente insuficiente para los más de 50.000 hombres desplegados en la región.
Con las graves bajas sufridas durante la ofensiva combinada, los oficiales somalíes veían con preocupación a los guerrilleros del FLSO, los cuales mostraban un serio desgaste y su motivación se había perdido completamente tras las primeras derrotas que sufrieron, por lo que pasaron ser una carga más que una ventaja en los momentos críticos.

La otrora gran victoria somalí en Jijiga se transformaría en un serio contratiempo cuando la aviación cubano - etíope comenzó a atacar, con relativa impunidad, las posiciones somalíes en aquel sector. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

La otrora gran victoria somalí en Jijiga se transformaría en un serio contratiempo cuando la aviación cubano - etíope comenzó a atacar, con relativa impunidad, las posiciones somalíes en aquel sector. (Foto: Captura de pantalla de http://nazrettube.com)

La plana mayor combinada, dirigida por el general Ochoa, veía con satisfacción que sus planes se estaban llevando a cabo tal y como estaba previsto, y que las tropas etíopes habían recuperado su moral tras la inminente ruptura del cerco sobre Harer, lo que sumado a las mejoras del apoyo logístico y los refuerzos hizo que la situación fuese por demás positiva para las operaciones futuras.
Las acciones habían sido tan duras que las tropas somalíes que se encontraban en las cercanías de Dire Dawa habían sido obligadas a retroceder hasta Jijiga y las cercanías del remanente que trataba de sostener el cerco de Harer. Las otrora poderosas fuerzas acorazadas estaban duramente castigadas y muchos tanques habían sido destruidos o quedaron fuera de servicio sin posibilidades de recuperación a corto plazo.
Para peor, la aviación combinada incrementaba su presión sobre el frente, los MiG-17F y MiG-21bis cubanos, sumados a algunos MiG-21MF ya pilotados por etíopes, comenzaban a concentrar sus ataques sobre las fuerzas somalíes utilizando cohetes de 57 y 80 mm, además de bombas de 250 Kg., el desgastado tren logístico somalí era el principal blanco de estos ataques.
La FAE logra incrementar las operaciones de los F-5A gracias a la llegada de repuestos, mientras que los F-5E se dedicaron a realizar misiones de escolta y defensa aérea ante cualquier hipotética incursión aérea somalí.
Los combates en Harer se prolongaron hasta el 2 de Febrero, fecha en que los somalíes sufren una dura derrota e inician su retirada. Habían perdido 57 tanques y unas 50 piezas de artillería, sus bajas se elevaban a 4.000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, además de sufrir los primeros casos de deserción en número. Los comandantes somalíes se reorganizan en Jijiga, reforzando el dispositivo en la zona a medida que las fuerzas provenientes de Harer van llegando al dispositivo.
Desde la retaguardia se comenzaban a preparar los primeros contingentes de refuerzo para ser enviados al frente tan pronto como estuviesen listos, estos elementos estaban dirigidos y entrenados por personal egipcio, principalmente, y disponían de una gran variedad de armas.
Los somalíes habían logrado derribar un MiG-17F y dos MiG-21bis cubanos durante los combates, mientras que los etíopes habían perdido un F-5A y un MiG-21MF a causa de la antiaérea somalí, lo que demuestra que aún en situación crítica habían logrado un importante éxito al intentar defenderse de los ataques aéreos combinados, aunque estos logros se obtuvieron gracias al contingente egipcio.

El despliegue francés

La independencia de Yibuti estaba prevista para el 27 de junio de 1977, sin embargo, ante las amenazas de Siad Barre, el gobierno francés decide realizar un despliegue de presencia en la zona.

