Especial Malvinas – Operativo “Rosario”

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Los motivos reales que llevaron a la dictadura militar argentina a iniciar la recuperación de las islas Malvinas en 1982 son realmente inciertos. Algunos investigadores aseguran que la operación “Alfa” (1) en las islas Georgias y su complicación tras el “incidente Davidoff” aceleró alguna reacción específica, en otros casos se habla de rivalidades a nivel liderazgo, mientras que la tesis más común es la de buscar una válvula de escape a la presión que estaba sintiendo la dictadura debido a la presión negativa de la sociedad, que ya no toleraba más un gobierno militar, y de comprobada tendencia genocida.

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Las relaciones con Malvinas y los británicos no siempre fueron malas, aquí se observa la recepción del primer vuelo de LADE desde Argentina a Malvinas el 15 de Noviembre de 1972. (Foto: Internet)

Sin embargo hay un cúmulo de situaciones que llevaron a la guerra en el momento menos propicio para ello, si es que había algún momento apto. Durante años se había esperado la posibilidad de destrabar las negociaciones diplomáticas en Malvinas, sin embargo, los intereses de la Falklands Island Company, que dominaba la situación socioeconómica de las islas casi por encima de los intereses del gobierno, siempre bloqueaban las jugadas diplomáticas británicas y la situación volvía al comienzo. Con la llegada de los militares al poder, los reclamos se hicieron cada vez más intensos y exigentes, a tal punto que en más de una oportunidad los diplomáticos británicos recibieron la advertencia de que de continuar la postura inflexible en torno a la situación de las islas, la Junta Militar se comenzaría a impacientar.
Cuando en 1976 los argentinos establecieron su presencia en las islas Sándwich del Sur, conocidas como South Thule para los británicos, la situación comenzó a preocupar cada vez más. En 1977, en una operación secreta, los británicos despacharon hacia el Atlántico Sur a la fragata HMS F-42 “Phoebe” y al submarino nuclear S-101 “Dreadnought” con la intención de disuadir a los argentinos de cualquier intento de acción sobre las Malvinas, aunque la operación tuvo sus serios contratiempos y no llamó mucho la atención. Para entonces, la relación entre ambos países comenzaba a enfriarse considerablemente y no es de despreciar la posibilidad que la operación “Alfa” se haya desarrollado desde la puesta bajo soberanía argentina las islas Sándwich del Sur.
Como medida de presión, en 1979 Argentina comenzó a disminuir la frecuencia de los vuelos de LADE (Líneas Aéreas del Estado) hacia la capital de las islas, también retrasó deliberadamente la partida de un buque de aprovisionamiento con destino a las mismas. En los informes británicos posteriores a la guerra de Malvinas (Informe Franks), se reconoció que las continuas trabas británicas a las negociaciones habían generado un clima de tensión que, incluso, había sido advertido por los círculos diplomáticos argentinos de manera informal y que habían quedado asentados en muchos casos.
Así, en 1981, la Junta Militar argentina se había cansado de las constantes chicanas diplomáticas británicas, por ello se ordenó establecer una Hipótesis de Crisis, Hipótesis de Conflicto e Hipótesis de Guerra completamente actualizada, ya que había documentos previos, que permitiera establecer una salida forzada a cualquier estancamiento de las negociaciones.

De inmediato, el almirante Isaac Anaya presentó un plan para recuperar las islas Malvinas mediante una acción militar sorpresiva, rápida y completamente incruenta que permitiera recuperar las islas y poner a la Argentina en una posición más ventajosa para retomar las negociaciones diplomáticas. Los planes no eran del todo malos, aunque el contexto en el que el gobierno argentino se encontraba no era el más apto para que pudiese resultar (2).

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La fragata HMS (F-42) “Phoebe” fue protagonista de la primera crisis entre Argentina y Gran Bretaña en 1976. (Foto: World Naval Ships)

Para 1982, la Comisión de Trabajo Conjunta, establecida para analizar el caso Malvinas informaba que aún se estaba trabajando y que los resultados no estarían listos hasta fines de año de manera concluyente. Se habían trazado los pasos diplomáticos para la Hipótesis de Crisis, pero no se habían completado los esquemas de las Hipótesis de Crisis e Hipótesis de Conflicto, que preveían, sin mayores detalles, que las FFAA estarían en condiciones de realizar alguna acción militar de envergadura a partir de 1984. Los planificadores militares estimaron que una operación militar diplomática (la recuperación de Malvinas como medida de negociación) podría ser factible a partir del 15 de mayo, cuando la inminencia del invierno austral ofrecería una tregua a cualquier accionar militar británico y beneficiaría la salida diplomática.

