Conflictos – EE.UU contra Libia (1981 – 1988)

Operación “Cañón el Dorado”

Luis Finschi y Marcelo J. Rivera 2003 – 2012 ©

Durante los años ’80, las relaciones entre Estados Unidos y Libia atravesaron por su peor momento. El juego de fuerzas y las personalidades de los mandatarios de ambas naciones, impulsaron a fuerzas de esos países ha enfrentarse en reiteradas oportunidades.

Gadafi al poder

En 1969, un joven capitán encabezaría un golpe de Estado en contra de la Monarquía hasta entonces existente. Prontamente el capitán se autopromovió a Coronel Gaddafi. (Foto: Agencias)

En 1969, un joven capitán encabezaría un golpe de Estado en contra de la Monarquía hasta entonces existente. Prontamente el capitán se autopromovió a Coronel Gaddafi. (Foto: Agencias)

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el vacío de poder se apoderó del norte de África, luego que las tropas italianas fueran desalojadas por los aliados. En ese entonces el emir Muhammad Idris al-Sanusi, quien había luchado contra la invasión italiana de la zona en 1922, decidió proclamar la independencia de Cirenaica en 1949.
Un año más tarde, en diciembre de 1950, se unirían a esta independencia Tripolitania y Fezzán, que junto a Cirenaica fundaron la Monarquía Federal Independiente de Libia de la cual Idris fue nombrado su primer rey.
Diecinueve años pasarían desde la creación de esta monarquía africana, hasta que el 1 de septiembre de 1969, aprovechando las vacaciones del rey Idris en Turquía, un Consejo Revolucionario decidió tomar el poder. El movimiento golpista estaba encabezado por un joven capitán de 27 años del Ejército libio, Muammar Gaddafi que junto al recién creado consejo, proclamó la formación de la República Árabe de Libia.
Rápidamente el líder libio aseguró su neutralidad en política internacional:
“En relación con la política exterior, seguiremos lineamientos de absoluta neutralidad, sin parcialidad alguna hacia este o el oeste.
No estamos de parte de los Estados Unidos ni de la Unión Soviética, ambos son extraños para nosotros y amenazan la independencia de los estados que se localizan en las costas del Mediterráneo.
Quien apoya a la causa palestina es amigo de los árabes, quien respalda a Israel es enemigo de éstos. Los árabes que trabajan sinceramente por la causa palestina deben construir sus relaciones con otros estados en función de la posición que éstos adoptan ante dicha causa”.
Los primeros meses del nuevo gobierno de Trípoli, no despertaban mayores suspicacias en Occidente; hasta que a mediados de 1970, Gaddafi ordena la salida de las bases militares estadounidenses y británicas presentes en Libia. Así como obligó a las petroleras occidentales a renegociar sus acuerdos de extracción de crudo en condiciones mucho más favorables para el gobierno.
Sin embargo, mientras Gaddafi se ganaba enemigos en Estados Unidos y Reino Unido, también obtenía aliados en Francia. El alto precio del petróleo y los renegociados contratos petroleros que beneficiaban al gobierno, dieron al país numerosos recursos económicos que comenzaron a ser utilizados en la adquisición de nuevas armas y las industrias de defensa galas fueron las grandes beneficiadas.
Cerca de 110 cazas Dassault Mirage 5, en diversas versiones, llegaron a engrosar las filas de la recién renombrada Fuerza Aérea Árabe de Libia. A ellos se sumaron cerca de una decena de helicópteros SA-321M Super Frelom, otros diez SA-316 Aloutte II y doce entrenadores avanzados CM-170 Magíster.
Varias de estas aeronaves participaron en la guerra del Yom Kippur en octubre de 1973 bajo los mandos de pilotos egipcios contratados por el régimen de Gaddafi para adiestrar a los oficiales libios en el material Mirage. Pero la derrota árabe, trajo consigo la expulsión de los asesores soviéticos de Egipto, por lo que la URSS se vio, de la noche a la mañana, sufriendo la pérdida de influencia de una importante y estratégica área. Fue entonces cuando Moscú y Trípoli comenzaron el acercamiento que convertiría a este último país en uno de los mayores clientes militares del bloque soviético.

Durante fines de los '70 y comienzos de los '80 del siglo pasado, la República Árabe de Libia emprendió un ambicioso plan de repotenciación de sus Fuerzas Armadas, con el fin de enfrentar eficazmente un futuro conflicto con Israel. En ese contexto, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se convirtió en uno de sus principales proveedores de armas, llegando a ceder lo más avanzado en su arsenal a las tropas del regimen árabe de Gaddafi (foto: Archivos Dintel)

Durante fines de los ’70 y comienzos de los ’80 del siglo pasado, la República Árabe de Libia emprendió un ambicioso plan de repotenciación de sus Fuerzas Armadas, con el fin de enfrentar eficazmente un futuro conflicto con Israel. En ese contexto, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se convirtió en uno de sus principales proveedores de armas, llegando a ceder lo más avanzado en su arsenal a las tropas del regimen árabe de Gaddafi (foto: Archivos Dintel)

Los nuevos vínculos con los soviéticos le permitieron a Gaddafi, hacia 1973, equiparse, en una primera etapa, con un lote de 14 bombarderos TU-22B “Blinder” y 24 cazas MiG-23MS “Flogger”. No obstante, la diplomacia de Trípoli permitía mantener negocios con ambos bloques, lo que permitió que USA autorizara la venta de doce aviones de transporte C-130H y una veintena de helicópteros CH-47C “Chinook” producidos en Italia. Francia continuaba a la cabeza del suministro de equipamiento militar de origen occidental, suministrando 48 cazas Mirage F-1ED/AD/BD, así como lanchas lanzamisiles y otros equipos.
Para mediados de los ’70, las aspiraciones del líder libio de formar una gran nación árabe, se veían truncadas políticamente; por lo que comienza una serie de movimientos militares para crear por la fuerza lo que no podía por la diplomacia. La anexión de la franja de Aouzou en la frontera con Chad en 1973, y su apoyo a los gobiernos tiránicos Idi Amin en Uganda o Jean-Bedel Bokassa en la República Centro Africana, comenzaron a preocupar a los gobiernos occidentales, que no veían con buenos ojos los crecientes nexos entre uno de sus principales proveedores de crudo y regímenes autoritarios. Esta preocupación crece cuando en 1977 se producen una serie de enfrentamientos entre egipcios y libios, y la frustrada invasión de Gaddafi a Túnez en 1979, a la vez que los nexos entre Libia y la URSS seguían aumentando con el traspaso desproporcionado de numeroso y moderno material aéreo, incluido el MiG-25, del cual Libia fue el primer usuario extranjero.
Hacia 1981, la Fuerza Aérea Árabe de Libia (LARAF) era una formación poderosa, su arsenal se constituía de 143 cazas MiG-23MS “Flogger”, y su variante de ataque MiG-23BN, 80 interceptores MiG-25PD “Foxbat” y los de reconocimiento MiG-25RB, 36 cazas Su-20 “Fitter” y 60 de la versión mejorada Su-22M-2 “Fitter”; pero extrañamente no contaba con el personal necesario ni debidamente entrenado para poder operar tal fuerza. Más aún, gran parte del material era inmediatamente almacenado tras su arribo, lo que hacía pensar a Washington de que las aeronaves eran parte de un centro de almacenaje de material para el Pacto de Varsovia que podría ser utilizado ante una eventual guerra en Europa. Pero para la LARAF, todo se trataba de mantener el armamento necesario para hacer frente a Israel en lo que ellos llamaban la “Guerra Final”.

Los primeros Incidentes

Los primeros incidentes entre aeronaves norteamericanas y libias, involucraron en la mayoría de las ocasiones a aparatos navales, provenientes de grupos de batalla estadounidenses. Las intercepciones entre MiG-25 libios y F-14 americanos pasaron a ser casi rutinarias, como lo muestra esta fotografía captada desde un Tomcat. (Foto: Archivos Dintel GID)

Los primeros incidentes entre aeronaves norteamericanas y libias, involucraron en la mayoría de las ocasiones a aparatos navales, provenientes de grupos de batalla estadounidenses. Las intercepciones entre MiG-25 libios y F-14 americanos pasaron a ser casi rutinarias, como lo muestra esta fotografía captada desde un Tomcat. (Foto: Archivos Dintel GID)