Francia decidió desplegar un gran contingente militar en el Cuerno de África y Yibuti para defender la independencia de este último. Los cazas navales F-8FN de la Aeronavale incluso llegaron a trabar combate contra cazas MiG-21 yemeníes, aunque sin pasar a mayores. (Foto: Aeronavale)

Francia decidió desplegar un gran contingente militar en el Cuerno de África y Yibuti para defender la independencia de este último. Los cazas navales F-8FN de la Aeronavale incluso llegaron a trabar combate contra cazas MiG-21 yemeníes, aunque sin pasar a mayores. (Foto: Aeronavale)

Denominada como operación “Saphir I”, este despliegue suponía al grupo de batalla del portaaviones “Foch” (R-99), con cazas F-8FN “Crusader” (14F) y cazabombarderos “Etendard” IVM (11F) y los de reconocimiento “Etendard” IVP (16F), entre otros medios. El Ejército del Aire francés desplegaría cazabombarderos F-100D “Super Sabre” del escuadrón 4/11 “Jura” en Yibuti.
Durante un supuesto ejercicio de combate aéreo sobre el Mar Rojo entre dos F-8FN y dos F-100D, el 7 de mayo de 1977, el líder de la patrulla de cazas navales solicita el apoyo de su punto debido a que los cazas con los que estaba trabando un combate aéreo eran MiG-21 yemeníes, tras recibir la orden de disparar en caso de ser atacados, los aviones yemeníes retornaron a su base, siendo el único incidente producido durante la operación “Saphire I”.
Este despliegue se extendió hasta el 10 de diciembre de 1977, cuando el “Foch” retornaría a Francia, dando inicio a la operación “Saphir II”, donde el portaaviones R-98 “Clemenceau” le reemplazaría.
Ya con anterioridad, la 13me Demi Brigada de la Legión Extranjera francesa se pone en máxima alerta en las fronteras de Yibuti, con el objeto de evitar cualquier violación de las mismas por parte Etiopía o Somalia.
Británicos y norteamericanos también hacen acto de presencia en la región, donde los soviéticos ya mostraban su despliegue en la zona por medio de aviones de inteligencia electrónica y patrulla marítima, los cuales operaban desde Yemen del Sur.

La trampa de Jijiga

En el frente del Ogadén, las fuerzas combinadas se alistaron para realizar la que sería la acción más espectacular de la guerra, una trampa en la ciudad de Jijiga que serviría como golpe definitivo a las tropas somalíes en el Ogadén.
Los somalíes habían comenzado a fortalecer sus líneas en el paso montañoso de Gara Marda y las elevaciones que controlaban los accesos a Jijiga, mientras que trataban de hacer llegar la mayor cantidad posible de refuerzos a la primera línea del frente en esa localidad. El estado mayor del general Ochoa había puesto a punto una de las mayores operaciones de envolvimiento vertical de la Historia, y, según las fuentes que se consulten, sería el general Petrov el responsable de hacerla realidad.

El 3 de marzo de 1978 unidades etíope-cubanas inician su asalto contra Jijiga, encabezado por unidades acorazadas con tanques T-55. (Foto: www.ecured.cu)

El 3 de marzo de 1978 unidades etíope-cubanas inician su asalto contra Jijiga, encabezado por unidades acorazadas con tanques T-55. (Foto: www.ecured.cu)