Sin embargo, los planificadores también fueron claros en algo crítico, las FFAA argentinas no estarían en condiciones militares óptimas hasta 1984 para una acción bélica de mayores características frente a un enemigo tan poderoso, ya que aún quedaba recabar muchísima información de inteligencia.
Cuando en marzo se produjo el llamado “Incidente Davidoff” (3), la crisis comenzó a agudizarse y la Junta Militar debió tomar una decisión imperiosa, la cual, al fin y al cabo, demostró ser apresurada y que tuvo unas nefastas consecuencias, de cara al futuro, en lo que a la situación de Malvinas se refiere.
Ante la imposibilidad de reiniciar las negociaciones, debido a que la situación en Georgias se estaba disparando, y ante la necesidad de tomar ventaja para destrabar las conversaciones, se decidió acelerar la operación militar, principalmente por la posibilidad de que los británicos reforzaran las islas y desbarataran el único plan existente en ese momento. Así, la Hipótesis de Crisis tomó un giro inesperado y las negociaciones fueron interpretadas de formas muy diferentes por ambos países.

El operativo Rosario en marcha

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El BDT (Q-42) “Cabo San Antonio” sería el núcleo de la fuerza principal de asalto anfibio. (Foto: Internet)

El 23 de marzo de 1982, la Junta Militar argentina ordena la puesta en marcha de los preparativos para una posible acción militar con el objeto de recuperar las islas Malvinas. Por tal motivo, ese mismo día, el vicealmirante Juan José Lombardo ordenó al Comandante de la Flota de Mar (FLOMAR), Walter Allara, y al comandante de la Infantería de Marina (IMARA), Carlos Busser, “Acelerar los preparativos para el planeamiento de una operación anfibia con el objeto de estar listos en un plazo máximo de 72 horas”. La orden estaba complementada por una serie de directivas específicas para la operación y se asemejaba al típico planeamiento de un ejercicio anfibio, Allara informó que “dicha orden podría ser autorizada o cancelada en cualquier momento”. Ambos jefes sabían que dichas órdenes se repetían con cierta regularidad desde 1977, y que muchas veces se iniciaba el ejercicio y antes de completarse había sido ya cancelado, sin embargo, esta vez sería diferente.

El jueves 25 de marzo de 1982, ambos comandantes fueron informados que la operación estaba destinada a recuperar las islas Malvinas, por tanto se ordenó la preparación de los elementos encargados de participar en la misma. El viernes 26 de mayo, el Batallón de Infantería de Marina nº 2 (BIM 2), inició la preparación de su personal y equipo para ser embarcado en el buque de desembarco de tanques (BDT) ARA Q-42 “Cabo San Antonio”, lo que incluía, también, los vehículos anfibios LARC-5 y LVTP-7 del Batallón de Vehículos de Asalto Anfibio, que jugarían un papel fundamental en la operación de Malvinas al otorgar movilidad y protección a las fuerzas argentinas. Elementos de la Agrupación de Buzos Tácticos y la Agrupación de Comandos Anfibios serían componentes vitales para el éxito de la acción.
Más tarde se unió la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 (RI 25), que comenzaron a llegar a Puerto Belgrano a bordo de aviones de transporte C-130 “Hércules” de la Fuerza Aérea. Las fuerzas del Ejército se encargarían de la ocupación de las islas una vez que estas fueran recuperadas por los infantes de marina, aunque finalmente también participarían de la operación inicial. En la noche del sábado 27 de marzo, los buques estaban completamente cargados, con sus tripulaciones de tiempos de guerra, munición real y combustible al máximo. Las tropas, desplegadas y distribuidas en los buques asignados, estaban ya listos para partir.
Hasta aquí, todo era un ejercicio, solo los máximos comandantes militares sabían en realidad cuál era la misión que les sería encomendada, aunque más de uno sabía que la operación podría ser cancelada y los planes nuevamente archivados como se había hecho en más de una oportunidad. El personal de baja graduación había sido informado que realizaría un ejercicio conjunto en la Patagonia, mientras que los buques de la FLOMAR realizarían un ejercicio antisubmarino en sus costas. El secreto que rodeaba a la operación era total, y así se mantuvo hasta el mismo día del desembarco.

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La cubierta del portaaviones “Veinticinco de Mayo” el día 2 de abril de 1982. (Foto: Nuestro Mar

El domingo 28 de marzo, las unidades navales zarpan desde Puerto Belgrano, la maquinaria naval puesta en marcha era impresionante para una operación tan limitada. El Grupo de Tareas 20 se encargaría de realizar las misiones de cobertura aérea y apoyo, contando con el portaaviones V-2 “Veinticinco de Mayo”, con su Grupo Aéreo Embarcado compuesto por tres aviones antisubmarinos S-2E “Tracker”, tres cazabombarderos A-4Q “Skyhawk” y algunos helicópteros, siendo escoltados por los destructores antiaéreos D-1 “Hércules” y D-2 “Santísima Trinidad”, con un helicóptero “Sea Lynx” HAS.Mk.23 cada uno, y las corbetas P-31 “Drummond” y P-33 “Granville”.
El Grupo de Tareas 40, destinado a la operación anfibia, estaba compuesto por el buque de desembarco de tanques Q-42 “Cabo San Antonio”, el rompehielos Q-5 “Almirante Irizar” y el transporte “Isla de los Estados”. Como elemento de apoyo se había despachado el veteranísimo submarino S-21 “Santa Fe”, el que constituía el Grupo de Tareas Especiales, con elementos de la Agrupación de Buzos Tácticos embarcados en él. Por entonces el Grupo Naval Antártico, compuesto por el buque de apoyo polar B-1 “Bahía Paraíso”, se transformaría en el Grupo de Tareas 60, encontrándose ya operando en las islas Georgias, y al cual se le integraría la corbeta P-32 “Guerrico”, que había sido apresuradamente puesta en servicio, ya que al momento de iniciarse la operación el buque se encontraba en mantenimiento de rutina en dique seco. La corbeta debería transportar refuerzos hacia las Georgias y permitir sostener las posiciones que los infantes de marina disponían en Puerto Leith, posibilitando un desembarco en Grytviken. Para esa misión transportaba una Sección de infantes de marina, que serían traspasados al transporte polar y realizarían un desembarco aéreo con los dos helicópteros, un SA-330 “Puma” del Ejército y un SA-319B “Alouette 3” de la Armada, embarcados en el “Bahía Paraíso”.
Una fuerza impresionante, un portaaviones, dos destructores, tres corbetas, un submarino, un buque de desembarco, un rompehielos, un transporte polar y un mercante, con tres aviones de combate, tres antisubmarinos y un número cercano a los diez helicópteros.