Desde la llegada al poder de Gaddafi, las relaciones entre Libia y Occidente comenzaron a decaer, mientras las políticas de ese régimen se endurecían en contra de las petroleras de Reino Unido y Estados Unidos.
Ya el 21 de Marzo de 1973, una intercepción de un C-130B-II del 7406th CSS USAF, mientras operaba al Norte de Trípoli, resulta con daños por los disparos realizados por Mirage 5 libios, en un intento infructuoso por hacerlo descender en el aeropuerto de la capital.
Más adelante, los enfrentamientos entre americanos y libios decayeron, aunque la tensión entre ambos países era evidente, debido a las innumerables intervenciones realizadas por Gaddafi en el norte y centro de África. La ocupación del norte de Chad por parte de tropas del Ejército Árabe de Libia, determinaron que Estados Unidos, Reino Unido y Francia fijaran sus miradas en la acciones del cada vez más cercano aliado soviético en el Mediterráneo. La reacción de Washington no se hizo esperar, y el Pentágono ordenó una serie de maniobras aeronavales de la Sexta Flota norteamericana en aguas cercanas a las costas libias, que exasperaron a Gaddafi.
Estas maniobras navales, eran vistas por Trípoli como acciones destinadas a provocar más de un incidente armado entre fuerzas militares de ambos países, y que darían la excusa apropiada para que Washington pudiera utilizar su poder bélico sobre Libia. Sin embargo, Estados Unidos argumentaba que la Sexta Flota se encontraba en su derecho de transitar por lo que ellos consideraban como aguas internacionales, ya que para ese país las aguas territoriales sólo consideran las tres millas náuticas desde la costa, algo que contrastaba con la postura de Libia, que consideraba que su soberanía alcanzaba hasta las 200 millas, por lo que el Golfo de Sidra, cercano al lugar donde se realizaban las maniobras, estaba dentro de su territorio.
Esta no era la primera vez en que naves de la Sexta Flota se veían envueltas en los choques de intereses entre Estados Unidos y Libia, pues durante los años ’70, y a causa de la invasión libia de Chad, fuerzas navales norteamericanas cruzaban frecuentemente el Golfo de Sidra en abierta provocación.
A comienzos de 1981, los ejercicios estadounidenses en la zona aumentaron drásticamente. En febrero de ese año, grupos de batalla navales se acercaron peligrosamente a las costas de Libia para realizar maniobras militares destinadas a entrenar a sus fuerzas para mantener el libre tránsito en las aguas del Mediterráneo. Sin embargo, los ejercicios se realizaban a tan sólo 80 kms de distancia de Bengasi al noreste de Trípoli, y parecían más labores de monitoreo de los movimientos de las fuerzas de Gaddafi que otra cosa; a la vez que permitían distraer la preocupación Libia a un segundo frente, debido a su intervención en Chad.
En agosto del mismo año, dos grupos de batalla de la Sexta Flota, conformados por los portaviones CV-59 USS “Forrestal” y CVN-68 USS “Nimitz”, otra vez realizaba ejercicios militares en las cercanías del Golfo de Sidra, en lo que fue anunciado por Washington como ejercicios militares con “misiles vivos”, destinados a asegurar el libre tránsito naval por la zona.
Para el 18 de agosto los dos portaviones estadounidenses realizaban sus ejercicios militares en las cercanías de la costa libia. En un esfuerzo por lograr ubicar a los dos grupos de batalla norteamericanos, despegan desde Misurata una pareja de interceptores MiG-25PD y un avión de reconocimiento MiG-25RB de la Fuerza Aérea Árabe de Libia (LARAF) con dirección al Golfo de Sidra. Rápidamente los tres aparatos son interceptados por una pareja de F-4 navales provenientes del USS Forestal y otras dos unidades de F-14 “Tomcat” del USS “Nimitz”, quienes escoltaron a las aeronaves libias hasta las cercanías del Golfo de Sidra.

Uno de los enfrentamientos más entre la LARAF y la USN se produciría el 19 de agosto de 1981, cuando dos cazas F-14A norteamericanos derriban a una pareja de cazabombarderos Su-22M libios sobre el Golfo de Sidra. (Foto: Archivos Dintel GID)

Uno de los enfrentamientos más entre la LARAF y la USN se produciría el 19 de agosto de 1981, cuando dos cazas F-14A norteamericanos derriban a una pareja de cazabombarderos Su-22M libios sobre el Golfo de Sidra. (Foto: Archivos Dintel GID)

Lo que en un principio habría sido un incidente aislado, pronto se convertiría en una rutina. Cerca de 70 cazas de la LARAF, entre ellos MiG-23MS, MiG-25PD/RB, Su-20M, Su-22M y Mirage F-1, fueron despachados sucesivamente desde diversas bases aéreas libias durante todo el día. En una y otra oportunidad, los aparatos libios eran interceptados por catorce F-4 y F-14 de los portaviones, mientras sus movimientos eran seguidos por AWACS E-2C “Hawkeye”.
Aunque cada interceptación realizada por las aeronaves de la US Navy era tensa, éstas sólo se limitaron a evitar que los aparatos libios se acercaran a los portaviones, labor en la que contribuían los propios pilotos de la LARAF que no oponían mayor resistencia para abandonar la zona.
Sin embargo, el día siguiente sería distinto. Durante la mañana del 19 de agosto un E-2C detecta dos Su-22M despegando desde Ghurdabiya. Todo hacia presumir que una nueva y tensa jornada, similar a la del día anterior, comenzaba. Desde el USS “Nimitz”, dos patrullas CAP son despachadas para interceptar a los dos Su-22M, pero la situación no sería como el día anterior. En una acción que aún no es clara, uno de los cazas libios habría disparado un misil K-13M contra el líder de los F-14 “Tomcat”, estos inmediatamente rompieron formación y recibieron la autorización para defenderse. El líder de la CAP norteamericana disparó un par de AIM-9L en contra del numeral libio, mientras que el segundo caza norteamericano derribó al líder de la formación libia con otro Sidewinder. Ambos pilotos árabes lograron eyectarse con éxito, y rescatados por helicópteros de CSAR.

No obstante, existen al menos otras dos versiones sobre este incidente. La primera de ellas, indica que el Su-22M libio se desprendió de uno de sus depósitos de combustible suplementarios, lo que fue interpretado, quien tenía alcance visual de la pareja de Sujoi, como el lanzamiento de un misil aire-aire. En tanto, la segunda versión hace hincapié en que los aparatos de la LARAF no lanzaron sus misiles K-13M ni realizaron ningún tipo de movimiento hostil, siendo atacados arbitrariamente por los “Tomcat”. Cada una de estas versiones proviene ya sea desde la visión norteamericana, como de la visión libia.
Cuando aún se realizaban las labores de búsqueda y rescate de los pilotos libios eyectados, dos MiG-25PD se dirigieron hacia el grupo de batalla del USS “Nimitz”, a gran altura y velocidad, poniendo a prueba las destrezas de intercepción de los F-14. Sin embargo, los cazas navales lograron alumbrar en todo momento a los cazas libios, obligándolos a hacer quiebres bruscos para romper contacto con el radar AWG-9. Luego de dos intentos fallidos por acercarse al “Nimitz”, los aviones libios retornaron a sus bases, en lo que sería el último encuentro con los “Tomcats” hasta 1983.
Precisamente la segunda invasión a Chad ordenada por Gaddafi, provocó una serie de maniobras por parte de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, destinadas a evitar que Trípoli se anexara a su vecino del sur, así como evitar la creciente influencia de ese país en los asuntos internos de Sudán. Nuevamente un grupo de batalla de la US Navy, liderado por el portaaviones CVN-69 “Eisenhower” comenzó una serie de maniobras en las cercanías del Golfo de Sidra, al límite de la llamada “Línea de la Muerte”; implantada por Gaddafi para advertir a Estados Unidos que todo ingreso a su mar territorial, sería considerada una amenaza. Es así que se produce un nuevo encuentro entre F-14 y cazas libios, cuando cinco MiG-23M fueron interceptados por una pareja de “Tomcat” a poco más de 200 millas al sur de donde se encontraba la fuerza de tarea norteamericana. El encuentro no tuvo incidentes mayores como los ocurridos a mediados de agosto de 1981, y sólo fue interpretado como un mensaje para Gaddafi con respecto a su intervención militar en Chad y Sudán.

Reagan v/s Gaddafi

Las relaciones entre Estados Unidos y Libia comenzaron a empeorar aún más a partir de 1985. Las disputas verbales entre el dictador libio y funcionarios de la Casa Blanca, aumentaron rápidamente; debido a las acusaciones norteamericanas que involucraban al gobierno de Trípoli de propiciar atentados terroristas en todo el mundo en contra de ciudadanos e intereses estadounidenses. De hecho, desde abril de 1983 a noviembre de 1985, el terrorismo en el Medio Oriente había cobrado la vida de 265 ciudadanos norteamericanos, lo que supuso un duro golpe para el gobierno republicano de Reagan, que tuvo que hacer frente a las presiones de la ciudadanía para castigar a los responsables de dichos actos.