El 3 de Marzo de 1978, una Brigada de Tanques cubana, junto con dos Brigadas de Infantería etíope, realiza un ataque desde el Sur hacia Jijiga. Más de 90 tanques y un gran apoyo artillero servirían de punta de lanza al ataque. Las cinco Brigadas somalíes que guarnecían Jijiga son aferradas a un combate contra las fuerzas combinadas que llegaban desde el Sur, intentando frenar su avance, a la vez que dos de las cuatro Brigadas desplegadas en el paso de Gara Marda y sus alrededores son alistadas para lanzar un contraataque hacia el avance cubano-etíope.
Para entonces los somalíes no se percatan de la trampa, las fuerzas soviéticas habían preparado un impresionante dispositivo para llevar a cabo la operación de asalto helitransportado contra la retaguardia somalí. Nueve helicópteros Mi-6 “Hook” y más de una veintena de helicópteros Mi-8 “Hip” son alistados para aquella acción, dirigida por el general Petrov: Entre los asesores soviéticos se incluía un reducido contingente de Spetnaz y paracaidistas rusos que fueron los que marcaron las pautas básicas de esta operación. (12)
Desde Dire Dawa, los helicópteros Mi-8 iniciaron el primer movimiento aéreo, unos 500 infantes fueron enviados como primer escalón hacia Jijiga, asegurando una gran zona de aterrizaje. Cerca de un Batallón completo de infantería etíope y cubana, lo que incluía morteros y cañones sin retroceso para el apoyo de fuego, había sido desplegado en la zona. Tan pronto como todo estuvo listo, se produce la segunda ola de asalto, en este caso, además de la infantería etíope y cubana, los inmensos helicópteros Mi-6 transportaron alrededor de 70 blindados ligeros ASU-57, de dudoso potencial como armas antitanques, pero eficientes para el apoyo de fuego. Más de 1.000 soldados habían sido ya enviados hacia las cercanías de Jijiga, apoyados por un cierto número de piezas de artillería ligera y un puñado de blindados ligeros, permitiendo fortalecer la posición y asegurar los futuros refuerzos.
Las oleadas de helicópteros fueron continuas, unos 3.000 soldados, blindados BRDM-1 habían sido enviados por vía aérea hasta la zona de operaciones por medio del masivo empleo de los helicópteros desplegados en la zona.
Dos días después, las fuerzas aerotransportadas atacan Jijiga desde el Norte, los somalíes son sorprendidos completamente y sus planes son completamente destrozados. Sus fuerzas llevaban dos días resistiendo el ataque mecanizado desde el Sur, el que prácticamente los había agotado y había disminuido sus elementos de tanques al máximo. La confusión reinante era tremenda, los somalíes se veían ahora atacados desde dos frentes y sus esfuerzos de concentrar fuerzas se veían imposibilitados.
Aprovechando la oportunidad táctica, el general Ochoa ordena que una segunda Brigada de Tanques cubana, junto con otra de Infantería etíope, atraviesen el paso de Gara Marda, estrangulando, de esta manera, a las fuerzas somalíes, y amenazando seriamente su último reducto en la zona.

Los pequeño y ágiles cañones de asalto aerotransportados ASU-57 jugaron un papel fundamental en el asalto aerotransportado contra Jijiga. (Foto: Internet - Archivos Dintel GID)

Los pequeño y ágiles cañones de asalto aerotransportados ASU-57 jugaron un papel fundamental en el asalto aerotransportado contra Jijiga. (Foto: Internet - Archivos Dintel GID)

Para complicar aún más los problemas defensivos somalíes, la aviación etíope y cubana lanzó más de 250 misiones de ataque y apoyo cercano durante el transcurso de las operaciones terrestres. Aunque algunos reportes informan que en estas acciones participaron los primeros aviones de ataque MiG-23BN transferidos por la URSS a Etiopía, lo cierto es que estas aeronaves no estuvieron disponibles hasta bastante después de la campaña.
Los que sí estuvieron operativos y tuvieron una destacada participación fueron los helicópteros de ataque Mi-24 “Hind A”, los cuales utilizaron sus cohetes de 57 mm y bombas de caída libre para atacar a las tropas somalíes en tierra, mientras que dispararon sus misiles antitanques AT-2 “Swatter” contra cualquier blindado somalí que se acercara hacia las fuerzas aerotransportadas desplegadas al Norte de Jijiga.
Por su lado, los somalíes se acreditan el derribo de dos cazas MiG-21MF etíopes cuando se encontraban atacando objetivos en territorio de Somalia, posiblemente sobre la base de Hargeysa, donde las baterías de misiles antiaéreos SA-3 “Goa” se atribuirían dichas victorias.
Con su posición seriamente comprometida y sus recursos reducidos al máximo, la maniobra aerotransportada dejó a los planificadores somalíes completamente sorprendidos y los avances posteriores provocaron un desmoronamiento paulatino de las tropas en el frente.
Algunas unidades rompen contacto con las fuerzas combinadas y se ponen en fuga hacia la frontera somalí, distante unos 70 Km., mientras que la aviación hostigaba permanentemente a las pocas fuerzas que aún resistían en el último bastión somalí en territorio del Ogadén. Estas fuerzas terminaron siendo destruidas o se rendían en masa ante el avance acorazado cubano-etiope.