Las fuerzas británicas en Malvinas

Las fuerzas británicas desplegadas en Malvinas estaban compuestas por el Naval Party 8901, el cual normalmente se componía de unos 47 hombres con armamento ligero. Sin embargo, para marzo de 1982 se había iniciado el procedimiento de rotación de las tropas británicas para el periodo 1982/1983. El jefe del destacamento era el mayor Gary Noott, quien entregaría el comando del Naval Party 8901 (NP 8901) al mayor Mike Norman para su nuevo periodo de un año de servicio.
Éste último recibió el mando del contingente inglés de forma apresurada el 1 de abril de 1982 en una pequeña ceremonia en los cuarteles de Moody Brooke, y a las 1530 horas de ese día, el gobernador de las islas, Rex Hunt, convocó a ambos oficiales para informarles sobre un telegrama llegado desde Londres:

“Una flota de invasión argentina se encontrará mañana a la altura de cabo Pembroke. Es muy probable que la fuerza desembarque. A ustedes les corresponde tomar las decisiones oportunas.”

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La Sección 2 del MP 8901 tomó posiciones sobre la antigua pista de aterrizaje de Port Stanley, contando con una ametralladora GPMG de 7.62 mm, además de los fusiles L1A1 SLR. (Foto: FlyingMarine.com)

La noticia cayó como un baldazo de agua fría, Norman disponía de 43 hombres del grupo de relevo, más otros 25 “veteranos”, mientras que otros doce estaban embarcados en el rompehielos de patrulla HMS “Endurance” y otros diez habían desembarcado en las Georgias para mantener la posición ante el inminente accionar de las fuerzas argentinas.
Norman y Noott pronto comenzaron un apresurado trabajo en el plan defensivo, el cual ya tenía algunos adelantos ya que en las fechas previas se tenía la certeza que los argentinos podrían lanzar un desembarco. Sabiendo que en la flota argentina se encontraba al menos un buque de desembarco anfibio, hizo suponer a Norman que serían ampliamente superados en número, por lo que decidió resistir el mayor tiempo posible antes de rendirse. De esta manera, comenzaron el despliegue de sus tropas protegiendo los objetivos principales, es decir, el aeropuerto y la capital, Port Stanley (4), desde donde se podría controlar el puerto y los accesos a la capital. El Cuartel General del NP 8901 fue reubicado en la casa del gobernador, mientras que la distribución de las tropas se produjo en torno al puerto y el aeropuerto.
Asimismo, la pista del aeropuerto fue obstaculizada con la ubicación de tractores, remolques y otros equipos pesados, los vehículos ligeros que no eran útiles fueron volcados, en tanto que algunos camiones pesados fueron enterrados hasta el eje. Al sur de esta posición se instaló una pequeña fracción, la Sección 5, destinada a cubrir con su fuego la zona del aeropuerto. Un puesto de observación se desplegó en Yorke Bay, el cual era uno de los mejores sitios de desembarco posibles, donde la playa se trató de obstaculizar con alambres de púas y una posición con una ametralladora media que permitiría hacer de primer elemento de reacción. Sus dos operadores disponían de una motocicleta para abandonar la zona una vez que obtuvieran información sobre el desembarco, también había una canoa si no podían abandonar la posición por tierra.
Al sur de la Sección 5 se encontraba la ruta que une el aeropuerto con la capital, allí hace un ángulo recto hacia a la altura de Hooker’s Point. La Sección 1 tomó posiciones allí, mientras que la Sección 2 se ubicó a su izquierda, sobre la antigua pista de aterrizaje de las islas. Las tropas allí desplegadas recibieron un lanzacohetes antitanque Carl Gustav de 84 mm, y un equipo de dos infantes, mientras que se distribuyeron varios lanzacohetes descartables M-66 LAW como refuerzo en el resto de la tropa.
Más al oeste de esa posición, se ubicaba la Sección 3, la cual se ubicó en las cercanías de la baliza de radionavegación VOR del aeropuerto. Su misión era retrasar el avance enemigo el mayor tiempo posible antes de desplegarse hacia Port Stanley.
En la rada del puerto, en Navy Point, se instaló la Sección 4, la cual contaba con un segundo sistema Carl Gustav. Su función sería atacar cualquier nave de desembarco que se acercara a la zona que protegían. Debido a que tenían previsto un repliegue hacia Government House, la casa que se entregaba a los gobernadores de las islas, se les dotó de un bote neumático “Gemini” para desplazarse.
Ya en Port Stanley, la Sección 6 se encontraba en las elevaciones de Murria Heights, al sur del poblado, donde las tropas tenían órdenes de contener cualquier aproximación de tropas argentinas desde el sur hacia la capital. Un segundo puesto de observación se ubicó en Sapper Hill, con el soldado Mike Berry como único observador y dotado de una motocicleta para sus movimientos.