Las explosivas personalidades de Ronald Reagan y Muammar Gaddafi, llevaron a que Libia y Estados Unidos se enfrentaran en reiteradas ocasiones, aunque siempre se mantuvo el vínculo comercial entre ellos (Foto: Agencias)

Las explosivas personalidades de Ronald Reagan y Muammar Gaddafi, llevaron a que Libia y Estados Unidos se enfrentaran en reiteradas ocasiones, aunque siempre se mantuvo el vínculo comercial entre ellos (Foto: Agencias)

Junto a estas acusaciones, los vínculos entre Libia y la URSS continuaban estrechándose y se materializaban en la venta de sistemas de armas que ni siquiera los países del Pacto de Varsovia aún poseían. La LARAF, fue la primera fuerza aérea (aparte de la soviética) en recibir el MiG-25PD y el sistema antiaéreo SA-5 “Gammon”, a la vez que la intervención militar en Chad (1) convertía a Gaddafi en una seria amenaza regional que debía ser controlada.
En este sentido, los vínculos entre Libia y el terrorismo no pueden ser obviados. Según diferentes servicios de inteligencia occidentales, los nexos entre el régimen libio y grupos terroristas de todo el mundo, amenazaban seriamente a sus ciudadanos. Un informe de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, aseguraba que Libia estaba preparando diversos ataques en Europa, América Latina, África y Medio Oriente, traducidos en amenazas a diplomáticos norteamericanos y a los funcionarios de las embajadas en América Latina. Asimismo, las líneas aéreas de bandera estadounidense también se habrían convertido en un blanco primordial. Se mencionaba, por otro lado, que se habían iniciado los preparativos para la destrucción de las embajadas norteamericanas en 10 países africanos y atentados explosivos en contra de las embajadas de Estados Unidos en Medio Oriente, mediante el financiamiento de células terroristas palestinas.
En ese sentido, el 27 de diciembre de 1985 se producen dos atentados terroristas en los aeropuertos de Roma y Viena. Mientras los pasajeros de los vuelos de El Al esperaban en la puerta de embarque de su vuelo, dos células terroristas dispararon en contra de ellos. El resultado fue de 20 pasajeros muertos, entre ellos cinco norteamericanos. Prontamente, los Carabinieri y el Servizio per le informazioni e la Sicurezza Militare de Italia (SISMI), descubrieron evidencias de la participación libia en el atentado de Roma. En Washington, las pruebas italianas sobre la participación de los servicios secretos libios en los atentados aeroportuarios, llevó a que el presidente Ronald Reagan ordenara un embargo comercial en contra del régimen de Gaddafi.
Lo cierto es que la financiación de los atentados terroristas por parte de Libia fue un hecho constatado fehacientemente, e incluso Libia no ocultaba que sus Servicios de Inteligencia estaban involucrados.
Junto a ello, el mandatario norteamericano ordenó la realización de la operación “Mayor Libertad para la Navegación”, que contempló el envío de tres grupos de batalla de la Sexta flota a las cercanías del Golfo de Sidra, conformado por los portaviones USS Saratoga (CV-60), USS Coral Sea (CV-43) y el USS América (CV-66). El 7 de enero de 1986, Reagan aclaró que “si estos pasos no dan por terminado el terrorismo de Gaddafi, prometo que se tomarán pasos adicionales”.
Para fines de marzo de 1986, los tres grupos de batalla comenzaron una serie de maniobras en el Golfo de Sidra, al sur de la línea de la muerte implantada por Gaddafi en el paralelo 32º30’ latitud norte. El desafío hecho por Washington sería respondido por Trípoli. El 26 de marzo, durante vuelos de patrulla realizados por una pareja de F-14 en las cercanías de la costa de Libia, fueron lanzados seis misiles SA-5 en contra de las aeronaves, aunque sin consecuencias para los norteamericanos. Según Estados Unidos, los dos cazas navales volaban en el espacio aéreo internacional, por lo que decidió responder al ataque con la Operación “Fuego en la Pradera”.

Operación Fuego en la Pradera (“Prairie Fire”)

Con la comprobada participación Libia en los atentados en los aeropuertos de Roma y Viena, y la realización de las maniobras “Mayor Libertad de Navegación” por parte de la Sexta Flota, la tensión nuevamente comenzó a concentrarse en las relaciones entre Estados Unidos y Libia
Para ello se ordenó el despliegue de los portaviones CV-60 “Saratoga”, como buque insignia, el CV-43 “Coral Sea” y el CV-66 “América”, todos de propulsión convencional. Sin embargo, esta última nave sólo pudo llegar a la zona para marzo de 1986 acompañada del crucero BB-62 “Iowa”. Para esa fecha ya se habían producido cerca de 130 intercepciones aéreas sobre el Golfo de Sidra, sin que se repitieran los incidentes de cinco años antes.

Durante Prairie Fire, los aviones norteamericanos, provenienentes de los portaviones USS Saratoga, USS Coral Sea y USS América, destruyeron varias instalaciones de misiles antiaéreos y varias embarcaciones resultaron dañadas, entre ellas, esta corbeta de la clase “Nanuchka II”. (foto: Archivos Dintel GID)

Durante Prairie Fire, los aviones norteamericanos, provenienentes de los portaviones USS Saratoga, USS Coral Sea y USS América, destruyeron varias instalaciones de misiles antiaéreos y varias embarcaciones resultaron dañadas, entre ellas, esta corbeta de la clase “Nanuchka II”. (foto: Archivos Dintel GID)

No obstante, el 26 de marzo una pareja de F-14 que realizaban vuelos de patrullaje sobre la zona, fueron atacados sucesivamente con seis misiles SA-5 y varios SA-2 desde la costa libia. El primero de ellos fue lanzado cerca de las 14.00hrs locales, lo que determinó una dura respuesta de la Sexta Flota, que en todo caso, ya venía siendo planeada desde el otoño anterior. Cerca de las 19.00hrs, el Vicealmirante Frank B. Kelso, comandante de la VI Flota, ordena el despegue de dos A-6E “Intruder” del VA-34, son catapultados desde su portaviones armados con misiles antibuque AGM-84 “Harpoon” y bombas de racimo Mk.20 “Rockeye”; los cuales encontrando en su trayecto a una lancha misilera del tipo “Combattante II”, a la cual hundieron con uno de los misiles y un par de bombas de racimo.
Junto a los A-6E con Harpoon y bombas de racimo, fueron despachados varios A-7E “Corsair II” armados con misiles antirradar AGM-45 “Shrike”, y al menos dos aviones de guerra electrónica EA-6B “Prowler”, todos protegidos por patrullas CAP de F-14 “Tomcat”. Cerca de las 20.00 hrs., un grupo de cazas F-18 y F-14, se acercó a mediana altura y a gran velocidad a la zona de lanzamiento de los SA-5, siendo acompañados por varios A-7E armados con misiles antirradar. El grupo principal conformado por los F-18 y F-14, activó los radares del sistema SA-5, momento en que intervinieron los A-7E lanzando sus misiles sobre el sistema antiaéreo de origen soviético.
En tanto, en el mar cerca de las 22.00hrs., la corbeta “Ean Zaquit” (419), de la clase “Nanuchka II” soviética, y la misilera de la clase “Combattante II”, “Waheed” (526), fueron detectadas aproximándose al crucero CG-49 “Yorktown”, por lo que fueron despachados otros dos A-6E armados con Harpoon y bombas de racimo, que inutilizaron a la corbeta libia con un AGM-84; aunque finalmente ésta se salvaría de ser hundida al acercarse a un petrolero civil que se encontraba en las cercanías. En tanto, la misilera fue alcanzada por otro Harpoon lanzado desde el Yorktown siendo hundida rápidamente.
Durante la medianoche, varios lanzamientos de misiles antiaéreos se sucedieron desde baterías SA-5 y SA-2, disparados desde el Golfo de Sidra y Bengasi. En respuesta, varios A-7E atacaron con misiles antirradiación los sistemas antiaéreos, destruyendo varios radares; entre ellos a tres “Squaire Pairs” que sirven de guía al entonces sofisticado SA-5.
A la mañana siguiente, cerca de las 07.30hrs., continuarían los ataques norteamericanos, cuando una segunda corbeta de la clase “Nanuchka II”, la “Ean Eara” (416), fue atacada por una pareja de A-6E armados con bombas de racimo, quedando inmovilizada para luego ser hundida por un Harpoon lanzado por otro “Intruder”. Una hora más tarde se daría por finalizada la operación “Fuego en la Pradera”, con una corbeta gravemente dañada, otra hundida, y dos misileras clase “Combattante II” perdidas por parte de Libia, a los cuales se suman varios lanzadores y sus radares de adquisición de baterías SA-5 y SA-2. Por su parte, Estados Unidos no sufrió ninguna pérdida. Sin embargo, Gaddafi no aceptaría fácilmente esta humillante derrota, y muy pronto tomaría venganza.

La venganza de Gaddafi y el complejo juego de espionaje

Cazas navales A-6E se encargaron de llevar gran parte de las operaciones antisuperficie realizadas durante Prairie Fire, inutilizando o hundiendo al menos dos corbetas y dos misileras libias, aquí uno de los A-6E muestra el "kill mark" de una misilera. (foto: Archivos Dintel)

Cazas navales A-6E se encargaron de llevar gran parte de las operaciones antisuperficie realizadas durante Prairie Fire, inutilizando o hundiendo al menos dos corbetas y dos misileras libias, aquí uno de los A-6E muestra el “kill mark” de una misilera. (foto: Archivos Dintel)

Después de la operación “Fuego en la Pradera” los norteamericanos estaban concientes de que Libia iba a tomar represalias no convencionales. De esta manera, la NSA puso especial atención en la vigilancia sobre las acciones de Trípoli, lo cual dio sus primeros frutos cuando se interceptó un cable cifrado de los servicios de inteligencia libios a todas las embajadas de ese país en dónde se ordenaba el ataque a objetivos norteamericanos “ocasionando la máxima cantidad de bajas”. La interceptación del mensaje se logró el 25 de marzo, pero fue recién el 4 de abril cuando la NSA logró profundizar más sobre las intenciones de los libios, cuando el tráfico de señales entre la embajada de Libia en Berlín Oriental y Trípoli dejó saber que “el plan iba a ejecutarse pronto”. Estos hechos fueron paralelos al aumento de la tensión militar en el Golfo de Sidra el día 26 de marzo.
De inmediato, Washington reaccionó ordenando la cancelación de todos los permisos de los soldados norteamericanos en Berlín, a la vez que se ordenaba a la Policía Militar que procediera a evacuar a los que no habían logrado ser alertados. Pero no hubo tiempo, dos agentes libios y dos terroristas alemanes, incluyendo una mujer, pusieron una bomba en la discoteca “La Belle” de Berlín; donde miles de norteamericanos solían concurrir. El saldo del ataque terrorista fue la muerte de un soldado norteamericano y una mujer turca, además de 229 heridos, entre ellos, 78 militares norteamericanos. Poco después del ataque, el MI6 británico interceptó un mensaje enviado desde Berlín Oriental hacia Trípoli dando cuenta del éxito del ataque, mientras que la NSA interceptaba otro en donde Libia se felicitaba por el resultado de la misma. El día 6 de abril se produjo otro hecho alarmante, un mensaje interceptado por la NSA daba cuenta que Libia estaba alentando a continuar con la serie de ataques terroristas contra los intereses de USA en todo el mundo. Los análisis de inteligencia de este y otros mensajes interceptados lograron determinar que diez de esos ataques se producirían contra objetivos netamente militares. Ante esta situación, la NSA presenta la situación al presidente Reagan; dando pie, entonces, a la planificación de una nueva operación punitiva contra Libia.