Para apoyar las operaciones aeromóviles las fuerzas soviéticas trajeron consigo seis helicópteros Mi-24A “Hind B”, los cuales serían utilizados con gran éxito contra las fuerzas somalíes en lo que sería el estreno en combate de este famoso helicóptero. Este aparato desertó a Yibuti en mayo de 1991. (Foto: Tom Cooper - ACIG.org)

Para apoyar las operaciones aeromóviles las fuerzas soviéticas trajeron consigo seis helicópteros Mi-24A “Hind B”, los cuales serían utilizados con gran éxito contra las fuerzas somalíes en lo que sería el estreno en combate de este famoso helicóptero. Este aparato desertó a Yibuti en mayo de 1991. (Foto: Tom Cooper - ACIG.org)

Tras meses de desgaste por los combates, más de 6.000 bajas adicionales se sumaban a las ya sufridas durante la campaña, los somalíes habían perdido todo potencial de combate y el grueso de las unidades supervivientes carecían de cualquier cohesión que permitiese reorganizarlas y emplearlas en acción.
El ataque contra Gara Marda había sido el movimiento más decisivo, las únicas fuerzas relativamente bien organizadas en la región entran en pánico ante la posibilidad de verse cercadas y comienzan una desordenada retirada.
El mismo 5 de Marzo de 1978 la ciudad de Jijiga es recuperada por las fuerzas etíope-cubanas, en tanto que cuatro días después, el presidente somalí Siad Barre admite la derrota de sus fuerzas militares en el Ogadén y anuncia la retirada de sus tropas.
Los combates de muy pequeña envergadura se continúan hasta el 13 de marzo, fecha en que el gobierno etíope es informado por el general Ochoa de que se había liberado la población de Gode, primera conquista somalí al iniciarse la guerra, y que se había completado la limpieza de todo el Ogadén de fuerzas somalíes, ya sean regulares o del Frente de Liberación de Somalia Occidental.
La guerra entre Etiopía y Somalia había concluido después de nueve meses de enfrentamientos, donde Etiopía era el teórico derrotado, pero que gracias al excelente empleo de su poder aéreo desde el principio del conflicto y al apoyo soviético y cubano logró dar vuelta la crítica situación por medio de una operación militar de diez días.

Los enfrentamientos de posguerra

Tras la derrota de Gara Marda y Jijiga, mucho material somalí cayó en manos etíopes, como este tanque T-55, y abundante armamento ligero, como las veteranas pistolas ametralladoras PPSh-41 expuestas en primer plano. (Foto: Tanques Soviéticos Modernos - Steven Zaloga - Osprey Publishing)

Tras la derrota de Gara Marda y Jijiga, mucho material somalí cayó en manos etíopes, como este tanque T-55, y abundante armamento ligero, como las veteranas pistolas ametralladoras PPSh-41 expuestas en primer plano. (Foto: Tanques Soviéticos Modernos - Steven Zaloga - Osprey Publishing)