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El MV “Forrest” era un pequeño barco dotado de radar que fue usado para vigilancia. (Foto: Internet)

El puesto de comando se instaló en Government House, donde el mayor Noott hacía de consejero del gobernador, mientras que el mayor Norman se ubicaba en Look Out Rocks, al sudeste de la ciudad, para ejercer el comando de las unidades de combate. El pequeño barco MV “Forrest” se destinó a misiones de exploración, utilizando su radar de navegación y ubicándose al fondeadero de Port Williams. Cuando se revisó el mortero de 81 mm, se descubrió que estaba en muy malas condiciones, como gran parte del armamento disponible, y que muchas de las municiones estaban vencidas, por lo que no pudo ser empleado en combate, lo que tal vez salvó a los británicos de que las fuerzas argentinas debieran hacer fuego de artillería naval para neutralizarlo, con el consecuente resultado de generar algunas bajas. Durante la tarde del 1 de abril, la Sección 2 en Hooker’s Point fue reforzada con una segunda ametralladora, en tanto que durante la noche la NP 8901 incorporó a dos isleños (kelpers), Jim Fairfield, cabo de reserva de los Royal Marines, y Hill Curtiss que se ofreció como voluntario.
En la madrugada del 2 de abril, a las 0200 horas, el cuartel del NP 8901 en Moody Brooks Camp fue completamente evacuado y los últimos hombres tomaron sus posiciones defensivas. El faro de Pembroke Point fue apagado y el voluntario Hill Curtiss destruyó la radiobaliza del aeropuerto con un martillo. Para entonces, los británicos ya estaban listos para hacer frente al desembarco argentino, sumando unos 75 hombres relativamente bien armados (5) y bien dirigidos. Ante la carencia de personal y tiempo, las órdenes de vigilar los 37 residentes argentinos en Port Stanley no pudieron ser cumplidas.
Durante la noche, el MV “Forrest” informó un contacto de radar y tiempo después volvió a informar que una gran fuerza naval se encontraba moviéndose en la zona, a la altura de Cape Pembroke. La guarnición británica fue puesta en máxima alerta.

La operación “Azul” está en marcha: Las fuerzas especiales argentinas

El operativo “Rosario” era la operación global que implicaba la recuperación de la soberanía argentina en Malvinas y Georgias del Sur, siendo la operación “Azul” la fase anfibia destinada a la recuperación de las islas Malvinas específicamente.
El plan de operaciones preveía que el desembarco se realizara el 1 de abril, sin embargo las condiciones climáticas reinantes en la zona lo impidieron y con ello se perdió la sorpresa táctica, ya que la presencia de la flota argentina pudo ser convenientemente informada desde Londres y los británicos pudieron tomar las medidas para la defensa de la plaza. La sorpresa táctica se había perdido, pero el plan seguía en marcha y los preparativos se iniciaron rápidamente.

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Los Comandos Anfibios a bordo del destructor (D-2) “Santísima Trinidad” fueron los primeros en actuar. (Foto: Internet)

En la noche del 1 de abril de 1982 se ordena zafarrancho de combate en el destructor D-2 “Santísima Trinidad”, el cual tenía un elemento embarcado compuesto por 80 hombres de las agrupaciones de Buzos Tácticos y de Comandos Anfibios, que serían los responsables de la primera fase de la operación “Azul”. El destructor ingresó en la Bahía Enriqueta y ponía dirección a las cercanías de Port Harriet.
A las 2100 horas, el tiente de corbeta (TC) Schweizer y el cabo principal (CP) Pereyra reciben la orden de realizar un reconocimiento avanzado y marcar la playa de Muller Creek para el desembarco, por lo que iniciaron su misión de manera silenciosa a bordo de un kayak. Cuando realizaron un reconocimiento de la zona, sin haber sido descubiertos por los británicos, deciden que la playa ideal para el desembarco era Lake Point, por lo que a las 2130 horas el CP Pereyra retorna al destructor para informar sobre la situación, sirviendo, además, como guía para la oleada de asalto posterior.
Ya entonces, el “Santísima Trinidad” había comenzado el procedimiento de arriado de los botes neumáticos, mientras que los Comandos Anfibios aguardaban la orden para embarcarlos e iniciar el desembarco sobre sus objetivos. A las 2200 horas, los comandos inician ya su movimiento en el trayecto que los separa de la playa, a las 22.30 horas arriba el primero de ellos. Los hombres desembarcan y se despliegan de manera de comenzar a asegurar la playa, además de marcarla para que el resto de la oleada no se perdiera. A las 2240 horas arriba el último bote y los comandos se dividen en dos grupos.
El primero de ellos estaba a cargo del capitán de corbeta (CC) Guillermo Sánchez Sabarots tenía como objetivo el cuartel del NP 8901 en Moody Brook, debiendo hacerse con el control del mismo y tratando de que los soldados se rindieran sin combatir si aún estaban allí. El segundo grupo estaba a cargo del CC Pedro Giachino, el cual tenía la misión de asegurar Government House y capturar al gobernador de las islas, Rex Hunt, para que la plaza se rindiera ante las fuerzas argentinas sin combatir.