La reacción norteamericana a los ataques

El 7 de abril, el presidente Reagan autorizó a la Junta de Jefes de Estado Mayor a planificar una operación militar para destruir gran parte de la infraestructura terrorista que Gaddafi había formado en Libia. El objetivo del ataque era vengar el atentado en Berlín, impedir futuras acciones terroristas y obligar al líder libio a cambiar su política exterior y su postura de apoyo a los grupos terroristas.

Para entonces el A-7E armado con misiles antiradar, se convirtió en uno de los principales aparatos de la US Navy, que lo utilizó como punta de lanza en los ataques a Benghazi. (foto: Archivos Dintel)

Para entonces el A-7E armado con misiles antiradar, se convirtió en uno de los principales aparatos de la US Navy, que lo utilizó como punta de lanza en los ataques a Benghazi. (foto: Archivos Dintel)

Los norteamericanos habían iniciado una serie de preparativos para un ataque contra Libia desde hacía muchos meses, sin embargo, la diplomacia norteamericana no había recibido el apoyo esperado por parte de los países europeos, cuyos intereses económicos con esa nación árabe eran muy fuertes. La planificación de las acciones había permitido la reacción que desencadenó la operación “Fuego en la Pradera” y era un hecho que la presencia de los Grupos de Batalla norteamericanos y los vuelos de inteligencia electrónica en el Mediterráneo estaban orientados a facilitar el lanzamiento de dicha acción de gran envergadura.
El general Bernard Rogers, comandante en jefe de las fuerzas norteamericanas en Europa, designó al vicealmirante Frank. B. Kelso como el oficial encargado de “coordinar los esfuerzos detallados de planificación conjunta y de armonización, de integrar otros medios de comando y llevar a cabo las operaciones”; cuyo nombre clave, en caso de ser autorizadas, sería la de “El Dorado Canyon” (“Cañón El Dorado”). Sin embargo las cosas no marchaban bien, después de la operación “Fuego en la Pradera” y el ataque terrorista en Berlín, la prensa internacional comenzó a hablar de una represalia a gran escala contra Libia, de hecho el publicitado cruce del Canal de Suez por parte del portaaviones CVN-65 “Enterprise” en esos días, primer buque de propulsión nuclear en cruzarlo, permitió que las sospechas de la opinión pública norteamericana y europea estuviesen muy bien fundamentadas. El 11 de abril los informes de Washington desaconsejaban la realización de la operación al haberse perdido el elemento sorpresa para un ataque.
Por otro lado, era necesario incrementar la actividad diplomática en busca del apoyo europeo para una operación. Poco se había logrado, aunque la Unión Europea logró iniciar una serie de medidas de presión contra Libia, aunque sin grandes resultados evidentes. De inmediato, el 12 de abril, el embajador norteamericano en la ONU, Vernon Walters, inició una gira relámpago en Europa para lograr un mayor respaldo europeo en contra de Gaddafi. Sin embargo las visitas a las distintas capitales europeas dejaron un sabor algo amargo Alemania no estaba de acuerdo con hacer caer toda la responsabilidad del terrorismo internacional a Libia; por su lado Francia, España e Italia también dieron rodeos a la hora de endurecer su postura.
La reunión en Gran Bretaña fue más alentadora, la primera ministra Margaret Thatcher ya había mostrado su interés en apoyar a los norteamericanos, toda vez que su gobierno dispuso de una mayor cantidad de información sobre el atentado en Berlín. De hecho, si bien la NSA había sido la principal responsable del monitoreo del tráfico de señales entre Trípoli y sus embajadas, fue la Oficina General de Comunicaciones del gobierno británico quién consiguió suficientes evidencias incriminatorias sobre el atentado de la discoteca “La Belle”. Con esta información y las anteriores solicitudes de apoyo realizada por los norteamericanos, incluso cuando la operación “Fuego en la Pradera”, Thatcher ahora tenía una visión mucho más completa de los acontecimientos y la reunión con Walters fue más provechosa.
El gobierno británico entendió que las bases norteamericanas en Gran Bretaña podrían ser blancos potenciales de los futuros atentados libios, por lo que, amparándose en el Artículo 51 de la Carta de la ONU, apeló a su derecho a defenderse contra ataques potenciales contra su territorio. Paralelamente autorizaba a Washington a emplear dichas bases aéreas para la operación y accedía a que un pequeño elemento británico participara de las operaciones, asumiendo que dichos elementos podrían tratarse los servicios de inteligencia. Una condición específica de la primera ministra fue el hecho de que los objetivos a atacarse deberían ser netamente relacionados con el terrorismo libio y que no se pondría en serio riesgo la vida de la población civil. Esta condición pesó aún más en la planificación de la operación, que si bien contemplaba el ataque quirúrgico, ahora debía minimizarse al máximo la posibilidad de daños colaterales.
Si bien la autorización oficial británica se autorizó el día 12 de abril, es más que claro que fue una mera formalidad; teniendo en cuenta que los norteamericanos comenzaron los movimientos militares el día 9 de noviembre, amén de que los cazas F-111F basados en Gran Bretaña habían sido previstos para ser utilizados contra Libia previo a la operación “Fuego en la Pradera”. Los movimientos militares fueron tan intensos que la prensa no quedó ajena a ellos, a lo cual los gobiernos de la CEE, reunidos en Bruselas, decidieron hacer un intento de evitar la acción militar norteamericana; aprobando una serie de sanciones contra Libia entre el 13 y 14 de abril. Pero fue demasiado tarde y demasiado poco, incluso es discutible que la Casa Blanca hubiese dado marcha atrás en sus planes de ataque si la postura europea fuese más dura; de hecho los aviones estuvieron en vuelo muy pocas horas después.

La operación “Cañón El Dorado” (“El Dorado Canyon”) en marcha

Cabina de un A-6E, que mostraba la moderna aviónica con la que contaba este aparato para 1986. (Foto: Archivos Dintel)

Cabina de un A-6E, que mostraba la moderna aviónica con la que contaba este aparato para 1986. (Foto: Archivos Dintel)

Para la operación “Cañón El Dorado”, los planificadores norteamericanos se toparon con una importante serie de obstáculos. Sin embargo, la parte más compleja venía dada por la selección de los objetivos que se incluirían en la lista del ataque y la forma en que estos serían empeñados por las fuerzas norteamericanas.
La premisa de Washington de que los ataques se concentrarían sobre objetivos puramente militares y asociados al terrorismo supuso pensar hasta el último detalle para evitar sufrir bajas propias, pero a eso se sumó el hecho de que el poco apoyo de la comunidad internacional no vería con buenos ojos un ataque contra Libia; lo que junto con la condición británica de atacar blancos solamente terroristas, hizo que la elaboración de la lista de blancos fuese un verdadero quebradero de cabezas.
La orden del ataque debía ejecutarse en el menor plazo posible, aún cuando el 11 de abril se desaconsejó el ataque al haber perdido la sorpresa táctica. Ante esta situación los choques en el gabinete presidencial de Reagan se hicieron frecuentes, el secretario de Defensa, Gaspar Weinberger, y el director de la CIA, William Casey, se enfrentaron en varias oportunidades. Casey pedía que el ataque se aplazara para poder alejar a los agentes de inteligencia libios y evitar que se filtrara información con respecto a la misión. Weinberger, por su parte, buscaba que el ataque se hiciera de forma casi inmediata para evitar que Gaddafi organizara mejor sus defensas ante la amenaza norteamericana.
Tras el análisis de decenas de objetivos se fueron descartando muchos blancos de particular importancia para el Pentágono, tales como la oficina del terrorista palestino Abu Nidal, responsable de los atentados de Roma y Viena, además de los cuarteles de los servicios de inteligencia libios, ya que estos estaban dentro de zonas urbanas y en las cercanías de varias embajadas. Por si esto fuera poco, los gobiernos español y francés se negaron a apoyar cualquier acción militar en contra de Libia y cerraron el espacio aéreo a cualquier avión norteamericano que lo surcara con ese fin. Los blancos finalmente seleccionados serían, entonces:

• Los cuarteles de Al’Aziziyah, principales centros de comando de la actividad militar de los libios, y desde donde se planificaban los ataques terroristas. También era utilizado como residencia del propio Gaddafi.
• Las instalaciones navales militares del puerto de Sidi Balal.
• El aeropuerto de Trípoli, cuyo sector militar era utilizado para brindar apoyo logístico a los grupos terroristas y revolucionarios en todo el Mundo, incluyendo a Centroamérica.
• El campamento de entrenamiento terrorista de Al Jamahuriyah, en las afueras de Bengasi.
• La base aérea de Benina, donde estaban basados varios escuadrones de cazas MiG-23MS/BN.