Si bien la guerra terminó oficialmente el 9 de marzo, la estúpida aventura de Siad Barre prolongó la crisis fronteriza a una escala muy inferior y las tensiones se mantuvieron a lo largo de más de dos años.
Tras el cese de hostilidades, ya con el peso del poder militar a su favor y con la iniciativa en sus manos, Etiopía logró no solo mejorar las capacidades de sus fuerzas armadas, sino comenzar a concentrar sus esfuerzos en una zona estratégicamente vital, la provincia de Eritrea, que de perderse significaría perder definitivamente la salida al mar para Addis Abeba.
Los enfrentamientos en el Ogadén volvieron a una intensidad ínfima con respecto a los que se habían registrado, incluso, antes de la invasión somalí. El FLSO había logrado reorganizarse y aún mantenía algunas fuerzas que intentaban sostener la lucha, sin embargo, el apoyo del gobierno somalí no era tan amplio como era de esperarse, ya que incluso los países árabes ahora se concentraban en el apoyo a las guerrilleras eritreas. Cada incursión guerrillera en Ogadén era respondida por la persecución desde el aire por parte de los etíopes, e incluso operaciones terrestres de baja intensidad que controlaron rápidamente el accionar del FLSO.
Observando esta situación, el Corpo Aeronautico della Somalia se había potenciado como le fue posible. Había recibido un puñado de MiG-17F iraquíes y egipcios, así como unos pocos MiG-21MF egipcios, con ellos, los pilotos pakistaníes y egipcios mantuvieron un limitado control del espacio aéreo durante marzo, en conjunto que los egipcios ponían en condiciones las baterías de misiles SA-2 “Guideline” y SA-3 “Goa” en sus diversos emplazamientos, que desde julio de 1977 habían quedado sin apoyo soviético o cubano. En abril, los técnicos egipcios y pakistaníes habían logrado poner en servicio 19 cazas MiG-21MF, además de reconstruir gran parte de la base aérea de Hargeysa.
Entre el 1 y el 4 de abril, el CAS reclama el derribo de tres cazas MiG-21MF etíopes por parte de sus propios cazas MiG-21MF, volados por pilotos egipcios. Los aviones etíopes habían cruzado la frontera somalí mientras perseguían a las fuerzas del FSLO que aún se mantenían reorganizándose en el Ogadén. Estos enfrentamientos aéreos no se prolongaron demasiado, aunque si las escaramuzas fronterizas, que nunca alcanzaron una gran escala.
En mayo de 1978 se reciben los primeros cazas F-6B (copias chinas del MiG-19SF), que componían un lote de doce unidades suministradas por la República Popular China, a través de la gestión pakistaní, y que eran volados y mantenidos por los mercenarios pakistaníes.
Para 1980, la crisis fronteriza se había ya superado en gran medida y las fuerzas etíopes estaban completamente reorganizadas y equipadas. Es así que ese año las tropas cubanas inician su repliegue y antes de fin de año habían dejado Etiopía y retornaban hacia Cuba. El último incidente entre Etiopía y Somalia se registró en 1981, cuando dos cazas etíopes MiG-21MF interceptan y derriban a dos cazas F-6B somalíes sobre la frontera del Ogadén.

Conclusiones de un conflicto de intereses y de sueños trasnochados

La gran actividad de inteligencia y despliegue militar que generó este conflicto atrajo a la región actores tan destacados como USA, Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética, además de la participación directa en el conflicto de las fuerzas cubanas, yemeníes, soviéticas, pakistaníes y egipcias.
A todas luces era un conflicto altamente internacionalizado, con acciones diplomáticas típicas de la Guerra Fría, donde se movieron influencias y actores como en un tablero de ajedrez que, a la larga, no benefició ni a las potencias interesadas, ni a los países que se internaron en el conflicto.

En 1992 tropas de la ONU ingresan al aeropuerto de Mogadiscio, encontrando los restos de lo que fuera el Cuerpo Aéreo de Somalía. (Foto: Internet - Archivos Dintel GID)

En 1992 tropas de la ONU ingresan al aeropuerto de Mogadiscio, encontrando los restos de lo que fuera el Cuerpo Aéreo de Somalía. (Foto: Internet - Archivos Dintel GID)