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Los cuarteles originales de Moody Brooks. Los Comandos Anfibios sorprendieron a los británicos, que no previeron su avance por esa zona. (Foto: britishempire.co.uk)

A las 0230 horas se inicia un segundo despliegue, esta vez un grupo de Comandos Anfibios se dirigen hacia la playa Charles Point, provenientes del submarino S-21 “Santa Fe”. Este movimiento supuso una fase muy riesgosa de la operación, cuando el destructor D-1 “Hércules” estuvo a punto a abrir fuego sobre el submarino creyendo que era un barco británico. El grupo de comandos anfibios transportado por el submarino tenía como objetivo la captura del faro de Pembroke Point, pues allí había un equipo de comunicaciones que podría dar la alarma a los defensores, sin embargo, cuando se supo que la sorpresa táctica se había perdido, la acción fue cancelada para evitar una posible emboscada o un enfrentamiento con los soldados británicos. Por tal motivo, a este grupo se le encomendó la señalización de las playas para el desembarco de la fuerza anfibia principal.

A las 0430 horas, el puesto de observación de Sapper Hill informa al mayor Norman de un nuevo contacto, esta vez se habían descubierto movimientos enemigos en Mollet Creek, en Port Harriet. Esto sorprendió a Norman, pues le parecía un extraño movimiento. Pero una hora después lo comprendió.
El grupo de comandos anfibios del CC Sánchez Sabarots llegó a Moody Brook Camp a las 0530 horas, aproximadamente, rodearon los cuarteles y realizaron una serie de disparos intimidatorios para sorprender a las fuerzas británicas y conminarlos a rendirse. Pero las barracas estaban vacías, los soldados británicos habían sido ya alertados y se habían desplegado en posiciones defensivas.
Norman entonces comprendió que no había previsto ninguna maniobra de ese tipo, los argentinos lo habían sorprendido por el Oeste y su dispositivo defensivo estaba orientado hacia el Este. Emitió la orden de que las Secciones 1 y 5 se replegaran hacia Government House como refuerzo de la posición.
Por su lado, el CC Giachino había arribado ya a Port Stanley sin ser descubierto y a las 0615 horas sus hombres ya habían rodeado la casa del gobernador. Rápidamente desplegó a sus comandos anfibios en abanico, cubriendo cualquier aproximación de los defensores, que suponía muy pocos, e incluso ninguno.
El CC Giachino y el teniente García Quiroga se situaron frente a la residencia, sabiendo que los británicos habrían podido observar sus movimientos, ordenó que tres comandos se ubicaran a pocos metros para cubrirles. Pocos minutos después, García Quiroga hizo llamados de intimidación en inglés, pero no obtuvo ninguna respuesta desde el interior de la casa, Giachino ordena repetir el llamado, pero queda nuevamente sin respuesta. Giachino decide anunciar que estaban allí de manera más contundente y ordena lanzar una granada al jardín frontal de la casa. Segundos después, una voz en inglés anuncia que el gobernador estaba por salir, pero durante dos minutos de tensa espera no hay movimientos británicos.

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Una vez controlada la situación, los argentinos pudieron evacuar a sus heridos en alguno de los Land Rover capturados. Aquí se puede ver los primeros auxilios a uno de los caídos. (Foto: Internet)

El CC Giachino decide actuar, García Quiroga repite la advertencia, pero esta vez con la orden de que el gobernador saliera con las manos en alto, la respuesta fue una ráfaga de pistola ametralladora. Giachino y García Quiroga deciden ingresar a la residencia, los otros tres comandos toman mejores posiciones para cubrirlos, pero el movimiento de Giachino es advertido por los británicos y ambos son abatidos por el fuego de los defensores, las tropas de apoyo abren fuego de cobertura contra la residencia mientras el cabo enfermero Ernesto Urbina responde al llamado de auxilio de García Quiroga. El movimiento del enfermero también es seguido por los británicos y Urbina termina herido también. Durante tres horas los heridos quedaron bajo el fuego británico y sin poder recibir la asistencia médica necesaria, algo que terminó siendo fatal para el CC Giachino.
Mientras el combate de Government House tenía lugar, el buque de desembarco de tanques Q-42 “Cabo San Antonio” había iniciado ya el desembarco de los blindados anfibios LVTP-7 con personal de la Fuerza de Desembarco, que se encontraban arribando a las playas de Yorke Bay con elementos de la Infantería de Marina.