Imagen de un A-6E armado en una configuración poco habitual con cuatro misiles AGM-84 Harpoon. Aparatos similares actuaron durante Prairie Fire para hundir o inutilizar dos corbetas y dos misileras libias en una acción conjunta con el CG-49 USS “Yorktown”. (Foto: Archivos Dintel)

Imagen de un A-6E armado en una configuración poco habitual con cuatro misiles AGM-84 Harpoon. Aparatos similares actuaron durante Prairie Fire para hundir o inutilizar dos corbetas y dos misileras libias en una acción conjunta con el CG-49 USS “Yorktown”. (Foto: Archivos Dintel)

Los primeros tres objetivos serían atacados por la USAF, mientras que los otros dos objetivos serían atacados por la US Navy, que disponía de la VI Flota en el Mediterráneo; el problema de esta era que sólo disponía de dos portaaviones en la zona, el CV-43 “Coral Sea” y el CV-66 “America”, ya que el CV-60 “Saratoga” había retornado a USA al terminar su crucero, mientras que el CVN-65 “Enterprise” hizo un paso muy fugaz por el Mediterráneo y luego de realizar una misteriosa operación “desapareció en el Atlántico”, incluso el “Coral Sea” debió cancelar su retorno a puerto para hacer frente a la operación. Lo cierto es que la US Navy se encontraba con pocas capacidades para enfrentar un ataque nocturno, solo disponía de dos escuadrones de aviones de ataque A-6E “Intruder” aptos para la misión, mientras que los A-7E “Corsair II” y F-18A “Hornet” sólo podrían brindar funciones de apoyo a los ataques principales, no por ello su rol sería menos importante. Sin duda esta falta de capacidad de respuesta de la US Navy había sido la que motivó a los planificadores a realizar una acción conjunta con los F-111F de la USAF; los cuales ahora deberían realizar un vuelo de 11.000 km. luego de la negativa española y francesa a utilizar su espacio aéreo para el tránsito a sus objetivos.
Mientras los buques de la VI Flota, comandados por el vicealmirante Kelso, se ocultaban de la observación de los soviéticos y libios, la USAF comenzaba sus preparativos para el ataque, lo cual significó alistar todas sus aeronaves, incluyendo un refuerzo de aviones provisto por el USMC. Por su lado, el comandante de la Tercera Fuerza Aérea, el general de división Thomas G. McInerney, ordenó alistar en Gran Bretaña a los bombarderos F-111F y los aviones de guerra electrónica EF-111A “Raven”, a la vez que el destacamento normal de cisternas KC-135A y KC-135Q “Stratotaker” comenzaba, el día 12 de abril, a ser reforzado por hasta 25 de los más capaces KC-10A “Extender”. Desde el 9 de abril comenzaron las intensas misiones de inteligencia y reconocimiento estratégico destinados a actualizar los movimientos libios, que debían permanecer constantemente monitoreados. De esta manera, los aviones EC-135V y EC-135W de la 55th SRW comenzaron a realizar misiones desde Mildenhall, en Gran Bretaña, y desde Hellenikon, en Creta, con el apoyo de los EC-135C del 7th ACCS. Desde la base naval de Rota, en España, los norteamericanos intensificaron los vuelos ELINT utilizando los aviones EP-3A “Ares” y EA-3B “Skywarrior” del VQ-2 de la US Navy; actualizando el orden de batalla de los radares y sistemas electrónicos libios. El 4th Detachment de la 1st SRW utilizó dos SR-71 A “Blackbird” desde Mindelhall para los vuelos de reconocimiento fotográfico estratégico, así como al menos dos U-2R “Dragon Lady” en las mismas funciones, operando desde RAF Akrotiri, en Chipre.
El día 12 de abril los movimientos en las bases británicas era tan grande que podía observarse a simple vista. Ya desde el día anterior el incremento de los aviones de repostaje en vuelo había llamado la atención, en tanto que los trabajos de alistamiento de los F-111F y EF-111A motivó que los norteamericanos aseguraran que dicho despliegue correspondía a los ejercicios “Salty Nation” que se llevarían a cabo a la brevedad. De esta manera se logró justificar ante la prensa la febril actividad que estaba teniendo lugar en Mildenhall, Faiford, Lakenheath y Upper Heyford. La fecha y horario para la operación había sido ya seleccionado, el ataque debía producirse a las 0200 am, hora de Libia, 2100 horas en Gran Bretaña, del día 15 de abril de 1986.

El circo de la USAF está en marcha

El muy capaz avión cisterna KC-10A "Extender" sería la columna vertebral en la que se apoyaría el ataque norteamericano. Más de 25 ejemplares fueron movilizados para tal fin. (Foto: Archivos Dintel GID)

El muy capaz avión cisterna KC-10A “Extender” sería la columna vertebral en la que se apoyaría el ataque norteamericano. Más de 25 ejemplares fueron movilizados para tal fin. (Foto: Archivos Dintel GID)

Los preparativos de la USAF para el ataque eran los más complejos de todas las fuerzas implicadas. La necesidad de poner 18 bombarderos tácticos y cuatro aviones de guerra electrónica sobre el blanco supondrían un esfuerzo por demás considerable y eso quedó demostrado en la densa actividad que estaba teniendo lugar en las diversas bases británicas. En total se requerirían 24 bombarderos F-111F “Aadwaark”, seis de ellos como repuestos para la primera fase de la operación, todos pertenecientes a la 43th TFW (Tactical Fighter Wing) con base en RAF Lakenheath, y cinco aviones de guerra electrónica EF-111A “Raven” del 42th ECS (Electronic Combat Squadron) de la 66th ECW (Electronic Combat Wing), con base en Upper Heyford, dos de ellos como reserva, lo que denota su importancia.
Para que los bombarderos llegaran al blanco, y ante la negativa de España y Francia de volar sobre su espacio aéreo, era necesario hacer una gran cantidad de repostajes en vuelo, cuatro de ida y dos de vuelta. Es así que para el 13 y 14 de abril, las bases británicas de Lakenheath, Upper Heyford, Fairford y Mildenhall concentraron los más de treinta aviones cisternas necesarios para la misión, no menos de 27 KC-10 “Extender” y KC-135 “Stratotanker” habían sido asignados a esos roles; en tanto que otro KC-10A había sido configurado como puesto de comando volante, llevando en su interior al general de división David C. Forman, oficial de operaciones de la USAFE, y el coronel Sam Westbrook, comandante de la 48ª Escuadra Aérea Táctica, dicho aparato coordinó y acompañó el vuelo de los F-111F durante gran parte del trayecto. Finalmente la operación se pone en marcha a las 1713 hs. del 14 de abril, horario de Londres.
Mildenhall fue la primera en dejar partir sus aviones, cuando tomaron vuelo seis cisternas KC-135; seguidos, quince minutos después, por diez KC-10. A las 1810 horas despega un solitario KC-10 desde Faiford, presumiblemente el que servía de puesto de comando, mientras que más tarde se unirían cuatro KC-10 y dos KC-135, siendo completados por otros tres KC-10, presumiblemente para apoyar a los aviones de ataque en su viaje de vuelta; la mayoría operó desde Lakenheath, aunque algunos lo hicieron desde Upper Heyford y Faiford. Posterior al despegue de los aviones cisternas desde Lakenheath, a las 1836 horas, despegaron los 24 bombarderos F-111F e inmediatamente pusieron rumbo Sur para salir del territorio británico. A las 2055 los cinco aviones de guerra electrónica EF-111A ya estaban en el aire luego de despegar de Upper Heyford, la fuerza de ataque estaba ya en el aire. El primer tramo de vuelo pasó sin contratiempos y los aviones de ataque realizan su primer repostaje en vuelo al Norte del Cabo Finisterre, frente a las costas españolas, a las 1940 horas. Concluido éste, los seis F-111F de reserva reciben la orden de retornar a su base, lo mismo sucede con los dos EF-111A de repuesto; sin embargo uno recibe la orden de continuar con la operación como refuerzo. Ahora la fuerza de ataque estaba a pleno, con sus 18 bombarderos y cuatro aeronaves de protección electrónica. El segundo repostaje en vuelo se produjo al SO de las costas portuguesas, y previo al ingreso de la fuerza de ataque al Mediterráneo, donde realizarían el tercer repostaje, al Este de Gibraltar, que permitiría mantener la autonomía hasta llegar a su cuarto y último repostaje previo al ataque; el cual tuvo lugar al Este de las costas de Túnez.