Para Siad Barre, la pérdida del respaldo internacional de una gran superpotencia, cualquiera sea, solo le llevó a una declinación del poder en Somalia que, más allá de la ayuda italiana, que incluyó armamentos y helicópteros para mantenerlo en la esfera occidental, solo trajo una sangrienta guerra civil donde los clanes y bandas delincuentes se disputaban el país que poco a poco se transformaba en un territorio delineado en un mapa y que para fines de los 80’s se lo consideraba ya como un “Estado Basura”, definición de un país cuyas estructuras gubernamentales desaparecen completamente y vive en un terrible caos. Nada pudo contener la descomposición interna del país y ese sueño “Gran Somalia Unida” solo logró la destrucción de la nación que hoy a duras penas logra una mínima estabilización tras la intervención de fuerzas etíopes, apoyando a fuerzas somalíes, para derrocar a un gobierno islámico, acción no solo apoyada económica y políticamente por Washington, sino incluso por sus fuerzas militares (13).
Por el lado etíope, la afinidad con Moscú le permitió retener su integridad territorial hasta 1990, cuando el derrumbe de la URSS y los propios conflictos que eso trajo desestabilizó la situación etíope. Más allá de esto, la decisión de Mengistu de solicitar el apoyo cubano trajo como colación las consecuencias que Moscú no había deseado. Para 1977, la inclinación de Addis Abeba hacia el comunismo significó un golpe para la guerrilla del Frente Popular de Liberación de Eritrea (FLPE), que perdió su gran apoyo ideológico, mientras que la intervención cubana motivó que el apoyo árabe reforzara al Frente de Liberación de Eritrea (FLE), de inclinación nacionalista.
Ambos ya estaban unificados para 1978, lo que implicó que los apoyos árabes fluyeran con mayor intensidad, el FLPE recibía apoyo político de Somalia, y político y militar de Kuwait, mientras que el FLE recibía apoyo político y militar de Sudán, Siria, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Yemen del Norte, éste último enfrentado a Yemen del Sur, que a su vez apoyaba a Etiopía.
El apoyo soviético y la prolongación de las operaciones en Eritrea solo prolongó su ansiada independencia hasta 1991, cuando Addis Abeba ya no pudo contener más la situación dentro de un nuevo Orden Internacional donde las grandes potencias comenzaban a buscar soluciones idílicas de los conflictos generados por ellas décadas atrás. Los conflictos entre Etiopía y Eritrea, ésta última ya como nación soberana, se prolongaron desde su Independencia al día de hoy, incluyendo incursiones a pequeña, media y gran escala, combates aéreos y demás acciones militares del tipo.