La segunda fase del operativo “Azul”: El desembarco de la fuerza principal

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Mapa de los movimientos del operativo “Rosario”. (Foto: Internet)

A las 0615 horas del 2 de abril, el buque de desembarco de tanques Q-42 “Cabo San Antonio” abría sus compuertas frente a las playas de la Bahía Yorke, desde su interior comenzaban a salir los vehículos anfibios LVTP-7 que se dirigirían hacia las playas que habían seleccionado y marcado las fuerzas especiales, llevando a bordo a los elementos de la Fuerza de Desembarco. Al cabo de 15 minutos, los blindados alcanzaban la playa y pronto los infantes de marina comienzan a desembarcar de los mismos y se despliegan de manera de asegurar la playa. Una segunda oleada de LVTP-7 estaba lista, mientras que las pequeñas lanchas de desembarco LCVP embarcaban ya al personal del BIM 2 que realizaría el desembarco final. En el rompehielos Q-5 “Alte. Irizar”, uno de los helicópteros alistados para las acciones de asalto helitransportado queda momentáneamente fuera de servicio, aunque para entonces la situación en la playa estaba completamente asegurada.
Elementos del BIM 2, más una Sección del RI 25, habían desembarcado en los LVTP-7, los infantes de marina dieron profundidad y seguridad a la cabeza de playa, mientras que poco después, la sección del RI 25 se dirige al aeropuerto a bordo de dos blindados LVTP-7 conducidos por infantes de marina. Para entonces, el blindado de comando LVTC-7 ya estaba coordinando las operaciones en la playa, mientras que la llegada del blindado de recuperación LVTR-7 permitiría auxiliar mecánicamente a cualquier blindado dañado o con algún desperfecto mecánico. La cabeza de playa estaba completamente asegurada, ahora los anfibios de rueda LARC-5 traían carga y personal. No había habido resistencia alguna mientras los argentinos realizaban un impecable desembarco de manual sobre las playas.

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El “Cabo San Antonio” en Yorke Bay luego del desembarco del 2 de abril de 1982. (Foto: Internet)

Ya consolidada la cabeza de playa, las fuerzas del BIM 2 se reorganizan e inician su progresión hacia Port Stanley con el objeto de cercar el poblado y brindar apoyo a los comandos anfibios que aún combatían en Government House y así culminar la recuperación de las islas Malvinas. Para entonces, los hombres del RI 25 habían asegurado las instalaciones del aeropuerto y la pista, a la cual habían procedido a limpiar de obstáculos, mientras que se establecían posiciones defensivas y se realizaban reconocimientos en las zonas cercanas al mismo para verificar la posible presencia de fuerzas británicas.

A las 0720 horas las fuerzas del BIM 2 se topan con la resistencia británica de las Secciones 1 y 2, la primera había detenido el repliegue hacia Government House cuando se iniciaron los combates allí. Durante los primeros enfrentamientos, los blindados LVTP-7 argentinos fueron alcanzados repetidas veces por fuego ligero, lo que obligó a que los soldados embarcados bajaran y se desplegaran para hacer frente al enemigo. Los británicos reclaman haber destruido uno de los vehículos, pero las imágenes difundidas por la prensa muestran la totalidad de los blindados en servicio. (7)
Entre las 0730 y las 0800 horas, los helicópteros “Sea Lynx” HAS.Mk.23, de la 1ª Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros (EA1H) y los SH-3 “Sea King” de la 2ª Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros (EA2H) inician el desembarco del personal restante de la Compañía C del RI 25 hacia el aeropuerto, de manera de consolidar la posición y habilitarla para iniciar el puente aéreo desde el continente. Por vía aérea debería arribar el grueso de Regimiento de Infantería 25, que sería la fuerza que ejercería la soberanía en Malvinas hasta ser reemplazados por elementos de Gendarmería Nacional (guardia de fronteras) y Prefectura (guardacostas), con el objeto de convalidar el concepto de “ocupación diplomática” mediante la evacuación de las fuerzas militares y el establecimiento de fuerzas de seguridad con baja capacidad militar.
Para las 0740 horas, el BIM 2 había logrado hacer que las Secciones 1 y 2 del NP 8901 se replegaran hacia la capital, permitiendo que los blindados argentinos rodearan la zona y realizaran el ingreso a la misma para apoyar a los comandos anfibios en Government House. En esta acción se producen algunas escaramuzas adicionales. En las playas, el desembarco ya prácticamente se había completado, mientras que los helicópteros se encargaban de realizar reconocimientos y el movimiento de fracciones de soldados hacia nuevas posiciones.