Dos protagonistas de la operación "El Dorado Canyon", un bombardero táctico F-111F "Aadvark" (camuflado) y su derivado de guerra electrónica EF-111A "Raven" volando en formación. (Foto: Archivos Dintel GID)

Dos protagonistas de la operación “El Dorado Canyon”, un bombardero táctico F-111F “Aadvark” (camuflado) y su derivado de guerra electrónica EF-111A “Raven” volando en formación. (Foto: Archivos Dintel GID)

La selección de los bombarderos tácticos F-111F no había sido al azar, debido a que Washington había establecido que los ataques deberían ser quirúrgicos, minimizando las posibilidades de cometer algún error que produjera daños colaterales, se optó por utilizar una mayor cantidad de armas guiadas; lo cual sumado a que la precisión en la navegación e identificación de los blancos por cada avión debía ser positiva, dejó como única opción a esta aeronave. El sistema de navegación del F-111F era lo suficientemente preciso para asegurar la misión, a la vez que los blancos podrían ser detectados por su radar AN/APQ-130 a gran distancia, información que sería transmitida al sistema AN/AVQ-26 “Pave Tack”; el cual disponía de sistemas FLIR y de designación láser que no solo permitirían la identificación del blanco, sino asignarlos para las bombas guiadas por láser. La orden era taxativa, si no se identificaba el blanco al 100%, el ataque debía abortarse.
La actividad en los portaaviones parecía más sencilla, los dos grupos de batalla (CVG) podrían posicionarse a una distancia de seguridad que permitiese a sus aviones estar dentro de los rangos aceptables de autonomía y no deberían contar con la autorización de ninguna nación para volar sobre su espacio aéreo, ya que operarían desde aguas internacionales; sin embargo, había mayores requerimientos en cuanto a la cantidad de aeronaves a ser utilizadas. El despliegue de aviones tácticos de la US Navy era mucho mayor que el de la USAF, y los portaaviones estaban prácticamente al borde del colapso, por lo que requirieron ser reforzados por F/A-18A del USMC (2).
Se había determinado que el ataque principal sería llevado a cabo por los bombarderos tácticos A-6E “Intruder”, los cuales disponían de un soberbio sistema de navegación, en tanto que su radar de ataque AN/APQ-156 les permitiría detectar sus blancos con precisión, lo que posteriormente facilitaría el empleo del sistema AN/HSA-155 (TRAM); el cual permitiría la identificación visual del blanco bajo cualquier condición, e incluso para la designación de los mismos para el armamento guiado, aunque no llegarían a emplearlo.

Dentro de la gran cantidad de aviones de apoyo que la USAF desplegó para la operación se encontraba un puñado de sus aviones de alerta temprana E-3 “Sentry” basados en Europa para controlar el espacio aéreo libio. Esta acción aérea sería una muestra de lo complejo de las operaciones militares modernas, donde la fuerza de aviones de combate era una fracción del total de aeronaves participantes de la misma. (Foto: USAF)

Dentro de la gran cantidad de aviones de apoyo que la USAF desplegó para la operación se encontraba un puñado de sus aviones de alerta temprana E-3 “Sentry” basados en Europa para controlar el espacio aéreo libio. Esta acción aérea sería una muestra de lo complejo de las operaciones militares modernas, donde la fuerza de aviones de combate era una fracción del total de aeronaves participantes de la misma. (Foto: USAF)

También hubo otra situación a tener en cuenta, era necesario anular las defensas antiaéreas libias antes de que la fuerza principal, los F-111F y A-6E, realizaran su ataque, lo cual motivó alistar a los aviones A-7E “Corsair II” y F/A-18A “Hornet” para realizar una operación paralela de supresión de defensas antiaéreas; para lo cual estarían armados con misiles antirradar AGM-45 “Shrike”, los primeros, y AGM-88 HARM, ambos modelos. Para ello se ampararían en la protección electrónica de los aviones EF-111A de la USAF y los EA-6B “Prowler” embarcados. Finalmente, la USN debía ser la encargada de proveer la protección aérea de la fuerza de ataque, lo que significaría desplegar cazas F-14A “Tomcat” y F/A-18A “Hornet” para realizar patrullas de combate aéreo si los libios decidían responder con su fuerza de interceptores.
Poco antes del atardecer, la USN se pone en marcha, el CVG del portaaviones CV-43 “Coral Sea” inicia su tránsito a toda velocidad desde el Estrecho de Mesina hacia la estación de operaciones, tras haberse mantenido oculto a los medios de reconocimiento y vigilancia soviéticos. Paralelamente, el CVG del portaaviones CV-66 “America” giró la costa poniente de Sicilia y pasó al Sur de Malta; logrando eludir a la activa vigilancia de los buques SIGINT soviéticos desplegados en la zona.
Cerca de las 2220 horas de Libia, los portaaviones comenzaron el lanzamiento de sus aeronaves luego de ponerse con viento a favor. Los primeros en despegar fueron tres aviones de alerta temprana E-2C “Hawkeye” y seis interceptores F-14A “Tomcat” del VF-111, los cuales se ubicarían frente a Trípoli y fueron seguidos por otros dos F-14A y dos EA-6B “Prowler”, cerca de las 2235 hs., que se situarían frente a Bengasi.
Entre las 2245 y 2315 horas fueron alistados un total de 18 cazas F/A-18A de los VFA-131 y VFA-132, así como de los VMFA-323 y VMFA-351 del USMC, todos armados con misiles AGM-88 HARM y destinados a la supresión de defensas antiaéreas, los cuales operaban desde el CV-43 “Coral Sea”. Fueron seguidos por ocho A-6E pertenecientes al VA-55 y un EA-6B que le serviría de escolta. Por su lado, y en simultáneo, el CV-66 “America” lanzó seis A-7E “Corsair II” de los VA-46 y VA-72, armados con misiles AGM-45 “Shrike” y, algunos, con AGM-88A, junto con un EA-6B, ocho F-14A y seis de los siete A-6E originalmente previsto, ya que el séptimo presentó fallos en su electrónica antes de despegar y debió abortar la misión. Con la flotilla aeronaval en el aire, la operación estaba pronta a iniciarse.

La situación en la zona

Las operaciones aéreas modernas exigen un gran empleo de aeronaves de apoyo de todo tipo, es así que frente a las costas libias hubo un intenso movimiento de aeronaves que no participarían de los ataques pero que serían fundamentales para el éxito de los mismos. La USAF desplegó sus elementos de apoyo horas antes de iniciarse la operación; así, un avión de alerta temprana y control aerotransportado E-3A “Sentry”, del 960th AWCS (Air Warning & Control Squadron) de la 552nd AWCW (AWC Wing) se encargaría de controlar todas las operaciones aéreas sobre el teatro de operaciones, ubicándose a unas 300 millas de la costa. Asimismo, un avión SIGINT RC-135E, de los desplegados previamente en el Mediterráneo, se encargaba de monitorear las comunicaciones de radio libias; ubicándose a poco menos de 200 millas de la costa.

La USN desplegó sus EP-3 "Aries" para reforzar los medios de vigilancia electrónica antes, durante y después de los ataques contra objetivos en Libia. (vía Aces Flying High)

La USN desplegó sus EP-3 “Aries” para reforzar los medios de vigilancia electrónica antes, durante y después de los ataques contra objetivos en Libia. (vía Aces Flying High)

Si bien se reconoce que no hubo una extensa coordinación con el ataque de la USN, se sabe que un puesto de comando volante EC-135E del 7th ACCS (Air Command & Control Squadron), el cual muy probablemente hacía de repetidor de transmisiones, el cual también operaba a unas 300 millas de la costa. La USN había desplegado al menos un EP-3A “Aries” para realizar misiones ELINT a unas 150 millas frente a Bengasi, presumiblemente para coordinar los ataques e interferencia a los sistemas antiaéreos lanzados por las unidades de los portaaviones.
Este dispositivo de inteligencia fue complementado por el paraguas de defensa aérea, tendido por los dos portaaviones. Así, dos E-2C “Hawkeye”, lanzados previamente, coordinarían las acciones de defensa aérea sobre Trípoli y Bengasi; mientras que uno más realizaría el control de las operaciones de ataque aeronaval sobre esta última ciudad. Un total de 16 F-14A “Tomcat” realizarían las misiones de cobertura aérea ante cualquier amenaza aérea libia, en tanto que otros aviones F-14A y F/A-18A quedarían en alerta sobre los portaaviones en caso de que la situación se complicara.
Ya controlando el espectro electromagnético y vigilando el espacio aéreo libio, los norteamericanos estaban listos para que las aeronaves de ataque iniciaran sus operaciones.

Se inician los ataques de la US Navy

Poco antes de la hora prevista para que la fuerza de F-111F y A-6E realizara los ataques a sus objetivos principales, y con los aviones de escolta electrónica produciendo toda la interferencia posible, los A-7E y F/A-18A realizaron sus ataques de supresión de defensas antiaéreas. No sólo se encargarían de anular los radares y sistemas antiaéreos, sino que también asegurarían los corredores de ataque, principalmente para los A-6E. Estos ataques atraerían la atención de las fuerzas libias, facilitando la tarea a los F-111F que atacarían Trípoli; los cuales, a su vez, estarían protegidos electrónicamente por los EF-111A. Fue cerca de las 2345 horas que se iniciaron los ataques contra Bengasi a cargo de los A-7E, los cuales llegaron a muy baja altura para luego trepar hasta los 100 metros, activando, entonces, a las defensas libias.