Referencias
1. Y en pleno Siglo XXI Somalia y la zona del cuerno de África han vuelto a atraer la atención mundial debido a los graves actos de piratería que se están afectando a la navegación mercante internacional. A su vez, el Océano Índico tiene una importancia fundamental en los intereses estratégicos de la República Popular China.
2. Durante los años 70’s la expansión del poder aeronaval de USA y la URSS en la región se hizo muy importante, a tal punto que USA expandió las instalaciones de la isla de Diego García, hoy punto neurálgico de las operaciones en esa región. Asimismo, la infantería de marina norteamericana se reorganizó, a mediados de los 70’s, para mantenerse como una fuerza expedicionaria capaz de operar en varias zona, siendo el Índico y el Cuerno de África uno de sus objetivos.
3. No se tiene certeza de que los Il-28 “Beagle” fuesen entregados a Somalia, ni mucho menos que hayan sido utilizados en combate.
4. Se discute la presencia de mercenarios pakistaníes en el CAS, pero no hay suficientes pruebas para desacreditar la información existente o que avale el personal haya sido enteramente somalí durante la guerra del Ogadén. Tampoco se menciona personal de otras naciones árabes, aunque se podrían mencionar pilotos egipcios.
5. http://nazrettube.com/motion/videos/6933/the-capture-of-jigjiga-(jijiga)-in-the-1977-war-between-ethiopia-and-somalia
6. Israel mantenía estrechos lazos con Etiopía, donde no solo asesoraba a sus militares y gobernantes, sino que había infiltrado agentes en sus fuerzas de seguridad. Mientras se mantuvo en la esfera occidental, Israel, e Irán, mantenían el apoyo a Addis Abeba con el beneplácito de Washington. Se dice que un núcleo de mercenarios, que incluía pilotos, había arribado en julio de 1977, aunque el rumor no está confirmado y hay fuentes que lo descartan.
7. Hay mucha bibliografía interesante sobre el conflicto del Ogadén, ya sea analizando sus aspectos geopolíticos, como los militares y doctrinarios específicos. En castellano pueden encontrarse algunos libros argentinos de excelente nivel, aunque escritos con la información disponible entonces.
8. Polonia, tras la retirada norteamericana de Vietnam, envío especialistas aeronáuticos a ese país, donde no solo aprendieron a volar el F-5, sino que incluso formaron personal de mantenimiento y al menos un caza ligero fue adquirido para evaluaciones operativas.
9. El apoyo a Somalia fue rápidamente gestionado por Washington, obteniendo financiación de Kuwait y Arabia Saudita, mientras que Egipto y Libia canalizaban la transferencia de repuestos a través de Pakistán. Luego Egipto se transformaría en una pieza fundamental para recuperar la capacidad operativa de las armas somalíes.
10. Aunque los ataques aéreos de la aviación etíope habían logrado causar algunos daños de importancia en la retaguardia somalí, el principal problema logístico de las fuerzas somalíes se produjo debido a la gran destrucción de camiones que realizaban el tren logístico del frente, donde los cazas etíopes tuvieron un éxito importante.
11. Las fuentes de habla inglesa indican que Petrov estaba al mando de las operaciones militares en el Ogadén, las fuentes cubanas aseguran que fue Ochoa. Sin duda alguna, el general cubano Arnaldo Ochoa estuvo al mando de las operaciones, aunque Petrov comandó las acciones aeromóviles, o al menos las dirigió desde su planificación.
12. El asalto aéreo a Jijiga fue una típica operación aeromóvil moderna, sin embargo, en esa época fue orquestada por los asesores soviéticos, los cuales incluían fuerzas paracaidistas (VDV) y comandos Spetnaz (Speltziasnoye Naznatchenye, o Unidades de Propósitos Especiales). Este contingente arribó después de terminado el puente aéreo soviético e incluyó blindados aerotransportados ASU-57 y el entrenamiento del personal cubano y/o etíope en su doctrina de empleo.
13. En 2007, el gobierno Etíope decidió apoyar a las facciones moderadas de Somalia para derrocar al régimen islámico que estaba gobernando Somalia. La acción reveló que las sospechas de que Washington estaba detrás de esto eran ciertas, luego de que la prensa informara sobre el accionar de aviones cañoneros AC-130H “Spectre” atacando a los restos de las milicias islámicas como apoyo a las fuerzas etíope-somalíes.

Fuentes:
Este artículo fue realizado por Marcelo J. Rivera en 2003 (Dintel GID 2003 ®) y revisado en 2007 y 2012, quedando completamente prohibida su reproducción total o parcial sin autorización previa del autor. Agradecemos la información y correcciones brindadas por el señor Ruben Urribares.

  • Apuntes Dintel GID “África y Océano Índico”
  • Air Combat Information Group: www.acig.org
  • Ruben Urribares: http://urrib2000.narod.ru/
  • “Nuestro Hombre en Eritrea”, Arturo Perez Reverte, Revista Defensa, Año I, Nº 1, Abril 1978.
  • “Diego García y la estratégica del Océano Índico”, Francisco Ignacio de Cáceres, Revista Defensa, Año II, Nº 13, Mayo de 1979.
  • http://www.acig.info/CMS/index.php?option=com_content&task=view&id=140&Itemid=47
  • http://nazrettube.com/motion/videos/6933/the-capture-of-jigjiga-(jijiga)-in-the-1977-war-between-ethiopia-and-somalia
  • http://home.eblcom.ch/f5enthusiast/AirForces/EthiopiaAF.html
  • http://forum.keypublishing.co.uk/printthread.php?t=51926&pp=40&page=42
  • http://www.ecured.cu/index.php/Guerra_del_Ogaden