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Los “Lynx” de la 1ª Escuadrilla de Helicópteros, y los “Sea King” de la 2ª Escuadrilla dieron movilidad a las fuerzas de asalto. (Foto: Internet)

La prevista posición de bloqueo entre Moody Brooke y Port Stanley, al amanecer, debió ser cancelada debido a problemas en uno de los helicópteros, pero luego se determinó que no era necesaria cuando se supo que los Royal Marines habían abandonado sus barracas, por lo que los comandos anfibios que habían asaltado dichos cuarteles se transformaron en la posición de bloqueo en caso de que los británicos decidieran replegarse.
Con el grueso del personal del BIM 2 en las islas, comienza el refuerzo de los elementos de primera línea en Port Stanley. El personal desplegado recibió sus refuerzo por medio de los camiones anfibios LARC-5, mientras que el RI 25 ya ocupaba completamente su posición y había asegurado el faro en Cape Pembroke, que ahora se conocía como Cabo San Felipe, según las cartas argentinas.
Cuando el mayor Norman estuvo en conocimiento de que en Port Stanley había más de 450 soldados argentinos, y que 18 blindados LVTP-7 se movían por las calles de la ciudad (8), ya superado en número y con el grueso del poblado en control argentino, decidió establecer las pautas para una rendición. Las fuerzas británicas habían presentado una fuerte oposición, su honor estaba intacto y no era necesario sufrir bajas, hasta entonces ni un británico había muerto o había resultado herido de gravedad.
Ya con el control de los principales puntos del pueblo y sus accesos, las fuerzas argentinas comenzaron a ampliar el perímetro para evitar que los soldados británicos pudieran lanzar un ataque desde posiciones externas que no hayan sido descubiertas. Los infantes de marina se hicieron con el poder de gran número de jeep Land Rover que agilizaron los movimientos, incluyendo un par de ellos que se utilizaron como ambulancias, donde uno sirvió para atender de urgencia al mortalmente herido CC Giachino, aunque moriría poco después. En paralelo, una sección de infantería del RI 25 fue transportada hacia Darwin y Goose Green en helicópteros SH-3 “Sea King” de la Armada.

La rendición británica, Argentina recupera la soberanía tras 149 años de usurpación

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El coronel Seineldín, comandante del RIMec 25, dialoga con el almirante Busser, jefe de la Fuerza Anfibia, tras haber asegurado Puerto Argentino. (Foto: Internet)

Para las 0925 horas, el gobernador Rex Hunt había decidido parlamentar con los argentinos y se pone en contracto de radio, a través del vicecomodoro Hérctor Gilobert, que dirigía la oficina local de LADE, con el destructor D-2 “Santísima Trinidad” que actuaba como buque insignia de la flota de asalto argentina. Solicitó encontrarse con el jefe de las fuerzas argentinas frente a la Iglesia Católica de Port Stanley, el contralmirante Carlos Busser, jefe de la operación anfibia, no dudó en dirigirse allí, siendo acompañado por los capitanes Roscoe y Monnereau, todos desarmados.
Escoltado por personal del gobierno inglés, los tres oficiales argentinos llegaron al despacho del gobernador Rex Hunt. Con gran soberbia se negó darle la mano a su enemigo, y en un acto de altanería ordenó al contralmirante Busser que abandonara las islas con todas sus tropas. El comandante argentino simplemente hizo valer un argumento mucho más valedero, disponía de unos 700 hombres sitiando Port Stanley, con gran cantidad de hombres desplegados ya en el aeropuerto, Darwin y Pradera de Ganso (Goose Green).
Después de una tensa y breve charla, Hunt buscó la aprobación de los mayores Norman y Noot, y solo cuando éstos asintieron el gobernador ordenó la rendición de las tropas británicas. Tras la rendición, las islas Malvinas volvían a ser argentinas después de 149 años de usurpación británica.
Ya se había procedido a atender a los heridos de los enfrentamientos, la herida del CC Giachino era grave y se procedió a darle los primeros auxilios mientras se lo evacuaba hacia el hospital del Puerto Argentino (Port Stanley), mientras que el teniente García Quiroga y el cabo Urbina recibían los primeros auxilios para luego ser evacuados en un helicóptero “Sea Lynx”, matrícula 3-H-142, hacia el rompehielos Q-5 “Alte. Irizar” para una mayor atención en su hospital, y preparar su evacuación al continente en avión, junto con el CC Giachino, pero éste moriría horas después en el hospital de Puerto Argentino debido a la gravedad de las heridas. Estas tres bajas, un muerto y dos heridos graves, serían las únicas sufridas por las fuerzas argentinas durante el operativo “Azul”, como se dijo, los británicos no sufrieron ninguna baja.