Los A-7E "Corsair II" de la USN, junto con un cierto número de cazabombarderos F/A18 "Hornet", se encargarían de suprimir las defensas antiaéreas y atraer la atención de las defensas libias para facilitar el ingreso de las fuerzas de ataque principales. (Foto: Archivos Dintel GID)

Los A-7E “Corsair II” de la USN, junto con un cierto número de cazabombarderos F/A18 “Hornet”, se encargarían de suprimir las defensas antiaéreas y atraer la atención de las defensas libias para facilitar el ingreso de las fuerzas de ataque principales. (Foto: Archivos Dintel GID)

Tan pronto como se detectaron los primeros enganches por parte de los sistemas electrónicos, los A-7E iniciaron el lanzamiento de sus misiles AGM-45; poco después continuaron la acción los F/A-18A utilizando sus AGM-88, la acción fue realmente intensa, entre las 2345 y las 2348 horas se reportó el lanzamiento de no menos de 30 misiles antirradar contra las defensas libias. En tanto que el RC-135E que se encontraba monitoreando las comunicaciones libias pudo interceptar las transmisiones desde las instalaciones antiaéreas en Benina con sus superiores, reportando que, inicialmente, el radar no funcionaba, para después confirmar que estaba fuera de servicio. Los comandantes de los interceptores MiG-23 se negaron a responder ante el ataque, las acaloradas discusiones entre superiores y subordinados quedaron registradas en el avión de vigilancia norteamericano, a la par que el EP-3E corroboraba que la actividad electrónica había mermado considerablemente. Aún así, los informes posteriores al ataque reconocieron que fueron recibidos por un denso fuego antiaéreo, incluyendo el empleo de todo tipo de SAM, aunque sin resultados.
Exactamente a las 0001 horas, los A-6E del VA-55 cruzan la costa de Libia y de inmediato comenzaron a realizar la navegación de ataque, durante la cual eran escoltados por los EA-6B para su protección electrónica. De los ocho aviones de ataque, dos presentaron fallos en sus sistemas electrónicos y debieron abortar el ataque; en tanto que los seis restantes continuaron la misión. Una vez localizada e identificada la base aérea de Benina, procedieron al ataque. Los A-6E asignados a este objetivo llevaban una combinación de bombas de racimo CBU-59, principalmente, y las frenadas Mk.82, lo cual permitió la destrucción de cuatro MiG-23 “Flogger”, posiblemente un quinto, así como dos Fokker F-27 y dos helicópteros Mi-8 “Hip”; además de causar graves daños en no menos de doce MiG-23 y un Mi-8 adicional. Las instalaciones administrativas y hangares de la base habían sido gravemente dañadas, mientras que las pistas y plataformas habían quedado completamente fuera de servicio. El segundo grupo de ataque naval se componía de seis A-6E “Intruder”, armados con bombas Mk.82 y Mk.83, más un EA-6B “Prowler”, y tenía como blanco los cuarteles y barracas de Al-Jamahuriyah en las afueras de Bengasi. Todos los aparatos lograron lanzar el ataque con una gran precisión; lo cual causó la destrucción de gran parte de las instalaciones del mismo, principalmente las construcciones mayores. Ambos ataques se realizaron con el lanzamiento de las armas a unos 450 Km./h y a una altura de 60 metros, habiendo sido recibidos por un muy intenso, aunque ineficiente, fuego antiaéreo de todo tipo. Se estima que los ataques causaron unos 80 muertos a los libios, con un gravísimo daño material. Todos los aviones navales salieron indemnes al ataque, saliendo de la zona de ataque a las 0013 horas y a las 0158 horas todos los aviones estaban en el portaaviones.

La USAF entra en escena

Tan pronto como el último de los aviones navales hubo aterrizado en los portaaviones, los F-111F de la USAF ingresaban al espacio aéreo libio. Estaban formados en seis secciones de tres aparatos cada una, las cuales tenían los nombres códigos de “Remit”, “Elton”, “Karma”, “Jewel”, “Puffy” y “Lujac”; pero durante el largo vuelo las tripulaciones habían saltado el procedimiento de revisar sus sistemas de ataque, lo cual realizaron en el último trayecto hacia el blanco, sólo para que dos aviones debieran abortar el ataque debido a desperfectos en los mismos. Ahora los aviones volaban a unos 60 metros de altura y a unos 600 Km./h, siendo escoltados por un avión de guerra electrónica EF-111A, los que habían comenzado a perturbar los radares libios a las 0150 horas, aproximadamente.

Uno de los F-111F que participaría del ataque contra Libia en los momentos previos a su despegue. El avión está armado con cuatro bombas GBU-10 “Paveway II” de 900 kg. guiadas por láser y la barquilla de designación de blancos AN/AVQ-26 “Pave Tack”. (Foto: USAF)

Uno de los F-111F que participaría del ataque contra Libia en los momentos previos a su despegue. El avión está armado con cuatro bombas GBU-10 “Paveway II” de 900 kg. guiadas por láser y la barquilla de designación de blancos AN/AVQ-26 “Pave Tack”. (Foto: USAF)

Poco después de las 0200 horas, los 16 bombarderos cruzaron la línea costera, manteniendo la altitud aceleraron hasta alcanzar los 800 Km./h y la formación se dividió en tres paquetes de ataque. Cuando iniciaban la navegación final hacia sus blancos, tres aviones reportaron problemas en sus radares AN/APQ-130 y sistemas asociados, abortando el ataque y dejando muy mermada a la fuerza incursora. Con los aviones detectados por los libios, con una alerta previa debido a los ataques en Bengasi; el ataque tomó a los libios desprevenidos, Trípoli estaba completamente iluminada y los pilotos llegaron a reportar vehículos moviéndose por las calles.
El primer objetivo en ser atacado eran las barracas y cuarteles de Al’Aziziyah, de ello se encargarían nueve aviones de las secciones “Remit”, “Elton” y “Karma”, cada uno armado con cuatro bombas GBU-10 “Paveway II” de 900 kg. guiadas por láser; las cuales serían lanzadas a una velocidad de 834 Km./h y a una altura de de 150 m.
El primer avión en atacar, “Remit 31”, adquirió el blanco de forma positiva y lanzó sus cuatro bombas, las cuales impactaron al frente de la residencia de Gaddafi, destruyendo gran parte de la misma. El segundo avión, “Remit 32” reportó que no podía identificar el blanco y tenía problemas en sus sistemas, lo que le obligó a abortar el ataque segundos antes del lanzamiento de las armas, mientras que “Remit 33” apuntó efectivamente sus armas y logró cuatro impactos directos sobre el objetivo, provocando la destrucción del resto de la residencia de Gaddafi, incluyendo su tienda ceremonial; ambos no eran objetivos previstos en el ataque, pero fueron fundamentales. El análisis de video del sistema AN/AVQ-26 “Pave Tack” de este avión, tras el aterrizaje, permitió observar los disparos de dos SAM contra la formación.
La segunda sección en atacar era “Karma”, con otros tres aviones y el mismo objetivo. Para entonces, el objetivo había sido ya batido y había demasiados aparatos para atacarlo entonces. El líder de la formación, “Karma 51” confundió su blanco y designó su objetivo a unos 2.700 metros de lo previsto, lo que produjo que sus bombas causaran daños materiales en las embajadas de Austria, Francia, Irán y Suiza, además de la zona residencial. Lo que sucedió con “Karma 52” fue un misterio, supuestamente lanzó sus bombas con precisión y emprendió el camino de retorno con los otros aviones por un trecho de 30 Km. como mínimo; para entonces, “Karma 53” y la sección “Elton” habían abortado el ataque tras considerarse innecesario. Sin embargo, poco después, algunos tripulantes de la formación y dos tripulaciones de F-14A “Tomcat” que servirían de cobertura aérea, informaron que vieron una bola de fuego sobre el mar. Al parecer esta bola de fuego era “Karma 52”, piloteado por los capitanes Fernando Ribas-Dominici (piloto) y Paul Lorence (operador de sistemas), que murieron en la acción. Se dice que el avión fue alcanzado por un misil SA-5 “Gammon”, otras fuentes aseguran que fue gravemente dañado por fuego de artillería antiaérea, mientras que incluso se llegó a decir que podría haber sido derribado erróneamente por uno de los F-14A de escolta. Luego de que los libios retornaran el cuerpo de Ribas-Dominici años después, la autopsia reveló que había muerto ahogado, presumiblemente dentro de la cápsula de eyección (4).
El segundo objetivo eran las instalaciones navales de Sidi Balal, donde se encontraba un campo de entrenamiento terrorista palestino y una academia naval en construcción. Este objetivo sería atacado por la sección “Jewel”, la cual disponía de solo dos aviones, los cuales fueron recibidos por un ligero fuego antiaéreo; sin embargo permitió identificar los blancos de manera positiva y lanzar sus bombas con total éxito, causando graves daños a la zona de entrenamiento. El ataque habría sido mucho más eficiente si a este objetivo se le hubiesen asignado más aviones, según se reclamó tras el ataque.
Finalmente quedó el ataque contra el aeropuerto de Trípoli, donde se preveía el empleo de seis aviones, pero los problemas electrónicos y la negativa de atacar si el objetivo no era identificado positivamente por todos los sensores de cada avión, dejó a los incursores con sólo dos aeronaves, una de la sección “Puffy” y otra de la sección “Lujac”, cada uno armado con doce bombas frenadas Mk.82 “Snakeye” de 500 libras. El ataque se produjo según lo planeado y luego de identificar positivamente el blanco, aunque sólo un aparato realizó un ataque realmente exitoso, cuando sus bombas impactaron sobre la plataforma; destruyendo tres transportes Il-76 “Candid”, un G-222, así como un Boeing 727, además de causar daños a otros dos Il-76.

Una de las primeras acciones de la Operación Cañón El Dorado, afectó al aeropuerto de Benina, atacado para prevenir posibles represalias de MiG-23 (Foto: vía FAS.org)

Una de las primeras acciones de la Operación Cañón El Dorado, afectó al aeropuerto de Benina, atacado para prevenir posibles represalias de MiG-23 (Foto: vía FAS.org)

El ataque de la USAF concluyó unos 13 minutos después de iniciado, siendo el momento en que todos los aviones sobrevivientes radiaron la clave “Tranquil Tiger”, lo que significaba que el blanco había sido alcanzado, para luego radiar la clave “Feet Wet”, que significaba que estaban sobre el mar y de vuelta a casa. Es entonces cuando se percatan de la baja del “Karma 52”, el cual había sido derribado segundos antes.
Durante el trayecto de vuelta, uno de los F-111F reportó un sobrecalentamiento en sus motores y debió aterrizar de emergencia en la base de Rota, España, donde permaneció por dos horas antes de partir nuevamente hacia su base. A las 0810 horas del 15 de abril, el último de los F-111F aterrizó en Gran Bretaña, tras 14 horas y 57 minutos de vuelo. Dos horas después lo hacían los últimos aviones de la USAF asignados a esta operación.
A las 2100 horas de Washington, las 0500 horas en Libia, el presidente Reagan informaba por televisión los resultados del ataque aéreo de represalia contra el régimen libio: “Hicimos lo que teníamos que hacer, y de ser necesario lo haremos de nuevo”, aduciendo que esperaba que el ataque “redujera la capacidad del coronel Gaddafi para exportar terrorismo”, siendo lo más destacado de la alocución del mandatario norteamericano.
Mientras el humo de los ataques se estaba disipando, la USAF lanzó una campaña de reconocimiento estratégico sobre Libia para evaluar los efectos de los ataques sobre los diversos blancos. Es así que se preparó el empleo de dos SR-71A del 4th Detachment/1th SRW, los cuales por primera vez realizarían una operación por parejas. Esto supuso alistar tres KC-135Q y dos KC-10A para suministrar combustible en vuelo a dichos aparatos. Los aparatos despegaron poco menos de tres horas antes del arribo de los primeros F-111F que habían realizado el ataque, realizaron el vuelo de crucero y sobrevolaron Trípoli y Bengasi; lo cual fue reportado por los libios como los tercer y cuarto ataques del día. Poco se sabe de las operaciones CSAR realizadas por helicópteros norteamericanos en aguas territoriales libias en busca de los capitanes Ribas-Dominici y Lorence, derribados durante el ataque, y que se sabe que incluyeron la escolta de F-14A “Tomcat” y F/A-18A “Hornet”.
La primera misión de evaluación tuvo un éxito relativo, en tanto que las misiones planificadas para el 16 y 17 de abril debieron ser anuladas por las condiciones meteorológicas. Finalmente, cuando se logró obtener más información fotográfica, a partir del 18 de abril, la mayoría de los daños había sido disimulado o reparado, aunque las fuentes oficiales norteamericanas pudieron demostrar la destrucción de tres Il-76 “Candid”, un Boeing 727 y un G-222 en Trípoli, además de daños a otros dos Il-76. En el ataque a la base militar de Benina, los norteamericanos reconocieron la destrucción de cuatro MiG-23 “Flogger”, dos transportes Fokker F-27 y dos helicópteros Mi-8 “Hip”, además de daños a otros doce MiG-23 y varios helicópteros Mi-8 más.

Conclusiones

Secuencia de imágenes captadas por el sistema "Pave Tack" de uno de los F-111F, mientras atacaba a varios IL-76 libios estacionados en el aeropuerto de Tripoli. Los puntos negros de la última foto, corresponden a bombas Mk82 "Snakeye" de 500 libras. (Foto: Archivos Dintel)

Secuencia de imágenes captadas por el sistema “Pave Tack” de uno de los F-111F, mientras atacaba a varios IL-76 libios estacionados en el aeropuerto de Tripoli. Los puntos negros de la última foto, corresponden a bombas Mk82 “Snakeye” de 500 libras. (Foto: Archivos Dintel)

Los nexos terroristas entre Libia y diversos grupos armados del mundo, aumentó significativamente desde fines de los años ’70, cuando el Panarabismo buscado por Gaddafi por la vía política y luego por la militar, no daban buenos resultados.
Prueba de ello es el fracaso del líder libio en sus incursiones militares en Túnez, Chad, Somalia, Egipto y Uganda. Tras estos fracasos, Gaddafi vio en los grupos terroristas, principalmente palestinos, una alternativa valida para lograr aislar a Israel de sus aliados occidentales, en especial Estados Unidos.
Aún así, las relaciones comerciales entre Gaddafi y Occidente eran fluidas. Las razones estaban en las grandes y vitales exportaciones de petróleo de Libia que mantenían en movimiento las economías capitalistas lideradas por Washington. En esos momentos, los atentados propiciados por Libia en África, Europa y Medio Oriente, se manejaron siempre en el nivel diplomático y militar; con aplicaciones de embargos momentáneos para un país cuyo principal suministrador bélico era la URSS.
Directamente, las aprensiones norteamericanas sobre el régimen de Gaddafi se restringían a su papel de Estado aliado del Pacto de Varsovia, y en ese contexto su influencia sobre el norte de África, se convertiría en una amenaza para los intereses estadounidenses en la región, que veían como países de la zona pasaban a la órbita comunista en un área altamente sensible por su importancia geopolítica para la estabilidad de Washington.
Es en esa coyuntura, y excusado en el atentado que costó la vida a dos militares norteamericanos en Berlín occidental, que Reagan decide enviar tan sólo un mensaje de advertencia para el coronel Gaddafi. De hecho, este es el punto más criticado de la operación autorizada por el mandatario; puesto que la acción militar nunca tuvo un objetivo político claro, y se pareció desde un principio más un ataque de represalia motivado por la personalidad de Reagan, que a una maniobra militar, económica y política, destinada a aislar definitivamente a Libia en el concierto internacional o deshabilitar con éxito la infraestructura de apoyo terrorista.
No por nada los atentados relacionados con Trípoli continuaron durante los años posteriores, y el objetivo de la Casa Blanca se vio en entredicho cuando al menos seis acciones terroristas fueron realizadas entre 1987 y 1988; entre ellos el derribo del Vuelo 103 de Pan Am sobre Lockerbie, Escocia en 1988, y el vuelo 772 de UTA sobre Chad en 1989, así como la muerte de un funcionario de la embajada en Jartum, Sudán, asesinado por un disparo en la cabeza al día siguiente del ataque. Más aún, tres días después de Cañón del Dorado, aparecieron tres ciudadanos británicos muertos en la montaña de Beirut; asesinados por terroristas palestinos en represalia por el ataque a Trípoli y Bengasi.
La operación “El Dorado Canyon” fue un laboratorio de la hoy publicitada “guerra contra el terrorismo”, donde poco se aprendió de aquella experiencia de que el poderío militar poco puede hacer para contener un fenómeno ideológico que requiere unas contramedidas mucho más serias e inteligentes que simples bombardeos aéreos u operaciones militares de gran envergadura.
En el plano diplomático, la acción militar tuvo un alto costo para Estados Unidos, principalmente en su relación con la URSS y algunos miembros de la Comunidad Europea. En Moscú, tras el ataque, anunciaron la imposibilidad de la asistencia del Ministro de Exteriores soviético, Edward Shevardnadze, a su cita con el Secretario de Estado norteamericano George Shultz, programada para afinar los últimos detalles de la reunión entre Ronald Reagan y Mikhail Gorbachov.
Asimismo, las relaciones entre Estados Unidos y Francia, Alemania y España, se enfriaron luego de la negativa de Madrid y París a permitir el vuelo de los F-111F sobre su espacio aéreo, y con Bonn por no apoyar la postura norteamericana en el Consejo europeo.

Referencias

  1. Libia invadió por segunda oportunidad el norte de su vecino del sur, Chad, en junio de 1983. Esta intervención provocó enfrentamientos directos entre Estados Unidos y Francia en contra de Libia.
  2. El USS Coral Sea, recibió a modo de préstamo para esta misión a dos escuadrones de F/A-18 de los marines
  3. Esta hipótesis es negada por Estados Unidos, que aduce que la perdida del aparato y sus dos tripulantes, se debió a un desperfecto mecánico de la aeronave
  4. Los F-111 no disponen de asientos de eyección, sino que toda la cabina se transforma en una cápsula que se desprende del fuselaje y cae a tierra tendida de paracaídas.

Fuentes
El artículo fue realizado sobre la base de la investigación realizada por Luis Finschi y Marcelo J. Rivera, utilizando las fuentes que se mencionarán a continuación. Prohibida su reproducción total o parcial sin la autorización y mención de los autores y la totalidad de las fuentes incluidas a continuación:

  • Revista Fuerza Aérea de Chile, Nº 149, 178 y 179
  • “Ataque Norteamericano de Represalia”. Lecturas Selectas, Academia de Guerra Aérea, Fuerza Aérea de Chile. Septiembre, 1998
  • “Bienvenida a la Operación Cañón del Dorado”. Lección 6, lectura I, Fundamentos de la Guerra Operacional. Departamento de Operaciones Combinadas y conjuntas de Estados Unidos. 1998
  • www.acig.org
  • Aviation week. Abril, 1986
  • Aviones de Guerra, Nº 59, septiembre 1988
  • www.bbc.co.uk
  • www.repubblica.it
  • http://daubau.it/enciclopedia/1985

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