Con la firma de la rendición británica, el mayor Noot salió escoltado por comandos anfibios argentinos a recoger a las unidades de soldados británicos repartidos en todo Puerto Argentino (Port Stanley) para hacer oficial el cese al fuego y la entrega de las armas. Más tarde se dirigieron al puerto, donde los hombres del cabo Carr se entregan a las fuerzas argentinas, después de haberse escondido en el bote MV “Forrest”. Los británicos son desarmados, registrados y reunidos en pequeños grupos, los cuales eran custodiados por los comandos anfibios y eran revisados por los médicos argentinos para comprobar su estado. Camiones y jeep son rápidamente puestos al servicio de los infantes argentinos para aumentar su movilidad, los camiones anfibios LARC-5 también se emplean en esas funciones, principalmente de patrulla, mientras que los LVTP-7 aseguraban algunos puntos del poblado.
La operación de recuperación de las islas Malvinas es considerada, por los historiadores y analistas militares, como una de las acciones militares más incruentas y más profesionales de la historia militar contemporánea. Actualmente es objeto de estudio en las principales academias militares extranjeras, así como un ejemplo del empleo de la fuerza para la obtención incruenta de un objetivo político.
Antes del mediodía del 2 de abril de 1982 la bandera argentina volvía a flamear en territorio de las islas Malvinas, los sorprendidos habitantes de las islas, eran informados de la situación ante su gran sorpresa. Las patrullas argentinas pronto iniciaron su despliegue profundizando sus movimientos en busca de posibles patrullas británicas escondidas fuera de la zona, la Sección 4 logró mantenerse fuera del alcance de las fuerzas argentinas durante cuatro días.

Referencias
(1) La operación “Alfa” era una maniobra que tenía como objeto recavar información de inteligencia sobre los británicos en las islas Malvinas, fue llevada a cabo por la Armada en solitario. La entusiasta participación de ésta Fuerza en el apoyo a Davidoff en las islas Georgias es uno de los motivos que dan fuerza a esta versión y que también llevaron a la guerra.
(2) Se sabe que la Junta Militar había iniciado planes de recuperación de Malvinas desde hacía décadas, aunque no siempre se los había actualizado. La acción presentada por Anaya tenía como cierto aval el hecho de que USA jugó un papel de incentivo en el mediocre pensamiento diplomático de la Junta Militar, ya que incluso se ha sabido en documentos desclasificados recientemente (los últimos registrados en 2002) que los norteamericanos se ofrecieron como mediadores ante la crisis de esa naturaleza.
(3) Para más información sobre el “Incidente Davidoff” leer el artículo “La recuperación de las Georgias”, en este mismo Especial sobre Malvinas en www.dintel-gid.com.ar.
(4) Los nombres coloniales británicos se mantendrán hasta que los argentinos recuperan la soberanía de las islas y bautizan cada localidad con nuevos nombres o la traducción literal de los mismos. Esto se mantendrá así en este artículo por cronología, pasando a utilizarse los nombres argentinos a partir del 2 de abril a las 0930 horas.
(5) El armamento británico en las islas no era el mejor disponible, era de lo más heterogéneo y no estaba en óptimas condiciones más allá del cuidado que le podían otorgar los profesionales soldados británicos. Asimismo, había una cierta falta de municiones y en muchos casos habían municiones vencidas y el armamento pesado no había recibido mantenimiento alguno.
(6) Cuando el submarino “Santa Fe” emerge para desembarcar a los Buzos Tácticos, lo hace en una zona donde no estaba previsto que estuviera, pero ante la imposibilidad de usar la radio, debido a su malfuncionamiento, el buque queda “mudo”. Cuando el destructor “Hércules” alistaba su cañón de proa para atacarlo, el submarino logra sumergirse pudieron contactarse por el teléfono subacuático con el cuarto de sonar del destructor.
(7) Según los británicos, uno de los LVTP-7 argentinos fue alcanzado por un proyectil Carl Gustav de 84 mm en el compartimiento de tropas “que se incendió y nadie salió de adentro”, esto supondría que los 28 hombres del vehículo murieron o resultaron gravemente heridos, cosa que no ocurrió. El único LVTP-7 que quedó fuera de servicio fue dañado por fuego concentrado de 7.62 mm y quedó con daños en su motor. Tiempo después fue reparado por la empresa TEMSA y vuelto al servicio. Otros blindados recibieron fuego ligero en el casco sin mayores consecuencias.
(8) Los LVTP-7 argentinos comprendían 19 transportes de personal LVTP-7, un vehículo de comando y comunicaciones LVTC-7 y uno de recuperación LVTR-7. Para las 0900 horas, 18 LVTP-7 estaban en Puerto Argentino, mientras que el LVTC-7 y el LVTR-7 se encontraban en la cabeza de playa junto a un LVTP-7 dañado por fuego ligero.

Fuentes:

Este artículo fue elaborado por Marcelo J. Rivera basándose en la información recopilada de diversos medios gráficos y de Internet.

– La Guerra Secreta por las Malvinas, los Exocets y el espionaje internacional (Nigel West, Editorial Sudamericana, 1997)
– La Guerra de las Malvinas, Edición Británica Nº 9 (EFR, 1986)
– La Guerra de las Malvinas, Edición Argentina Nº 23 y 24(EFR, 1986)
– La campaña de las Malvinas (Bendala, Martín y Perez – Seoane, Editorial San Martín, 1985)
– Fuerza Aérea Argentina (www.faa.mil.ar)
– Asociación Infantes de Marina de la Armada Argentina (www.bichosverdes.org)
– Revista DeySeg Nº7 (www.deyseg.com.ar)
– Fuerzas Navales (www.fuerzasnavales.com.ar)
– Grupo SAORBATS
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